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Para
ti, ¿escribir es una
profesión, un oficio o una afición?
Para mí escribir es una actitud de vida, una pasión.
¿Cómo
relacionas la escritura con la lectura?
Son inseparables. Empecé a escribir porque leer cuentos
y novelas me seducía. Me gustaban esos mundos alternativos
y quise intentar los propios. Leer es estar cerca de la inagotable
manar de la imaginación, de las posibilidades del lenguaje,
del embeleso de las palabras y las posibilidades expresivas,
de la música del texto.
Al
escribir, ¿piensas
en el lector?
No. Ni en el lector ni en mí. Al menos que esté
haciendo un artículo en donde comunico una idea al lector
de la publicación específica. Me pongo al servicio
de la historia. Del narrador que elegí. Confío
en que algún lector me acompañará en la
otra orilla. Sin lector la literatura naufraga. El lector es
el cómplice del texto.
¿Tienes
algún método para escribir?
Si escribo cuento lo tengo que cocinar primero en la cabeza.
Sentir que está próximo a explotar, como si hubiera
viajado por él en pensamiento. Lo más difícil
es encontrar el arranque; allí está el tono, el
narrador, casi el conflicto. En cuanto lo encuentro lo escribo
de un tirón. No quiere decir que esté listo. Debo
revisarlo muchas veces, dejarlo enfriar. Volver a él
una vez separado de mí. Anoto las ideas difusas, las
semillas que serán un cuento en libretas que me permiten
no olvidarlas.
Para
la novela necesito una idea inicial, un pequeño argumento,
o esbozo de argumento. Luego la pienso, le doy vueltas. Tomo
notas. No la puedo ver completa. Tengo algunos personajes, los
detallo en apuntes. Hago un pre-esqueleto a veces, otras no.
Dejo que el esqueleto se construya a partir de lo que día
a día hago. Pero tomo notas constantemente. Llevo una
bitácora de la novela. Me habita, me obsesiona. Me embriaga.
Y aún después de la primera versión, de
la primera lectura y de ponerla a enfriar hay mucho que hacer.
A veces sólo al final uno entiende qué es lo que
ha estado escribiendo.
Para
escribir, ¿tienes algún
horario o rutina?
Me gusta la mañana y su silencio. Anteponerme a las interrupciones.
Me gusta no haber ocupado mi cabeza en otras cosas. Ser toda
para el texto. Necesito café y música clásica
que luego si estoy muy picada, no me doy cuenta que ha dejado
de sonar. Evito interrupciones. Necesito la soledad. Alguna
postal, o ilustración o recorte que tenga que ver con
la novela que escribo a la vista. Cuando emprendo la novela,
escribo todos los días de la semana. Abandonarla tiene
un costo muy alto para el ritmo, la fluidez y la relación
con la novela.
¿Haces
manuscritos o trabajas en computadora?
Trabajo en computadora. Se puede ver el texto, editar. Pero
las libretas son mis aliadas. Con ellas pienso despacio. Siempre
necesito una: en la bozal, en el escritorio. Las guardo todas.
¿A
quien se parecen los personajes de tus textos?
Espero que a ellos mismos y un poco a cada lector.
¿Hay
algún episodio o persona de la vida real que te haya
impulsado a escribir?
La vida real siempre me impulsa a escribir. A veces son los
lugares, una imagen, o una anécdota las que disparan
el cuento o la novela. El asesinato de mi abuelo en Tapachula
me llevó a fraguar su mundo y su asesino en Café
cortado. Una pareja saliendo de una vieja casa en un pueblo
de Parras me llevó a escribir Tonada de un viejo amor.
El diente que le rompí a una niña jugando básquetbol
a escribir La más faulera....
¿Escribir
es una forma de conocimiento?
Es un intento por apresar la desafiante materia de la que están
hechas las pasiones y conductas humanas.
¿Crees
en la inspiración?
No. Creo en la disposición para mirarlo todo con antenas
literarias, con una intensa curiosidad y con el deseo de entender,
sospechar.
Algunos
afirman que escribir es doloroso, ¿lo
es para ti?
Escribir vulnera porque una se abre en cuerpo y alma frente
al lector, porque uno ha luchado a solas con la incertidumbre
del texto y porque necesito que alguien más se conmueva
con él. No me parece doloroso. A veces insensato. Pero
es un privilegio tener la oportunidad de inventar mundos, personajes,
de fabricarlos con palabras, de saber que nunca se llega a puerto,
que es un proyecto de vida. El momento de la escritura o de
lectura de un gran libro son maneras de cobijarse con la belleza
y el asombro.
¿Cuándo
descubriste que eras escritor? ¿Cómo escribiste
tus primeros textos?
Me gustaba escribir desde los trece años. Escribí
novelas (o lo que yo llamé novelas) en unas libretas
Scribe. Pero pensé que escribir era un divertimento,
que se hacía además de algo serio. Estudié
biología porque también me gustaba conocer
¿Cuáles
han sido o son tus grandes problemas en la escritura?
El problema es hacer creíble un mundo de mentiras. Crear
personajes, mantener una intensidad, una lógica, que
los personajes hablen con naturalidad. Siempre que empiezas
un nuevo texto así es. Dudas si lo acabarás, si
valdrá la pena, si no estás haciendo algo de poco
interés, un cliché. Y cuando acabo una novela
temo no tener ideas nuevas para otra.
¿Te
ha sido fácil dominar la gramática?
No la domino. Constantemente aprendo del correcto uso del lenguaje.
Leer y escribir es la mejor manera de saber gramática,
para consultar dudas siempre hay diccionarios y especialistas.
Cuando
estás en el proceso de escribir,
¿te retroalimenta la lectura de otros autores?
Siempre me retroalimenta y enriquece la lectura de otros autores.
En tiempos en que estoy escribiendo un proyecto propio y cuando
estoy en un paréntesis.
Una
vez que tu texto está terminado, ¿lo
revisas?, ¿se lo das a leer a otros?
Lo reviso muchas veces. Al terminarlo y después de dejarlo
enfriar un tiempo. A veces doy a leer a algún colega
o amigo lector lo que he escrito. Y estoy atenta a su opinión.
Es bueno.
¿Qué piensas
de la autocorrección?
Hay que corregir constantemente lo que se escribe pues se busca
el mejor efecto, lograr una prosa poderosa y bella. La corrección
es un placer, es pulir, precisar, armonizar.
¿Cuál
crees que sea la utilidad de los talleres de escritura?
Los talleres ofrecen un número de lectores simultáneos
cuyas opiniones pueden dar luz sobre el texto. No hay que tomar
las opiniones sin ponderarlas. Un buen director de taller tiene
la última palabra y orienta al escritor. Esa es la función
del que dirige, dar pistas, orientar de manera que logre que
el escritor pueda batallar a solas con el texto y corregirlo
cuanto sea necesario.
Si
estuvieras en una isla desierta, ¿qué
libro te gustaría que te acompañara?
Madame Bovary
¿Qué
opinas de la relectura?
La relectura es la posibilidad de un disfrute intenso, de gozar
las particularidades de un paseo conocido, de detenerse, de
dialogar con el autor, de encontrar aspectos que no fueron apreciados
en una primera lectura.
¿Cuál
es tu experiencia más afortunada con la escritura?, ¿cuál
es la más desafortunada?
La más afortunada es escribir una novela que sucede en
un lugar concreto (una novela es ficción, es una mentira
que debe acrecer verdad) y que la gente se sienta parte de la
historia y proteste diciendo que así no ocurrió.
De alguna manera la novela logró tener vida propia.
La más desafortunada: aprender que hay novelas que no
sirven, que sólo sirvieron para aprender del proceso
y desenamorarse de ella.
¿Nos
quisieras hablar libremente de tu obra? ¿Qué libros
escritos por ti son tus favoritos y por qué?
Nicolasa y los encajes,
mi segundo libro de cuentos por el placer enorme de toparme
con lectores desconocidos, por sentir que había una respuesta
en el solitario camino de la escritura.
Ruby
Tuesday no ha muerto,
porque pude convocar a los Rolling Stones y atrapar un premio
(el Nacional de Literatura Gilberto Owen) y la uña de
Keith Richards en el concierto que dieron en el Foro Sol.
La
más faulera
porque de una anécdota surgió una novela con la
que me acerco a los jóvenes, vuelvo a jugar basquetbol
y a ser adolescente.
Café cortado porque
me atreví a arriesgarme con una estructura narrativa
distinta, porque encontré a un personaje detestable y
lo quise mientras escribí sobre él.
¿Deseas
agregar algo a esta entrevista, o dar un mensaje a los jóvenes?
Encontrar la pasión
de cada cual no es muy fácil pero cuando se logra es
un enorme privilegio, entonces el camino que se elige andar
se vuelve de hierro, atrapador, retador, gozoso, inmenso y así
las dificultades se pueden sortear. Ser constantes, entregados,
honestos, amar lo que uno hace y así andando se cosechan
amigos, viajes, ideas para futuros libros.
Escribo
porque sí ...
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