Al igual que el reverendo Dixon, Griffith era hijo de un coronel sudista
arruinado por la guerra civil. Entre sus confusos principios de autodidacta
se hallaba profundamente arraigado, desde los lejanos días de
su infancia, el desprecio hacia la raza negra.
Dicho
film representó el nacimiento del arte cinematográfico,
debido a que, jamás el cine había abordado una narración
tan larga y compleja. Desde el punto de vista técnico, marcó
una fecha decisiva en la evolución del arte cinematográfico.
La versión final de la película constó de doce
rollos, con un total de 1,375 planos, que hacían progresar la
narración, y gracias a una ágil utilización del
montaje (edición), los planos generales se combinaron con los
planos próximos: medios y primeros planos.
El
éxito comercial que obtuvo dicha cinta, en gran medida, se debió
la polémica y el escándalo que suscitó. Antes de
que se estrenara, el presidente Wilson la hizo proyectar en la casa
blanca, pero ante la proximidad de las elecciones, y deseoso de ganarse
los votos del sur, no hizo nada para impedir su difusión. El
estreno tuvo lugar en los Angeles, bajo la protección de la policía.
Los medios liberales e intelectuales del país criticaron abiertamente
aquella película que mostraba a los negros como seres villanescos
o degenerados (y los pocos negros "buenos" que aparecían
como esclavos, inevitablemente, tontos).
Los
incidentes no tardaron en estallar: en mayo de 1915 la policía
de Boston se enfrentó en las calles con la multitud, durante
un día y una noche, produciéndose numerosas víctimas;
violentas manifestaciones contra el filme tuvieron lugar en Nueva York
y Chicago.