Mónica Lavín (México, D.F.) escritora y periodista.
Estudio biología en la UAM-Xochimilco. Asistió al taller de Mempo Giardinelli.

Es autora de libros de cuentos Cuentos de desencuentro y otros (Col. Letras Nuevas, SEP_CREA, 1986), Nicolasa y los encajes (El Volador, Joaquín Mortiz, 1991), Retazos (Col. 99, Editorial Taba, 1995), Ruby Tuesday no ha muerto (Diana-Difocur de Sinaloa, 1998), La isla blanca (Lectorum, 1998) y Por sevillanas (ISSTE, colección ¿Ya leísste?, 2000); de las novelas Tonada de un viejo amor (Col. Aura, Selector, (1996), Cambio de vías (Plaza y Janés, 1999) y Café cortado (Plaza&Janés, 2001); las novelas para jóvenes, La más faulera (Plaza & Janés, 1997) y Planeta azul, planeta gris (ADN y CNCA, 1998).

Ha colaborado en publicaciones de divulgación cultural y científica. En 1996 recibió el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen por el libro de cuentos Ruby Tuesday no ha muerto. En 2001 recibió el Premio Narrativa de Colima para obra publicada por su novela Café cortado.

Es maestra de la Escuela de Escritores de SOGEM (cuento), imparte talleres de narrativa, colabora en diversas publicaciones, tiene una columna semanal en la revista Vértigo, escribe el la Revista de la Universidad (UNAM).

¿Por qué escribes?
Porque me gusta contar historias, porque me apasiona, porque intento explicarme (sin lograrlo) los matices de la condición humana.

¿Para quién escribes?
Para un lector cómplice.

Para ti, ¿escribir es una profesión, un oficio o una afición?
Para mí escribir es una actitud de vida, una pasión.

¿Cómo relacionas la escritura con la lectura?
Son inseparables. Empecé a escribir porque leer cuentos y novelas me seducía. Me gustaban esos mundos alternativos y quise intentar los propios. Leer es estar cerca de la inagotable manar de la imaginación, de las posibilidades del lenguaje, del embeleso de las palabras y las posibilidades expresivas, de la música del texto.

Al escribir, ¿piensas en el lector?
No. Ni en el lector ni en mí. Al menos que esté haciendo un artículo en donde comunico una idea al lector de la publicación específica. Me pongo al servicio de la historia. Del narrador que elegí. Confío en que algún lector me acompañará en la otra orilla. Sin lector la literatura naufraga. El lector es el cómplice del texto.

¿Tienes algún método para escribir?
Si escribo cuento lo tengo que cocinar primero en la cabeza. Sentir que está próximo a explotar, como si hubiera viajado por él en pensamiento. Lo más difícil es encontrar el arranque; allí está el tono, el narrador, casi el conflicto. En cuanto lo encuentro lo escribo de un tirón. No quiere decir que esté listo. Debo revisarlo muchas veces, dejarlo enfriar. Volver a él una vez separado de mí. Anoto las ideas difusas, las semillas que serán un cuento en libretas que me permiten no olvidarlas.

Para la novela necesito una idea inicial, un pequeño argumento, o esbozo de argumento. Luego la pienso, le doy vueltas. Tomo notas. No la puedo ver completa. Tengo algunos personajes, los detallo en apuntes. Hago un pre-esqueleto a veces, otras no. Dejo que el esqueleto se construya a partir de lo que día a día hago. Pero tomo notas constantemente. Llevo una bitácora de la novela. Me habita, me obsesiona. Me embriaga. Y aún después de la primera versión, de la primera lectura y de ponerla a enfriar hay mucho que hacer. A veces sólo al final uno entiende qué es lo que ha estado escribiendo.

Para escribir, ¿tienes algún horario o rutina?
Me gusta la mañana y su silencio. Anteponerme a las interrupciones. Me gusta no haber ocupado mi cabeza en otras cosas. Ser toda para el texto. Necesito café y música clásica que luego si estoy muy picada, no me doy cuenta que ha dejado de sonar. Evito interrupciones. Necesito la soledad. Alguna postal, o ilustración o recorte que tenga que ver con la novela que escribo a la vista. Cuando emprendo la novela, escribo todos los días de la semana. Abandonarla tiene un costo muy alto para el ritmo, la fluidez y la relación con la novela.

¿Haces manuscritos o trabajas en computadora?
Trabajo en computadora. Se puede ver el texto, editar. Pero las libretas son mis aliadas. Con ellas pienso despacio. Siempre necesito una: en la bozal, en el escritorio. Las guardo todas.

¿A quien se parecen los personajes de tus textos?
Espero que a ellos mismos y un poco a cada lector.

¿Hay algún episodio o persona de la vida real que te haya impulsado a escribir?
La vida real siempre me impulsa a escribir. A veces son los lugares, una imagen, o una anécdota las que disparan el cuento o la novela. El asesinato de mi abuelo en Tapachula me llevó a fraguar su mundo y su asesino en Café cortado. Una pareja saliendo de una vieja casa en un pueblo de Parras me llevó a escribir Tonada de un viejo amor. El diente que le rompí a una niña jugando básquetbol a escribir La más faulera....

¿Escribir es una forma de conocimiento?
Es un intento por apresar la desafiante materia de la que están hechas las pasiones y conductas humanas.

¿Crees en la inspiración?
No. Creo en la disposición para mirarlo todo con antenas literarias, con una intensa curiosidad y con el deseo de entender, sospechar.

Algunos afirman que escribir es doloroso, ¿lo es para ti?
Escribir vulnera porque una se abre en cuerpo y alma frente al lector, porque uno ha luchado a solas con la incertidumbre del texto y porque necesito que alguien más se conmueva con él. No me parece doloroso. A veces insensato. Pero es un privilegio tener la oportunidad de inventar mundos, personajes, de fabricarlos con palabras, de saber que nunca se llega a puerto, que es un proyecto de vida. El momento de la escritura o de lectura de un gran libro son maneras de cobijarse con la belleza y el asombro.

¿Cuándo descubriste que eras escritor? ¿Cómo escribiste tus primeros textos?
Me gustaba escribir desde los trece años. Escribí novelas (o lo que yo llamé novelas) en unas libretas Scribe. Pero pensé que escribir era un divertimento, que se hacía además de algo serio. Estudié biología porque también me gustaba conocer

¿Cuáles han sido o son tus grandes problemas en la escritura?
El problema es hacer creíble un mundo de mentiras. Crear personajes, mantener una intensidad, una lógica, que los personajes hablen con naturalidad. Siempre que empiezas un nuevo texto así es. Dudas si lo acabarás, si valdrá la pena, si no estás haciendo algo de poco interés, un cliché. Y cuando acabo una novela temo no tener ideas nuevas para otra.

¿Te ha sido fácil dominar la gramática?
No la domino. Constantemente aprendo del correcto uso del lenguaje. Leer y escribir es la mejor manera de saber gramática, para consultar dudas siempre hay diccionarios y especialistas.

Cuando estás en el proceso de escribir, ¿te retroalimenta la lectura de otros autores?
Siempre me retroalimenta y enriquece la lectura de otros autores. En tiempos en que estoy escribiendo un proyecto propio y cuando estoy en un paréntesis.

Una vez que tu texto está terminado, ¿lo revisas?, ¿se lo das a leer a otros?
Lo reviso muchas veces. Al terminarlo y después de dejarlo enfriar un tiempo. A veces doy a leer a algún colega o amigo lector lo que he escrito. Y estoy atenta a su opinión. Es bueno.


¿Qué piensas de la autocorrección?
Hay que corregir constantemente lo que se escribe pues se busca el mejor efecto, lograr una prosa poderosa y bella. La corrección es un placer, es pulir, precisar, armonizar.

¿Cuál crees que sea la utilidad de los talleres de escritura?
Los talleres ofrecen un número de lectores simultáneos cuyas opiniones pueden dar luz sobre el texto. No hay que tomar las opiniones sin ponderarlas. Un buen director de taller tiene la última palabra y orienta al escritor. Esa es la función del que dirige, dar pistas, orientar de manera que logre que el escritor pueda batallar a solas con el texto y corregirlo cuanto sea necesario.

Si estuvieras en una isla desierta, ¿qué libro te gustaría que te acompañara?
Madame Bovary

¿Qué opinas de la relectura?
La relectura es la posibilidad de un disfrute intenso, de gozar las particularidades de un paseo conocido, de detenerse, de dialogar con el autor, de encontrar aspectos que no fueron apreciados en una primera lectura.

¿Cuál es tu experiencia más afortunada con la escritura?, ¿cuál es la más desafortunada?
La más afortunada es escribir una novela que sucede en un lugar concreto (una novela es ficción, es una mentira que debe acrecer verdad) y que la gente se sienta parte de la historia y proteste diciendo que así no ocurrió. De alguna manera la novela logró tener vida propia.
La más desafortunada: aprender que hay novelas que no sirven, que sólo sirvieron para aprender del proceso y desenamorarse de ella.

¿Nos quisieras hablar libremente de tu obra? ¿Qué libros escritos por ti son tus favoritos y por qué?
Nicolasa y los encajes, mi segundo libro de cuentos por el placer enorme de toparme con lectores desconocidos, por sentir que había una respuesta en el solitario camino de la escritura.

Ruby Tuesday no ha muerto, porque pude convocar a los Rolling Stones y atrapar un premio (el Nacional de Literatura Gilberto Owen) y la uña de Keith Richards en el concierto que dieron en el Foro Sol.

La más faulera porque de una anécdota surgió una novela con la que me acerco a los jóvenes, vuelvo a jugar basquetbol y a ser adolescente.
Café cortado porque me atreví a arriesgarme con una estructura narrativa distinta, porque encontré a un personaje detestable y lo quise mientras escribí sobre él.

¿Deseas agregar algo a esta entrevista, o dar un mensaje a los jóvenes?
Encontrar la pasión de cada cual no es muy fácil pero cuando se logra es un enorme privilegio, entonces el camino que se elige andar se vuelve de hierro, atrapador, retador, gozoso, inmenso y así las dificultades se pueden sortear. Ser constantes, entregados, honestos, amar lo que uno hace y así andando se cosechan amigos, viajes, ideas para futuros libros.

Escribo porque sí ...