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de personas (no deseo tener a un público específico),
pero más que nada para satisfacer al exigente lector
que soy yo, y después a todos los demás. Quiero
que el público que lea mis libros sea tan extenso como
la variedad de mi obra.
Para
usted ¿escribir es
una profesión, un oficio o una afición?
Sin duda para mí es una profesión: vivo de y para
la literatura. No estoy las veinticuatro horas del día
frente a la computadora, pero me dedico exclusivamente a la
literatura. Por ejemplo cuando voy a un restaurant, escucho
hablar a la gente e incorporo personajes a mi archivo mental,
permanentemente hago lo mismo en otros lugares.
¿Cómo relaciona
la escritura con la lectura?
Este punto es fundamental. A lo largo de varios países
de América y también en España, he tenido
la oportunidad de ser director de talleres literarios: he sido
el analista, el conductor, el guía --en muchos casos--
de innumerables alumnos, todos de la lengua española.
Eso lo señalo, pues lo que voy a comentar a continuación
está avalado por una experiencia: gran parte de los jóvenes
escritores no quieren leer; su posición me parece absolutamente
falsa, completamente torpe... El buen escritor es el que muchísimos
años de su vida se ha dedicado a leer. Esto señala
que es más importante la lectura que la escritura. El
lector es más universal y más fuerte que un escritor.
Si no existe un lector, no hay un escritor, ni un país;
tampoco una actitud crítica y contestataria. Si una persona
no lee, es completamente aplastada por el manipuleo y el engaño.
Para escribir ¿tiene
algún horario o rutina?
Si, yo soy un hombre de horarios, no me gusta hacer experimentos
en mi forma de vida. Me levanto a las seis de la mañana
todos los días, inclusive los domingos: trabajo entre
diez y once horas diarias. Entre semana no tomo un solo trago,
asisto solamente al cine, al teatro, pero no voy a fiestas.
Evito las comidas con los amigos y trato de no salir de lunes
a jueves. Soy un hombre muy casero, me gusta el trabajo y la
disciplina.
Los sábados y los domingos también trabajo, pero
menos que entre semana.
¿Hace manuscritos o
trabaja en computadora?
Durante muchos años escribí directamente sobre
la máquina; ahora lo hago en la computadora. Hago anotaciones
en una libreta que va paralela; pero el cuerpo del texto lo
manejo en computadora.
¿Cuándo y cómo
escribió sus primeros textos?
Estudié la carrera de contador público, de allí
pasé a ser contador de cuentos.
Había un profesor que daba una asignatura: técnica
de la disertación. Este profesor preguntó si alguien
podría escribir un cuento, a la siguiente sesión
le llevé uno, para entonces ya escribía... Después
me dijo: "Está muy bien, pero no creo que usted
haya sido el autor". ¿Cómo que no fui autor
de esto? A la siguiente sesión le llevé un nuevo
cuento, y después otros más, entonces dijo: "Ya,
ya, le creo...". Posteriormente él y otro grupo
de amigos me ayudaron a que publicara mi primer libro a los
veintidós años. Después otras personas
más me dieron un impulso para seguir escribiendo, para
leer, para entender mejor la literatura, pero el camino ya estaba
trazado internamente.
¿Escribir
es una forma de conocimiento?
Como no, siempre y cuando vaya acompañado de lecturas.
Hay dos puntos a tratar: primero el escritor que lo hace como
un desfogue, como una necesidad interna intuitiva y sensorial,
el que escribe sus vivencias y sensaciones; pero hay otro, el
escritor profesional --como es mi caso--, en que las vivencias
personales no tienen mucho que ver con la literatura, apenas
son detonadores o simples rayitas que no pintan mucho dentro
del texto literario que se está escribiendo, pero para
haber podido escribir esto, el escritor debe ser alguien absolutamente
preparado en su oficio, debe saber de las ramas del arte en
el mundo y de las ramas científicas, al menos psicología
e historia. El escritor es la punta del iceberg de un gran conocimiento
del ser y de la materia.
¿Cree en la inspiración?
Sí y no. Creo en la inspiración como producto
del trabajo. El autor que se levanta como yo a las seis de la
mañana y se sienta a escribir a las seis y media, hace
que su creación vaya tomando cauce; después, al
trabajar con gran intensidad parece que baja la inspiración.
Los gitanos le dicen "bajó el faraón",
los músicos de jazz le dicen: "el feeling";
los cantantes o los toreros dicen que es el sentimiento: eso
es la inspiración; pero no existe y llega porque sí,
llega porque uno la ha motivado, la ha estado invocando. El
que se pone a leer; el músico que está tocando
el piano y ha ejercitado y calentado sus dedos, que pone sus
músculos en tensión... es capaz de crear y a eso
se le llama inspiración.
¿Cómo resolvió
sus problemas en la escritura?
Por fortuna en mi caso, yo fui primero un gran lector, antes
que un escritor. Cuando empecé a escribir, tenía
antes sin saberlo, una experiencia literaria que me permitía
comparar mi trabajo con lo que había leído. Me
di cuenta que me faltaban las herramientas necesarias de la
escritura cuando me comparaba con grandes escritores, y aún
me faltaba muchísimo camino por recorrer. Sólo
después de un proceso de intensa lectura podría
aplicar todos mis conocimientos de literatura en la escritura.
De un gozador de la literatura pasé a ser un analizador.
Desde joven comencé a conocer a escritores. Intenté
inventar nuevas fórmulas en la escritura. Uno está
permanentemente aprendiendo, permanentemente ejercitando...
Cuando está en el proceso de escribir, ¿le
retroalimenta la lectura de otros autores?
Durante el proceso intenso de la elaboración de una novela
(apenas terminé la última), no leí a escritores
que pudieran ser similares porque temo a la contaminación.
Aclaro que puedo tardar año y medio en escribir una novela,
pero el proceso fuerte dura cinco o seis meses, me refiero a
la parte más creativa: lo que está saliendo de
golpe en ese momento En ese lapso leo poesía. Después
de ese proceso intenso, leo, pero soy selectivo en mis lecturas.
Sin embargo, eso no se lo recomiendo a un lector que empieza,
pues debe ser desmedido en sus lecturas y leer a todos los clásicos
del mundo (incluyo a Joyce, a Kafka, a Miller) para tener un
basamento y luego despegarse. Ese nuevo lector debe ir de la
mano de alguien que lo vaya guiando en ese mundo.
Una vez que su texto está terminado, ¿lo
revisa?,
¿se lo da a leer a otros? ¿qué piensa de
la autocorrección?
Mire, soy obsesivo de la autocorrección, lo mismo que
soy metódico en mi vida. Corrijo mucho... recuerdo las
palabras del maestro Jorge Luis Borges: "Yo publico para
no seguir corrigiendo"; por supuesto que no tengo la estatura
inmensa del maestro, pero intento hacer lo mismo. Seguramente
volvería a corregir lo que he publicado... Corregí
cincuenta y seis veces mi libro de cuentos que publicó
Alfaguara y cuando miro algún fragmento de éste,
considero que lo hubiera corregido más. Soy obsesivo
en hacer bien las cosas.
Nos
quisiera hablar libremente de su obra. ¿Cuáles
son sus libros favoritos?
Es una pregunta muy difícil de contestar, pues cambia
la manera de verlos a través del tiempo. Unos libros
pueden tener mayor trascendencia, otros mayor importancia, otros
más fama, otros más recuerdos... (Lo mismo sucede
con los autores favoritos, van cambiando a lo largo de la vida).
Tengo treinta y siete libros publicados hasta la fecha: cada
uno me inspira un sentimiento distinto. Mis libros son una serie
de escalones que tratan de llegar a algo que a lo mejor no alcanzo
nunca: el libro perfecto.
Maestro, ¿le
gustaría decir algo a los maestros y a los jóvenes?
Un mal maestro suele decirle
a sus alumnos: "Ahora, como te has portado mal, te pones
a leer"; ese maestro es tan estúpido que considera
que la lectura es un castigo. Encontramos en ese caso que los
valores están alterados.
Los
grandes pilares de la lectura deben ser los maestros y los padres.
El resultado en los alumnos --cuando los padres y maestros no
tienen respeto por los libros-- es que los jóvenes no
comprenden lo que leen, no son capaces de traducir las palabras
en imágenes. La lectura no es solamente gozo, también
es saber pensar. Y mientras no haya pensamiento, no hay nada;
seguiremos siendo fanáticos del Big Brother, brincadores
en el Ángel de la Independencia cuando gana un equipo;
seguiremos sumidos en la manipulación. Cuando andamos
detrás de la señora corredora, descuidamos un
México de mil facetas que no está en las piernas
o en los músculos de nadie. De esta manera seguiremos
siendo esclavos de las grandes empresas transnacionales que
hacen que solamente una élite --a partir de sus universidades
privadas-- tenga el dinero para disfrutar al mundo mientras
los demás somos maquiladores de la pobreza. Si un país
no tiene resueltos sus problemas de enseñanza y de cultura,
jamás avanzará. No cabe duda hay pocos libros
y muchas televisiones.
Me
importan los jóvenes de hoy: esos que no saben historia,
que no han leído libros... Ese es un esquema de la destrucción
de un pueblo. Yo quisiera hablar con cada uno de ellos y decirles
que mientras no lean y estimulen su pensamiento y su imaginación,
serán pedacitos de la nada metidos en un país
de la nada.
Escribo
porque sí ...
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