Nació en México, D.F. en 1948. Novelista, cuentista, articulista y maestro de talleres literarios desde 1972.
Tiene publicados más de diez libros, entre ellos, las novelas: El sótano blanco (1972), Historia fingida (1982), Los buscadores de la dicha (1990) y La caricia del mal (1998); entre los cuentos y relatos: Manuscrito anónimo (1975), Seductora melancolía (1987), Contingencia forzada (1971) y La lectura de la melancolía (1997).

También cuenta con una autobiografía: Confesiones de una sombra (1996). Humberto Guzmán cuenta con varios premios otorgados a su obra: el Premio nacional de novela por El sótano blanco (1971), el Premio del Ateneo Español por sus cuentos (1987), el Premio de periodismo José Pages Llergo (1998), el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero, por Los extraños (2000).

¿Por qué escribes?
Por una necesidad interior: psicológica, existencial, espiritual; y también por algo de vanidad. ¿O es todo eso vanidad solamente? Escribo por lo absurdo (entiéndase maravilloso, si se quiere) de la vida humana; por requerir mentir literariamente dentro de la realidad, que a veces parece una mentira mucho mayor; por ocio y también por el placer de hacer literatura. Escribo porque sí, para no hacer otra cosa.

¿Para quién escribes?
Escribo para ciertos lectores que no existen aún; para mis posibles cómplices del alma; para aquellos lectores sin prejuicios interesados en lo que hay del otro lado del espejo, y a veces del otro lado de la noche.

También escribo para mí, por una egoísta y compulsiva necesidad.

Ser escritor es para ti una profesión, un oficio o una afición...
Es una forma de vida; una forma de entender y de acercarme al mundo. En este sentido se tendrá que llegar, en términos más o menos coloquiales, al oficio, a la afición y a la profesión.

¿Cómo relacionas la escritura con la lectura?
Son inseparables: aquel que lee, escribe; aquel que escribe, lee.

¿Tienes algún método para escribir? ¿Haces algún esquema previo?
No... nunca. He escrito más en contacto con el inconsciente que con el raciocinio. Puedo partir de alguna frase, sonido, música; de una situación imaginada, soñada o vivida. La escritura se hace al escribir. La novela, al igual que el cuento, presenta sus propias exigencias, condiciones y explicaciones.

¿Tienes algún horario o rutina para escribir?
Puedo escribir siempre que me abandone a esa necesidad (¿adicción?, ¿costumbre?, ¿justificación?).

¿Haces manuscritos o trabajas en computadora?
Empecé a escribir a mano, hace más de treinta años. Desde entonces seguí el impulso. Hasta hace unos cuantos años utilicé la computadora.
Ni modo: suelo llegar tarde a las cosas.

¿Alguna situación vivida o persona ejerció tal fascinación en ti que tuviste que escribir sobre ella?
Claro, pero siempre es indirecto, difuso, fantasmal... porque la realidad nunca es suficiente. Por eso hay que novelar, hay que hacer literatura. De esos fragmentos de la realidad resultan los verdaderos personajes y situaciones de la literatura. Muchos de mis textos, si no es que todos, tienen ese origen. Uno vive en esta realidad, ¿de dónde entonces saldría la literatura si no es de ahí?
Sin embargo, la realidad es más profunda de lo que se ve; por eso el escritor debe ir más allá de lo que se ve a simple vista.

¿A quién se parecen los personajes de tus textos?
En primer lugar a mis fantasmas. Después a cualquier persona del mundo actualísimo de nuestros días.

¿Escribir es una forma de conocimiento?
Sí. Es el conocimiento de uno mismo y del entorno. Cada escritor elige o se impone a sí mismo su tipo de conocimiento.

¿Crees en la inspiración?
Hasta ahora no he hablado de otra cosa, pero no me gusta usar esa palabra porque ha sido muy desprestigiada y ha perdido significado.

Hay quienes afirman que escribir puede ser doloroso. ¿Lo es para ti?
Al contrario: creo que la literatura es el antídoto contra el dolor. Éste viene de otro lado: de dentro de uno mismo, de la profundidad del ser...

Escribir literatura no es doloroso, es un goce. Cuando escribo me siento en una rara plenitud; cuando no puedo hacerlo, sufro enormemente.

¿Cuándo y cómo escribiste tus primeros textos?
En 1966 o quizá antes. Publiqué algunos textos en el periódico del Instituto Politécnico Nacional. En esos años leía con una pasión desconcertante y me di a la tarea de escribir. Así nada más, escribir cosas, así lo decía. Escribir y ya.
Ahora que tengo más técnica en la escritura, recomiendo a mis alumnos que si quieren escribir es indispensable que se armen de paciencia; porque esto es tan largo como la vida y las pretensiones de cada quien.

¿Cuáles han sido o son tus grandes problemas con la escritura?
Sólo las dificultades para sentarme a escribir. Lo demás se resuelve con trabajo, constancia y disciplina.

¿Ha sido fácil para ti dominar la gramática?
No, nada es fácil para mí. Mucho he aprendido de manera personal, en silencio, de manera constante, trabajosamente... Estuve en una escuela que no me daba lo que estaba buscando (¡de haber sabido!). Por eso los rudimentos necesarios para escribir literatura los tuve que aprender por mí mismo: practicando, escribiendo, y sobre todo leyendo a los escritores que más me gustaban. Pimero disfrutaba de la lectura, pero después trataba de encontrar cómo lograban ese efecto, o cómo solucionaban un determinado problema de expresión novelística o cuentística. La lectura, entonces, es para disfrutarla; pero también se aprende de ella.

Cuando estás en el proceso de escribir ¿te retroalimenta la lectura de otros autores?
La lectura me nutrió antes de escribir, pero en este proceso el problema es con el texto. Cuando se acude a los maestros del género, es por algo muy concreto: tal vez para hacer una consulta... Bueno, también para distraerse antes de continuar escribiendo el texto.

Una vez que tu texto está terminado, ¿lo revisas?
¿Se lo das a leer a otros? Qué piensas de la autocorrección...

Termino una primera versión, generalmente en una especie de arrebato de la escritura. Al avanzar la narración, levanto el vuelo, que muchas veces termina por arrastrarme.

Después viene el trabajo de corrección: reviso una y otra vez, las veces que sean necesarias. No acostumbro mostrar a nadie mis originales, a nadie... salvo cuando necesito algún apoyo de tipo informativo sobre lo que acabo de escribir.
Solamente creo en la autocorrección. En caso de que hubiera opiniones de otras personas, son para apoyarla.

¿La práctica continua de la lectura ayuda a la redacción?
Sí, recomendaría a quienes se inician en la escritura que sólo leyendo se aprende a escribir; pero deben leer a fondo. No sólo enterarse de la anécdota como mera información, sino ver cómo están escritas las palabras, las frases, los párrafos, etcétera. Creo más en eso que en las clases de redacción.

¿Cuál es la utilidad de los talleres de escritura?
Aprender a soltarse para escribir. En el taller de literatura que imparto, les pongo diversos ejercicios para que se suelten a escribir. Luego se corregirá o se irá aprendiendo en la corrección.

Si estuvieras en una isla desierta, ¿qué libro te gustaría que te acompañara?
Un cuaderno para escribir un libro nuevo.

¿Qué opinas de la relectura?
Es mejor la primera lectura porque sólo con ella se da el verdadero asombro, la aventura, el viaje a lo desconocido.

¿Cuál es tu experiencia más afortunada en la escritura y cuál la más desafortunada?
La primera, la escritura misma; la segunda, lo que no puedo hacer en relación a ella.

¿Nos quisieras hablar libremente de tu obra?
Cuando empecé a escribir, y aún mucho tiempo después, no pensaba en que quería ser reconocido como escritor. De un tiempo a la fecha me he dado cuenta de que me he convertido en escritor; además, de que he escrito una obra literaria. Entiendo como obra no uno o dos libros aislados, sino varios libros que forman un proyecto literario, concebido consciente o inconscientemente.

Mi obra es vanguardista. Desde mis primeros libros hay una atracción por la literatura de efectos y de terror. En Los buscadores de la dicha, editado por Joaquín Mortiz en 1990, es evidente y clara la presencia de la sexualidad y los conflictos de los amantes, además de lo sobrenatural-onírico en medio de la gran ciudad. En mis cuentos, incluso desde los primeros, hay elementos que recuerdan estos temas. En 1997 se publicó una antología de mis cuatro libros de cuentos, La lectura de la melancolía, en Editorial Aldus. A estas alturas hay que recordar que mi primer librito de cuentos se publicó en 1968. Desde entonces he publicado más de diez libros que incluyen la biografía, el teatro, además de novelas y cuentos. También he escrito cientos de artículos de opinión, culturales, sobre política, etcétera, que han aparecido en periódicos y revistas de la nación. No mencioné mis obras más importantes, sino las más recientes.

¿Quisieras dar un mensaje para los jóvenes?
Sí: que lean, que aprendan leyendo lo que les gusta. Que lean literatura escrita en español, desde el Siglo de Oro en España hasta la literatura contemporánea escrita en nuestro idioma: mexicana, sudamericana y española.

A los jóvenes que pretenden escribir les puedo decir que lean y escriban de acuerdo a las sugerencias que les he dado en esta entrevista.

Escribo porque sí ...