Contenido: Carlos Bautista
 
 
 


Uno de los más grandes directores de todos los tiempos, e importante precursor arte cinematográfico, es sin duda David Wark Griffith. Nació el 22 de enero de 1874 en Kentucky, Estados Unidos. Los primeros años de su vida, estuvieron marcados por los restos de un pasado victorioso, tradiciones, y la ruina física y moral de su familia, originada, entre otras circunstancias, cuando su padre, Jacob Wark Griffith, se estuvo en las filas del ejército norteamericano durante la guerra contra México, y en la Guerra de Secesión (1861), y al resultar herido en batalla, se vio en la necesidad de regresar al hogar, y enfrentarse a la miseria arrastrada por cinco años de guerra.

A lo largo de su vida, David W. Griffith desempeñó diversas ocupaciones, entre las que se conocen, fue elevadorista, vendedor de libros, y escritor de poemas, pequeñas obras de teatro, entrevistas y artículos periodísticos, que publicó en el Louisville Courier Journal.

 

Con el tiempo, sus aspiraciones artísticas lo llevaron a tomar clases de canto y formar una compañía de teatro, con la que representó obras de su autoría. Tiempo después, resuelto a seguir en camino del arte, y a pesar de la desaprobación de su madre, ingresó como actor en la compañía teatral Meffer Stock, interpretando pequeños papeles en el Theatre de Louisville, y utilizando el seudónimo de Lawrence Griffith (con dicha compañía recorrió la unión americana, durante diez años).

En 1903, el cine norteamericano era una floreciente industria. Para aquel tiempo, Edwin S. Porter, quien inició el género del western con su película El gran robo del tren (The great train robbery), era considerado como el principal realizador de la época; razón por la cual, Griffith decidió visitarlo para ofrecerle nuevos argumentos, y pese a que en el primer acercamiento fue rechazado, pronto consiguió un empleo como actor en el siguiente film de Porter. Su aparición, todavía utilizando su seudónimo, consistió en hacer, en una escena, el rescate de un niño de las garras de un águila.

Ya en 1908, Griffith llegó a los estudios Biograph, en Nueva York, en un momento en el que la compañía carecía de un realizador que ocupara el lugar dejado por Mc Cutcheon. Dicha vacante le fue ofrecida por cincuenta dólares semanales, más porcentaje de ganancias, si su desempeño era satisfactorio; esto constituyó su debut como realizador, en un tiempo en que la Biograph producía una o dos películas por semana.

En tanto, Porter experimentaba en un intento de renovación, sin embargo sus cintas eran acartonadas y excesivamente teatrales; la cámara permanecía estática, y los actores debían moverse en forma horizontal frente a ella, y las escenas empezaban con una entrada y terminaban, indistintamente, con una salida. En cambio, Griffith recurrió a temas increíblemente variados: retomando a escritores como: Alfred Lord Tennyson, Leon Tolstoi, Guy de Maupassant, y Edgar Allan Poe. En los años que estuvo en la Biograph, su mayor logro fue el asimilar los experimentos de otras escuelas y realizadores, y lograr sintetizarlos en un sistema dramático de montaje.

Mientras exploraba el lenguaje del cine, también descubrió a muchas estrellas de la naciente industria fílmica norteamericana, entre las que se encuentran: las hermanas Lillian y Dorothy Gish, Mae Marsh, Blanche Sweet, Michael Sinnott, (cómico canadiense imitador de Max Linder, mejor conocido como Mack Sennett), y muchos más. Pero su descubrimiento más importante, fue una niña de bucles dorados, ojos azules y rostro aniñado, que debutó bajo sus órdenes a los 16 años, en The violin maker of Cremona (1909); su nombre era Giadys Mary Smith, y fue conocida artísticamente como Mary Pickford, quien pronto se convertiría en la novia de América; una niña adorable que escondía a la astuta mujer de negocios que sería años después.