Acaso el signo que más sutilmente define nuestro tiempo y su infalible
acompañante, la miseria, es el exilio. Se dirá incluso que
en los relatos que nos atraviesan y nos componen culturalmente ya está
inscrito ese destino en clave mítica: la expulsión del Paraíso,
el sino de Ulises en La Odisea, el exilio de Abraham en el desierto, pero
también el destierro mexica de Aztlán.Sin
duda el destierro es trágico, tiene como elemento el dolor y como
forma la prueba (dolor por la tierra perdida, por estar lejos de casa;
prueba divina o demoníaca que impone al migrante la busca de un
retorno actual real o simbólico al lugar de origen).
El
exilio no es castigo divino, es la naturaleza de todos aquellos que
por el azar o por imposición propia de la marginación
social de nuestro México, son llevados por los vientos a escrutar
nuevas y mejores condiciones de vida y de creación, lo que no
quiere decir que esto se cumpla efectivamente.
Alejandro
Galindo nos muestra todo esto en Espaldas mojadas, que relata
la dura vida nuestros paisanos en el vecino del norte.
Esta cinta plantea el problema de los braceros. La trama se refiere
a un mexicano que cruza la frontera con los Estados Unidos como indocumentado
y comienza a trabajar en la construcción de una vía ferroviaria.
Testigo y actor vive las pésimas condiciones en las que habitan
y a las injusticias a las que son sometidos los trabajadores.
Película
pues, que nos invita a continuar la reflexión sobre el tema de
nuestro ciclo aquí en el Cine club de Red Escolar: La marginación
social.