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Ser
escritor es para ti una profesión, un oficio o una afición...
Es una forma de vida; una forma de entender y de acercarme al
mundo. En este sentido se tendrá que llegar, en términos
más o menos coloquiales, al oficio, a la afición
y a la profesión.
¿Cómo
relacionas la escritura con la lectura?
Son inseparables: aquel que lee, escribe; aquel que escribe,
lee.
¿Tienes
algún método para escribir? ¿Haces algún
esquema previo?
No... nunca. He escrito más en contacto con el inconsciente
que con el raciocinio. Puedo partir de alguna frase, sonido,
música; de una situación imaginada, soñada
o vivida. La escritura se hace al escribir. La novela, al igual
que el cuento, presenta sus propias exigencias, condiciones
y explicaciones.
¿Tienes
algún horario o rutina para escribir?
Puedo escribir siempre que me abandone a esa necesidad (¿adicción?,
¿costumbre?, ¿justificación?).
¿Haces
manuscritos o trabajas en computadora?
Empecé a escribir a mano, hace más de treinta
años. Desde entonces seguí el impulso. Hasta hace
unos cuantos años utilicé la computadora.
Ni modo: suelo llegar tarde a las cosas.
¿Alguna
situación vivida o persona ejerció tal fascinación
en ti que tuviste que escribir sobre ella?
Claro, pero siempre es indirecto, difuso, fantasmal... porque
la realidad nunca es suficiente. Por eso hay que novelar, hay
que hacer literatura. De esos fragmentos de la realidad resultan
los verdaderos personajes y situaciones de la literatura. Muchos
de mis textos, si no es que todos, tienen ese origen. Uno vive
en esta realidad, ¿de dónde entonces saldría
la literatura si no es de ahí?
Sin embargo, la realidad es más profunda de lo que se
ve; por eso el escritor debe ir más allá de lo
que se ve a simple vista.
¿A
quién se parecen los personajes de tus textos?
En primer lugar a mis fantasmas. Después a cualquier
persona del mundo actualísimo de nuestros días.
¿Escribir
es una forma de conocimiento?
Sí. Es el conocimiento de uno mismo y del entorno. Cada
escritor elige o se impone a sí mismo su tipo de conocimiento.
¿Crees
en la inspiración?
Hasta ahora no he hablado de otra cosa, pero no me gusta usar
esa palabra porque ha sido muy desprestigiada y ha perdido significado.
Hay
quienes afirman que escribir puede ser doloroso. ¿Lo
es para ti?
Al contrario: creo que la literatura es el antídoto contra
el dolor. Éste viene de otro lado: de dentro de uno mismo,
de la profundidad del ser...
Escribir
literatura no es doloroso, es un goce. Cuando escribo me siento
en una rara plenitud; cuando no puedo hacerlo, sufro enormemente.
¿Cuándo
y cómo escribiste tus primeros textos?
En 1966 o quizá antes. Publiqué algunos textos
en el periódico del Instituto Politécnico Nacional.
En esos años leía con una pasión desconcertante
y me di a la tarea de escribir. Así nada más,
escribir cosas, así lo decía. Escribir y ya.
Ahora que tengo más técnica en la escritura, recomiendo
a mis alumnos que si quieren escribir es indispensable que se
armen de paciencia; porque esto es tan largo como la vida y
las pretensiones de cada quien.
¿Cuáles
han sido o son tus grandes problemas con la escritura?
Sólo las dificultades para sentarme a escribir. Lo demás
se resuelve con trabajo, constancia y disciplina.
¿Ha
sido fácil para ti dominar la gramática?
No, nada es fácil para mí. Mucho he aprendido
de manera personal, en silencio, de manera constante, trabajosamente...
Estuve en una escuela que no me daba lo que estaba buscando
(¡de haber sabido!). Por eso los rudimentos necesarios
para escribir literatura los tuve que aprender por mí
mismo: practicando, escribiendo, y sobre todo leyendo a los
escritores que más me gustaban. Pimero disfrutaba de
la lectura, pero después trataba de encontrar cómo
lograban ese efecto, o cómo solucionaban un determinado
problema de expresión novelística o cuentística.
La lectura, entonces, es para disfrutarla; pero también
se aprende de ella.
Cuando
estás en el proceso de escribir ¿te
retroalimenta la lectura de otros autores?
La lectura me nutrió antes de escribir, pero en este
proceso el problema es con el texto. Cuando se acude a los maestros
del género, es por algo muy concreto: tal vez para hacer
una consulta... Bueno, también para distraerse antes
de continuar escribiendo el texto.
Una
vez que tu texto está terminado, ¿lo
revisas?
¿Se lo das a leer a otros? Qué piensas de la autocorrección...
Termino una primera versión, generalmente en una especie
de arrebato de la escritura. Al avanzar la narración,
levanto el vuelo, que muchas veces termina por arrastrarme.
Después
viene el trabajo de corrección: reviso una y otra vez,
las veces que sean necesarias. No acostumbro mostrar a nadie
mis originales, a nadie... salvo cuando necesito algún
apoyo de tipo informativo sobre lo que acabo de escribir.
Solamente creo en la autocorrección. En caso de que hubiera
opiniones de otras personas, son para apoyarla.
¿La
práctica continua de la lectura ayuda a la redacción?
Sí, recomendaría a quienes se inician en la escritura
que sólo leyendo se aprende a escribir; pero deben leer
a fondo. No sólo enterarse de la anécdota como
mera información, sino ver cómo están escritas
las palabras, las frases, los párrafos, etcétera.
Creo más en eso que en las clases de redacción.
¿Cuál
es la utilidad de los talleres de escritura?
Aprender a soltarse para escribir. En el taller de literatura
que imparto, les pongo diversos ejercicios para que se suelten
a escribir. Luego se corregirá o se irá aprendiendo
en la corrección.
Si
estuvieras en una isla desierta,
¿qué libro te gustaría que te acompañara?
Un cuaderno para escribir un libro nuevo.
¿Qué
opinas de la relectura?
Es mejor la primera lectura porque sólo con ella se da
el verdadero asombro, la aventura, el viaje a lo desconocido.
¿Cuál
es tu experiencia más afortunada en la escritura y cuál
la más desafortunada?
La primera, la escritura misma; la segunda, lo que no puedo
hacer en relación a ella.
¿Nos
quisieras hablar libremente de tu obra?
Cuando empecé a escribir, y aún mucho tiempo después,
no pensaba en que quería ser reconocido como escritor.
De un tiempo a la fecha me he dado cuenta de que me he convertido
en escritor; además, de que he escrito una obra literaria.
Entiendo como obra no uno o dos libros aislados, sino varios
libros que forman un proyecto literario, concebido consciente
o inconscientemente.
Mi
obra es vanguardista. Desde mis primeros libros hay una atracción
por la literatura de efectos y de terror. En Los buscadores
de la dicha, editado por Joaquín Mortiz en 1990, es evidente
y clara la presencia de la sexualidad y los conflictos de los
amantes, además de lo sobrenatural-onírico en
medio de la gran ciudad. En mis cuentos, incluso desde los primeros,
hay elementos que recuerdan estos temas. En 1997 se publicó
una antología de mis cuatro libros de cuentos, La lectura
de la melancolía, en Editorial Aldus. A estas alturas
hay que recordar que mi primer librito de cuentos se publicó
en 1968. Desde entonces he publicado más de diez libros
que incluyen la biografía, el teatro, además de
novelas y cuentos. También he escrito cientos de artículos
de opinión, culturales, sobre política, etcétera,
que han aparecido en periódicos y revistas de la nación.
No mencioné mis obras más importantes, sino las
más recientes.
¿Quisieras
dar un mensaje para los jóvenes?
Sí:
que lean, que aprendan leyendo lo que les gusta. Que lean literatura
escrita en español, desde el Siglo de Oro en España
hasta la literatura contemporánea escrita en nuestro
idioma: mexicana, sudamericana y española.
A
los jóvenes que pretenden escribir les puedo decir que
lean y escriban de acuerdo a las sugerencias que les he dado
en esta entrevista.
Escribo
porque sí ...
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