Realizador: Luis Buñuel
Año: 1950
País: México
Producción: Oscar Dancigers - Jaime Menasce - Ultramar films
Guión: Luis Buñuel. Luis Alcoriza
Fotografía: Gabriel Figueroa
Edición: Carlos Savage
Duración: 80'
Escenografía: Edward Fitzgerald

 

Interpretes

Stella Inda; Miguel Inclán; Alfonso Mejía; Roberto Cobo Calambres; Alma Delia Fuentes; Francisco Jambrina; Jesús Garcia Navarro; Efraín Arauz; Jorge Pérez; Javier Amezcua; Mario Ramírez; Juan Villegas; Héctor López Portillo; Ángel Merino; Daniel Corona; Roberto Navarrete; Antonio Martínez; Ramón Martínez; Antulio Jiménez Pons; Diana Ochoa; Salvador Quiroz; Humberto Mosti; José Moreno Fuentes; Juan Domínguez; José Loza Martínez; Rubén Campos; José López; Ignacio Solórzano; Victorio Blanco; Ramón Sánchez; Francisco Muller; Enedina Díaz De León; Charles Rooner; Inés Murillo; Rosa Pérez; Patricia Jiménez Pons; Miguel Funes H; José Luis Echeverría. Voz: Ernesto Alonso.

Sinopsis


Los olvidados es una desértica mirada sobre el mundo que vive una juventud desposeída, cuyas únicas alternativas son la delincuencia y la marginación. Historia que si bien fue contada por Buñuel en 1950, hoy más que nunca continúa teniendo vigencia.

Luis Buñuel ha sido, sin lugar a dudas, el realizador más importante del cine de habla hispana. Su trayectoria artística —32 películas filmadas en cincuenta años de carrera— es una de las más importantes y prolíficas de la cinematografía mundial. Los olvidados es considerada la película que volvió a colocar a Buñuel en la escena internacional, luego de que su impresionante debut fue seguido por dos décadas de relativa obscuridad.

Los olvidados es, por su temática y por la naturalidad de sus actores, una película engañosamente realista. Filmada durante el apogeo de la corriente neorrealista —que propugnaba por un cine casi documental en el que los actores fuesen gente común y los escenarios fueran reales— Los olvidados fue tomada equivocadamente como una cinta semejante a Roma, ciudad abierta (1945) de Roberto Rossellini o Ladrones de bicicletas (1947) de Vittorio de Sica.

Sin embargo, el filme de Buñuel mantiene muchos de los elementos que lo convirtieron en el cineasta surrealista por excelencia. Los olvidados es un filme acerca de la fatalidad del destino. Es una película sobre lo absurdo e irracional de la vida misma. Los deseos ocultos, los sueños y las pasiones son los elementos que mantienen vivos a los personajes del filme.

La cinta de Buñuel es, por otra parte, una de las aportaciones más importantes que ha dado Latinoamérica al cine mundial. Si el cine es considerado un arte, mucho se debe a la obra de genios como Luis Buñuel y a filmes como Los olvidados.







En toda gran urbe confluye la opulencia y la miseria, los grandes edificios de aspecto vertical y los arrabales de casas derruidas, los coches lujosos y los carromatos destartalados, la vida y la muerte, la supervivencia y el derroche; todo ello producto de una sociedad llena de desigualdades que se devora a sí misma mientras olvida en vertederos apartados a sus propios hijos, víctimas y verdugos de una desidia conductual y educativa derivada de los problemas inherentes al ambiente que los rodean.

La historia gira en torno a dos adolescentes corrompidos por el medio en que viven.
El Jaibo, un adolescente, escapa de la correccional y se reúne en el barrio con sus amigos. Junto con Pedro y otro niño, trata de asaltar a Don Carmelo. Días después, el Jaibo mata en presencia de Pedro al muchacho que supuestamente tuvo la culpa de que lo enviaran a la correccional. A partir de este incidente, los destinos de Pedro y de el Jaibo estarán trágicamente unidos.

Luis Buñuel, en un intento de cruda denuncia social dibuja junto a Luis Alcoriza unas situaciones difíciles, conflictivas y hasta crueles enclavadas en los suburbios de la ciudad de México y protagonizadas por un conjunto de personajes marginales, niños delincuentes que no conocen padre ni madre y si los conocen como si no los conociesen, empujados a realizar toda una serie de actos vandálicos y punibles por un Estado que sólo actúa de una manera represora y poco instructiva. La capacidad vengativa e impía con su alrededor de su líder Jaibo, es un claro ejemplo de un comportamiento arrastrado por una espiral de violencia y atrocidad que sólo conllevará dolor y frustración personal. Pero Buñuel se apega a la historia describiendo con cariño a sus personajes, en especial a Pedro, un niño de buen corazón, incomprendido por su madre e inmerso en el consubstancial y casi natural clima de criminalidad que lo acordona, un clima que agita toda su rabia interna cuando arroja bruscamente un huevo de gallina (recurso típicamente buñueliano) hacia la cámara como si despojase su ira contra toda la comunidad que lo está contemplando.

La figura de un músico ambulante ciego añorante de los tiempos de Porfirio Díaz simboliza a los gobiernos, que ciegos ante lo que sucede en su territorio y más concretamente a las clases menos favorecidas, añoran la facilidad inane de un exterminio físico en vez de la construcción de un sistema más justo e igualitario que desarrolle una paz social y una convivencia mucho más humana.

La narrativa de Buñuel vuelve a poner de manifiesto el gran talento como contador de historias del genio aragonés, prácticamente no existen escenas de transición, todos los planos contienen esa tensión desgarradora que una película de esta temática necesita, dejando eso sí, momentos magistrales para sus cuitas surrealistas y simbólicas como puede ser la sensacional escena onírica del pobre niño tras la presencia de un asesinato, el tratamiento que Buñuel concede a las imágenes en este pasaje es digno de encomio y alabanzas. Su sentido del erotismo está también presente en varios momentos : la leche derramada encima de los muslos de la muchacha, las miradas y diálogos entre la madre de Pedro y Jaibo antes de que se cierre la puerta violentamente, el ciego con la inocente niña en su regazo; son partes de un film que junto a su principal materia, la representación árida de la delincuencia juvenil dentro de un brutal realismo muy bien enfatizado por la magnífica fotografía llena de contrastes de luz del maestro Gabriel Figueroa convierten al film en un fenomenal tratado sociológico lleno de matices que mueve a una profunda reflexión en quien la contempla.

Los Olvidados obtuvo en en 1951 premio a la mejor película en el festival internacional de cine de Cannes, Francia. Arieles otorgados en 1951 a la mejor película, a la dirección, a la co-actuación femenina (Stella Inda), a la actuación infantil (Alfonso Mejía), a la actuación juvenil (Roberto Cobo), a la fotografía, a la adaptación, al argumento original, a la edición, a la escenografía y al sonido (José B. Carles).

Ciclo: Cine y marginación social