Escritor, periodista, docente, promotor de la cultura. Escribe narrativa, ensayo, guión de cine, radio y televisión. Como periodista de prensa, televisión y radio ha realizado entrevistas, crónicas, reportajes y comentarios. Sus libros más recientes son En público de la gente (ensayos) Vida y Milagros (novela); Cuenta cuenta (literatura infantil) Orígenes (investigación), Hacerse de palabras (entrevistas y ensayos).

Entre sus programas de radio destacan Gente de Palabra, El espectáculo de la Cultura, y Abrapalabra, único taller literario de la radio.

En la televisión participó como conductor, comentarista o productor en Para Gente Grande y En Vivo, entre otros programas. En la actualidad es en TV Azteca, Canal 13, el único comentarista de libros en la televisión. Ha impartido cursos en la UNAM, la UAM y la Universidad Pedagógica. Es maestro fundador de la Escuela de Escritores de SOGEM. Como promotor de la cultura fue Coordinador de Extensión Universitaria en la UAM-A y Subdirector de Divulgación Científica y Tecnológica en el CONACYT. Actualmente es asesor de la Dirección General de Publicaciones del CONACULTA. Ha ganado premios de cuento, periodismo, guión de cine y de radio.

¿Por qué escribes?
Escribo porque todos los escritores suponemos que tenemos algo que decir, algo que escribir; porque fundamentalmente deseamos leer aquellas historias que nadie ha contado; escribo también para descubrir qué me hermana y asocia con los demás.

¿Para quién escribes?
Es difícil que uno pueda escoger a su lector. Uno piensa a veces estar escribiendo para un lector enterado, de cierta edad, con ciertas características, y la sorpresa es que lo que uno escribió también le

interesa a otras personas. Yo no creo que uno pueda estar pensando en escribir con dedicatoria. Evidentemente, a veces uno escribe para las personas amadas. Uno escribe para quien lo encuentre... La escritura es afortunadamente, como decía Borges "... más que un encuentro casual, una cita".

Para ti, ¿escribir es una profesión, un oficio o una afición?
Evidentemente tiene que ser una profesión porque uno le tiene fe (pro-fe) a lo que está haciendo; un oficio también en el sentido artesanal de conocer los instrumentos, los enseres, las herramientas de las que uno se vale para poderlo desarrollar; más que una afición, yo utilizaría una palabra francesa: amateur (la gente cree que amateur y afición es lo mismo, pero no, el amateur es aquel que ama; amateur es amador), yo sería entonces un amateur del escribir porque me parece importante que uno tenga una relación de amor con aquello que pretende hacer bien.

¿Cómo relacionas la escritura con la lectura?
De una manera absolutamente ineludible, ya que no hay escritura sin lectura. Quienes buscan la originalidad se van a encontrar con que alguien ya desarrolló un argumento parecido. Si lo acusan a uno de plagio, lo mejor es que uno esté consciente del origen de su tema. Por lo demás, el plagio en sí no creo que sea una forma inadecuada de escribir; los grandes clásicos, los grandes autores, sabemos que tomaron historias prestadas de otros: Shakespeare, Calderón de la Barca; pero ya desde antes, escritores griegos: Homero mismo, Eurípides, Esquilo, etc., tomaban otras historias... Aquí en México es bien conocido que López Velarde tomaba versos de otros autores y los mejoraba. Dice Octavio Paz que el plagio se justifica solamente con la muerte del plagiado. Entonces, para poder plagiar, para poder enterarse, hay que leer; pero además, la escritura está relacionadísima con la lectura, ya que se asegura que el que escribe, lee dos veces.

Al escribir, ¿piensas en el lector?
Naturalmente que pienso en el lector: un lector abstracto, pero finalmente el complemento de lo que uno escribe. Uno debiera tener como máxima en la vida,que como autor debe facilitarle el trabajo al lector, por lo tanto debe escribir con sencillez, con claridad, como una forma de acercamiento amoroso al lector.

Eso no significa, sin embargo, que uno deba reducirse a un vocabulario o a unos instrumentos ya probados, puede con ese mismo carácter amoroso proponerle nuevas maneras de leer, pero también tiene que darle las claves para que esa persona pueda entender los textos.

¿Tienes algún método para escribir?
Como soy profesor de literatura y de periodismo debía decir que sí, puesto que siempre le aconsejo a mis alumnos que sigan un método, pero no tengo realmente ninguno en mi locura. Hago apuntes, voy reuniendo cierta información...Yo diría que si tuviera un método se llamaría "de la saturación", ya que cuando estoy absolutamente enterado de lo que voy a escribir, es cuando me pongo a hacerlo; pero ni hago escaleta, ni hago esos esquemas que muchos autores realizan. Sé el principio (eso si me preocupa) y sé el final de lo que voy a escribir; me parece básico tener el íncipit y el éxcipit para darle una redondez a lo que uno escribe, pero que lo demás vaya apareciendo por sí mismo.

Para escribir, ¿tienes algún horario o rutina?
Afortunadamente no tengo ningún horario. He sabido de amigos escritores que padecen mucho pues se acostumbraron a hacerlo en el día o en la noche, o necesitan un poco de calma, que no haya ruido, que haya un clima determinado... Yo, como muchos otros compañeros que hemos compartido el periodismo, sabemos que tenemos que escribir en medio del ruido, del caos y de una serie de señales de comunicación (que en nuestro caso eran el teléfono, la radio, el televisor, los chismes...); y en medio de eso uno tenía que escribir. Así que me he acostumbrado a escribir de esa manera. Cuando escribo regularmente escucho música, pero también puedo escuchar noticias, también puedo seguir los aconteceres del día; lo que no puedo es escribir en absoluto silencio.

¿Haces manuscritos o trabajas en computadora?
Realmente los apuntes si los hago en manuscrito, pero la escritura, la redacción propiamente la hago directamente, antes en máquina de escribir y ahora en la computadora. Me gustaba más escribir en las máquinas que se llamaban manuales, por el ruido que podían producir, que era para mí una especie de música con ritmo, melodía y tempo. Cuando yo sentía que estaba escribiendo bien, era acompasado y melódico ese ruido de las teclas al estrellarse contra el rodillo. Ahora el teclado de la computadora ha igualado todos los sonidos, y ya no puedo sentir si estoy escribiendo bien o mal. Además, si escribo a mano pierdo el sentido de la longitud de los textos.

¿A quien se parecen los personajes de tus textos?
A veces se parecen a las personas que conzco, y a veces son un vaciado de todas esas personas: tienen la boca de Fulano, la nariz de Perengano, las dimensiones de X. Creo, como dice Vargas Llosa que somos unos deicidas porque le componemos la plana a Dios, pues repetimos el rito de la creación, como no nos gusta cómo quedó hecha la vida, la volvemos a intentar a nuestra manera.

¿Hay algún episodio o persona de la vida real que te haya impulsado a escribir?
Hay muchos episodios y personas de la vida real que me han llevado a escribir; por ejemplo, en mi novela de El sentido del amor, hago un repaso de lo que fue mi existencia con acontecimientos que me tocó vivir de cerca (de una manera que pudiera parecer autobiográfica) porque la narración está hecha en primera persona; sin embargo lo que estoy haciendo realmente es que esas primeras voces del ralto en primera persona corresponden a toda mi generación, y ahí fui enviando a ese cajón de sastre diferentes semblanzas, personalidades de amigos (hasta de enemigos, porque hay que saber quiénes son tus enemigos), de una dimensión equiparable a las cosas que me tocó vivir en el movimiento del '68, "la guerra sucia" de los años setenta, y el terremoto de 1985. Todo eso es algo que he querido plasmar en ensayos, en cuentos, en obras teatrales, etc.

Respecto a personas de la vida real, tenía un conflicto con un mitómano que fue mi hermano. Él me hacía la vida difícil porque es muy divertido tratar con un mitómano, pero no tenerlo en casa. Entonces en un cuento intenté recrear a ese mitómano, pero no me salió y estuve luchando con él hasta que finalmente en Vida y Milagros plasmo la vida singular de una persona mitómana que decía que tenía 112 años, en el año 2000 cuando se publicó esta novela.

¿Escribir es una forma de conocimiento?
Si, claro que sí. Fernando Benítez decía que él cuando ignoraba algún tema se proponía a escribir sobre él, una manera autodidacta y divertida de allegarnos conocimientos. El mínimo conocimiento que debe tenerse es el del lenguaje, el de las palabras; no entiendo cómo puede haber un escritor que desconozca sus herramientas y aperos de labranza.

¿Crees en la inspiración?
De pronto nos llega un chispazo de verdad o de ficción, y lo que uno debe hacer, quizás es estar preparado para recibir esas musas. Estar preparado significa dominar el lenguaje para poder aceptar lo que te están iluminando esas musas. Si en ese sentido eso se llama inspiración, concuerdo con don Alfonso Reyes que el trabajo del escritor es de un 90% de transpiración y un 10% de inspiración.

Algunos afirman que escribir es doloroso, ¿lo es para ti?
Escribir para mí no es doloroso; si lo fuera, lo tendría que hacer a un lado; no tengo vocación de mártir ni de masoquista. Le doy una aplicación a uno de los consejos vitales de mi abuela desalmada: "En la vida vas a encontrar muchas mujeres que te pueden hacer feliz; procura que ninguna te haga infeliz" Así también puede haber muchas actividades que me puedan hacer feliz, pero procuro que ninguna me haga infeliz.

¿Cuando y cómo escribiste tus primeros textos?
Empecé a escribir como plagiario, porque se me ocurrió entrar a la literatura de la manera más difícil de todas, como escritor de aforismos. No es que yo supiera siquiera que eran los aforismos, sucedió que en la casa recibíamos un periódico que llevaba mi padre: Atisbos; era un periódico de formato superior al tabloide y como seguramente les sobraba espacio, a veces ponían en un cintillo o cenefa inferior frases sentenciosas, chispeantes, que ahora sé que son aforismos, y los copiaba impunemente para llevarlos a la escuela. Hacía creer a mis compañeros y a mis maestros que yo los había escrito. De repente, mi padre dejó de llevar ese periódico a casa y al verme privado de esa fuente de inspiración tuve que hacerlos yo. Entonces traté de copiar el estilo... Mis maestros fueron tan generosos que no me evidenciaron... ¡debió haber sido una porquería, no creo que haya tenido ni el estilo, ni el humor chispeante, ni la capacidad de reflexión, ni la sabiduría! Aparentemente no notaron la diferencia cuando me vi obligado a escribir, y cobré fama de ser "el escritor del salón". De ahí en adelante tuve que seguir escribiendo... Por eso me parece que el sistema de plagio puede ser un inicio que después uno abandona.

¿Cuáles han sido tus grandes problemas en la escritura?
No diría problemas, sino intereses particulares en la escritura. Hay algo que me interesa manifestar: una claridad y una precisión a la que le agrego sentido del humor. Tengo gusto por la ludolinguística; es decir, gusto por jugar con las palabras. Creo que lo adquirí desde la infancia, escuché en una canción de Pedro Infante un juego de palabras que decía
"El mundo siendo mundo no me podrá vencer, si caben cinco letras, muy grande no ha de ser". Evidentemente el mundo no tiene cinco letras, el mundo es todo; pero ahí hay un juego con el significado y el significante. Años después sabría que eso lo aborda la lingüística, este juego entre el signo y el contenido. A partir de eso, o con eso, me he pasado la vida tratando de encontrar el secreto de las palabras, que además proviene de un encuentro callejero con le albur... Ese encuentro con las palabras, ese juego está claro en mi propia dirección electrónica que es: abrapalabra @ aol.com y también está presente en los títulos de mis libros. El sentido del amor se puede entender de muchísimas maneras: como uno de los varios sentidos que tenemos, o cómo la dirección a donde se encamina el amor, o tal vez como dolido de amor. En otra novela que se llama Vida y Milagros que da cuenta cómo es la vida fantasiosa de Milagros, que es el nombre del personaje principal.

¿Te ha sido fácil dominar la gramática?
No aspiro a dominar la gramática, tampoco quiero que la gramática me domine a mí; estoy escribiendo una novela en que precisamente una protagonista no alcanza a escribir porque su padre es un corrector de estilo que la va limitando. Cada vez que ella escribe algo, el padre la obliga a que consulte al diccionario para ver si efectivamente esa expresión que ella está utilizando es aceptada por la gramática establecida. Evidentemente tenemos que respetar ciertas reglas elementales de la gramática, pero de la misma manera que cuando uno empieza a hablar no respeta ninguna regla, simplemente va entendiendo que primero va el verbo y después el complemento para dar sentido a las frases, pero no sabe si hay un subjuntivo, no sabe nada del lexema, ni nada de esas cosas nuevas de la semántica estructural. Azorín, un preciosista del lenguaje decía: "La gramática está bien estudiarla para cuando uno ya no la necesita". Primero hay que escribir y después aprender". Hay que tener un poco de gusto, de interés, hasta de oído, para darse cuenta de que uno está escribiendo bien y a mí me parece que sí, que hay que llegar a la gramática ya cuando uno empezó a escribir, de la misma manera que cuando uno aprendió otro idioma, lo mejor es aprenderlo, trasladarse a algún lugar y allí aprenderlo, y ya después conocerá las reglas gramaticales, eso me parece a mí: que el miedo a la gramática no paralice nuestra creatividad.

Cuando estás en proceso de escribir, ¿te retroalimentan la lectura de otros autores?
Bueno, antes de ponerme a escribir evidentemente sí, acudo a otros autores, porque en primer lugar lo que está escribiendo ya lo hayan escrito otros. Uno no puede ser absolutamente original, ya Aristóteles hace unos 2, 300 años estableció sin ayuda de ninguna computadora, sino con su enorme talento, que había solamente 33 situaciones dramáticas de las cuales tendría que valerse el escritor para desarrollar sus temas. Hace aproximadamente unos 20 años un grupo de 4 estudiosos se dedicaron con el auxilio de las computadoras, a revisar si había más situaciones dramáticas y descubrieron que había tres más que Aristóteles no había podido imaginar o no había incluído; entonces son 36 ahora las situaciones dramáticas y en torno a ellas se ha hecho y se continuará haciendo, la literatura. Así que está difícil ser original.

Una vez que tu texto está terminado, ¿lo revisas? ¿se lo das a leer a otros? ¿qué opinas de la autocorrección?
Naturalmente que reviso, y muchas veces. Cuando uno está escribiendo una novela, por ejemplo, necesita releer para volverse a situar, ya que una novela no se escribe "de una sola sentada". Uno tiene que regresar para volverse a situar. Pero desgraciadamente al releer tanto se presenta la llamada "ceguera de imprenta" que te impide descubrir fallas sintácticas y hasta de erratas, porque no lees, sino que das por sobreentendidas las construcciones y las palabras. Es por ello que uno debe leerle o darle a leer a los amigos, porque los verdaderos amigos van a decirle a uno si algo está mal, se lo van a decir porque lo quieren, porque no desean que uno por los errores o los descuidos.
Decía Jaime Sabines: "El poeta es aquel individuo a quien le desollaron la piel para que sintiera el peso de la luz", yo creo que todos nosotros debemos dejarnos desollar. Antes que eso, en primer lugar, desnudarse. Les digo a mis alumnos: "Si no se quieren desnudar, no escriban; si tienen tanto pudor, no escriban", porque uno tiene que quitarse todas estas inhibiciones para que el lector se identifique con nosotros como seres humanos.

¿Cuál crees que sea la utilidad de los talleres de escritura?
No soy un ejemplo acabado en cuanto a asistir a los talleres de escritura. Realmente mi formación es de otro orden: estudié sociología, pero también estudié teatro. Aprendí a escribir con el maestro Salvador Novo, con él tomé composición dramática. Fuera de esto, lo demás lo he ido aprendiendo... Tomé un taller de escritura con mi colega José Agustín, pero lo que aprendí del oficio lo descubrí en la práctica. Como maestro de literatura y periodismo, lo que hago ahora con mis alumnos es mostrarles la manera como yo resolví determinada historia, resolví un trabajo periodístico, a fin de ayudarles a que cada uno de ellos encuentre su propia manera de "matar pulgas", que es realmente lo que importa. En la Escuela de Escritores de SOGEM procuramos enseñarles cuáles son los andamios de la escritura, cómo se hilvana y de qué manera cada quien planea su acabadoán. A mis alumnos de primaria, a quienes les doy un taller de lecto-escritura, lo que hago es instarlos a que escriban. Después, ya cuando estén verdaderamente instalados en este vicio de la escritura, podemos ir introduciendo las reglas gramaticales necesarias, pero lo primero es dejarlos que escriban, que fluya su creatividad; ya después les enseñaremos cómo "hilar fino" en la escritura.

Si estuvieras en una isla desierta, ¿qué libro te gustaría que te acompañara?
No sé si ya esté escrito ese libro, pero me gustaría uno que se llamara: Cómo salir de una isla desierta.

¿Qué opinas de la relectura?
Me parece un placer maravilloso. Gastronómicamente se compararía con el recalentado. Años después uno ya tiene la experiencia, uno está capacitado para entender y valorar mejor. Por razones profesionales he tenido que releer y es maravilloso ese reencuentro que nos recuerda la grandeza de algunos autores. Estoy de acuerdo con el poeta W. H. Auden en el sentido de que "Hay libros que han sido injustamente olvidados; ninguno es injustamente recordado". Hoy puedo leer a Jonathan Swift el de Los viajes de Gulliver, de una manera distinta a como lo leí de niño porque hoy tengo más elementos para entenderlo como la crítica a la sociedad de su tiempo. Puedo leer con gusto El Quijote o la Ilíada y entenderlos mucho mejor que antes; con más referencias, uno puede gozarlos de distinta manera.

Nos quisieras hablar libremente de tu obra. ¿Qué libros escritos por ti son tus favoritos y por qué?
En la medida en que responden a diferentes intereses de mi vida los amo de distinta manera. Son como las amistades. Con algunas puedes jugar tenis, con otras bailar, jugar a las cartas, con otras hacer viajes divertidos, tomar la copa, discutir sobre ciertos temas... Y a todas las quieres y tal vez te quieren también porque satisfaces ese campo de interés. Tal vez parezcas infiel pero no eres desleal. Si no eres mezquino ni envidioso, aceptas esa parte de amor que te dan y que devuelves con reciprocidad. Porque nadie es todo el amor de nadie.

¿Deseas agregar algo a esta entrevista o decir algo a los jóvenes?

Concluir con la palabra mágica que me enseñó mi abuela desalmada: Gracias.

Escribo porque sí ...