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GEORGES
MÉLIÈS
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Uno de los asistentes a la histórica proyección del 28 de
diciembre fue Georges Méliès, prestidigitador experimentado
y director del teatro de ilusionismo Robert Houdin. Méliès
quedó impresionado con el invento. Una anécdota famosa cuenta
que trató de comprar el cinematógrafo de los Lumière;
pero fue un intento fallido, pues el padre de éstos no accedió
a venderlo argumentando que "el aparato podría ser explotado
durante algún tiempo como curiosidad científica, pero no
tenía ningún porvenir comercial".
El
tiempo demostró lo equivocado de sus palabras: hacia 1896 la
gente comenzaba a aburrirse de las mismas proyecciones. Fue entonces
cuando con su ingenio, trucos de magia, prestidigitación y escenografías
teatrales, Georges Méliès convirtió al cine en
espectáculo. Aunque no fue el primero en hacer películas
de ficción, históricamente se le reconoce como el padre
del espectáculo cinematográfico y de la ficción
fílmica. Méliès explotó las cualidades narrativas
de este medio, demostrando así que podía recrear y hasta
inventar la realidad.
Al
llevar el teatro al cine, Méliès logró imprimir
a sus películas un toque único: ya no eran simples retratos
de la realidad sino narraciones de historias. Para la realización
de sus cintas, Méliès construyó su propio estudio
en su finca de Montreuil, a las puertas de París: era un lugar
único con techo y paredes de cristal (no usaba luz artificial).
De sus películas se recuerda especialmente Le voyage dans
la Lune (El viaje a la Luna), filmada en 1902, en la que
experimentó y perfeccionó el uso de trucos con la cámara
para hacer aparecer y desaparecer objetos.
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El truco llegó a Méliès fortuitamente, mientras
proyectaba una cinta tomada días antes: vio con asombro cómo
un autobús se transformaba bruscamente en una carroza fúnebre.
Después de reflexionar un poco, descubrió que la película
se había detenido al momento de tomar las imágenes. Un
incidente insignificante lo convirtió, tiempo después,
en un maestro en el manejo de la cámara y del truco en la pantalla.
Otro
acierto fue utilizar los recursos del teatro: guión, vestuario,
maquillaje, escenografía, tramoya, división en escenas
y actos, recursos aún vigentes en el cine actual. Si bien esto
fue un acierto para la creación del espectáculo cinematográfico,
un error que a la larga dejaría a Méliès fuera
de la industria fue colocar siempre la cámara en el fondo del
estudio, como un espectador en su butaca: la movilidad en sus cintas
fue lograda por el montaje, no por el movimiento de la cámara.
Le
voyage dans la Lune (El viaje a la Luna), su película más
conocida, es una historia basada en las novelas de Julio Verne y H.
G. Wells que ha sido retomada constantemente: un grupo de científicos
planean un viaje a Luna, y para lograrlo acuden a una fábrica
de inventos increíbles. Ahí son colocados en un cañón
que los dispara hacia el espacio, cayendo sobre el ojo de una luna
construida de yeso (esta imagen es célebre hasta nuestros días).
La construcción de la escenografía es impresionante:
la Osa Mayor es personificada por jóvenes vestidas de estrellas,
hongos gigantes, ríos lunares y demás selenitas parecidos
a crustáceos.

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Esta cinta tuvo rápidamente éxito alrededor del mundo.
En Estados Unidos, Tomas A. Edison la falsificó argumentando
que tenía derecho sobre todas las peliculas, ya que la perforación
de la cinta para cine era un invento suyo.
A
partir de ese momento el cine fue diferente: surgieron realizadores
con diferentes visiones del mundo que perfeccionaron el arte y la
técnica, convirtiendo el cine en un medio de expresión
único.
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