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interesa a otras personas. Yo no creo que uno pueda estar pensando
en escribir con dedicatoria. Evidentemente, a veces uno escribe
para las personas amadas. Uno escribe para quien lo encuentre...
La escritura es afortunadamente, como decía Borges "...
más que un encuentro casual, una cita".
Para
ti, ¿escribir es una
profesión, un oficio o una afición?
Evidentemente tiene que ser una profesión porque uno
le tiene fe (pro-fe) a lo que está haciendo; un oficio
también en el sentido artesanal de conocer los instrumentos,
los enseres, las herramientas de las que uno se vale para poderlo
desarrollar; más que una afición, yo utilizaría
una palabra francesa: amateur (la gente cree que amateur y afición
es lo mismo, pero no, el amateur es aquel que ama; amateur es
amador), yo sería entonces un amateur del escribir porque
me parece importante que uno tenga una relación de amor
con aquello que pretende hacer bien.
¿Cómo
relacionas la escritura con la lectura?
De una manera absolutamente ineludible, ya que no hay escritura
sin lectura. Quienes buscan la originalidad se van a encontrar
con que alguien ya desarrolló un argumento parecido.
Si lo acusan a uno de plagio, lo mejor es que uno esté
consciente del origen de su tema. Por lo demás, el plagio
en sí no creo que sea una forma inadecuada de escribir;
los grandes clásicos, los grandes autores, sabemos que
tomaron historias prestadas de otros: Shakespeare, Calderón
de la Barca; pero ya desde antes, escritores griegos: Homero
mismo, Eurípides, Esquilo, etc., tomaban otras historias...
Aquí en México es bien conocido que López
Velarde tomaba versos de otros autores y los mejoraba. Dice
Octavio Paz que el plagio se justifica solamente con la muerte
del plagiado. Entonces, para poder plagiar, para poder enterarse,
hay que leer; pero además, la escritura está relacionadísima
con la lectura, ya que se asegura que el que escribe, lee dos
veces.
Al
escribir, ¿piensas
en el lector?
Naturalmente
que pienso en el lector: un lector abstracto, pero finalmente
el complemento de lo que uno escribe. Uno debiera tener como
máxima en la vida,que como autor debe facilitarle el
trabajo al lector, por lo tanto debe escribir con sencillez,
con claridad, como una forma de acercamiento amoroso al lector.
Eso no significa, sin embargo, que uno deba reducirse a un vocabulario
o a unos instrumentos ya probados, puede con ese mismo carácter
amoroso proponerle nuevas maneras de leer, pero también
tiene que darle las claves para que esa persona pueda entender
los textos.
¿Tienes
algún método para escribir?
Como
soy profesor de literatura y de periodismo debía decir
que sí, puesto que siempre le aconsejo a mis alumnos
que sigan un método, pero no tengo realmente ninguno
en mi locura. Hago apuntes, voy reuniendo cierta información...Yo
diría que si tuviera un método se llamaría
"de la saturación", ya que cuando estoy absolutamente
enterado de lo que voy a escribir, es cuando me pongo a hacerlo;
pero ni hago escaleta, ni hago esos esquemas que muchos autores
realizan. Sé el principio (eso si me preocupa) y sé
el final de lo que voy a escribir; me parece básico tener
el íncipit y el éxcipit para darle una redondez
a lo que uno escribe, pero que lo demás vaya apareciendo
por sí mismo.
Para
escribir, ¿tienes
algún horario o rutina?
Afortunadamente no tengo ningún horario. He sabido de
amigos escritores que padecen mucho pues se acostumbraron a
hacerlo en el día o en la noche, o necesitan un poco
de calma, que no haya ruido, que haya un clima determinado...
Yo, como muchos otros compañeros que hemos compartido
el periodismo, sabemos que tenemos que escribir en medio del
ruido, del caos y de una serie de señales de comunicación
(que en nuestro caso eran el teléfono, la radio, el televisor,
los chismes...); y en medio de eso uno tenía que escribir.
Así que me he acostumbrado a escribir de esa manera.
Cuando escribo regularmente escucho música, pero también
puedo escuchar noticias, también puedo seguir los aconteceres
del día; lo que no puedo es escribir en absoluto silencio.
¿Haces
manuscritos o trabajas en computadora?
Realmente los apuntes si los hago en manuscrito, pero la escritura,
la redacción propiamente la hago directamente, antes
en máquina de escribir y ahora en la computadora. Me
gustaba más escribir en las máquinas que se llamaban
manuales, por el ruido que podían producir, que era para
mí una especie de música con ritmo, melodía
y tempo. Cuando yo sentía que estaba escribiendo bien,
era acompasado y melódico ese ruido de las teclas al
estrellarse contra el rodillo. Ahora el teclado de la computadora
ha igualado todos los sonidos, y ya no puedo sentir si estoy
escribiendo bien o mal. Además, si escribo a mano pierdo
el sentido de la longitud de los textos.
¿A
quien se parecen los personajes de tus textos?
A veces se parecen a las personas que conzco, y a veces son
un vaciado de todas esas personas: tienen la boca de Fulano,
la nariz de Perengano, las dimensiones de X. Creo, como dice
Vargas Llosa que somos unos deicidas porque le componemos la
plana a Dios, pues repetimos el rito de la creación,
como no nos gusta cómo quedó hecha la vida, la
volvemos a intentar a nuestra manera.
¿Hay
algún episodio o persona de la vida real que te haya
impulsado a escribir?
Hay muchos episodios y personas de la vida real que me han llevado
a escribir; por ejemplo, en mi novela de El sentido del amor,
hago un repaso de lo que fue mi existencia con acontecimientos
que me tocó vivir de cerca (de una manera que pudiera
parecer autobiográfica) porque la narración está
hecha en primera persona; sin embargo lo que estoy haciendo
realmente es que esas primeras voces del ralto en primera persona
corresponden a toda mi generación, y ahí fui enviando
a ese cajón de sastre diferentes semblanzas, personalidades
de amigos (hasta de enemigos, porque hay que saber quiénes
son tus enemigos), de una dimensión equiparable a las
cosas que me tocó vivir en el movimiento del '68, "la
guerra sucia" de los años setenta, y el terremoto
de 1985. Todo eso es algo que he querido plasmar en ensayos,
en cuentos, en obras teatrales, etc.
Respecto a personas de la vida real, tenía un conflicto
con un mitómano que fue mi hermano. Él me hacía
la vida difícil porque es muy divertido tratar con un
mitómano, pero no tenerlo en casa. Entonces en un cuento
intenté recrear a ese mitómano, pero no me salió
y estuve luchando con él hasta que finalmente en Vida
y Milagros plasmo la vida singular de una persona mitómana
que decía que tenía 112 años, en el año
2000 cuando se publicó esta novela.
¿Escribir
es una forma de conocimiento?
Si, claro que sí. Fernando Benítez decía
que él cuando ignoraba algún tema se proponía
a escribir sobre él, una manera autodidacta y divertida
de allegarnos conocimientos. El mínimo conocimiento que
debe tenerse es el del lenguaje, el de las palabras; no entiendo
cómo puede haber un escritor que desconozca sus herramientas
y aperos de labranza.
¿Crees
en la inspiración?
De pronto nos llega un chispazo de verdad o de ficción,
y lo que uno debe hacer, quizás es estar preparado para
recibir esas musas. Estar preparado significa dominar el lenguaje
para poder aceptar lo que te están iluminando esas musas.
Si en ese sentido eso se llama inspiración, concuerdo
con don Alfonso Reyes que el trabajo del escritor es de un 90%
de transpiración y un 10% de inspiración.
Algunos
afirman que escribir es doloroso, ¿lo
es para ti?
Escribir para mí no es doloroso; si lo fuera, lo tendría
que hacer a un lado; no tengo vocación de mártir
ni de masoquista. Le doy una aplicación a uno de los
consejos vitales de mi abuela desalmada: "En la vida vas
a encontrar muchas mujeres que te pueden hacer feliz; procura
que ninguna te haga infeliz" Así también
puede haber muchas actividades que me puedan hacer feliz, pero
procuro que ninguna me haga infeliz.
¿Cuando
y cómo escribiste tus primeros textos?
Empecé a escribir como plagiario, porque se me ocurrió
entrar a la literatura de la manera más difícil
de todas, como escritor de aforismos. No es que yo supiera siquiera
que eran los aforismos, sucedió que en la casa recibíamos
un periódico que llevaba mi padre: Atisbos; era un periódico
de formato superior al tabloide y como seguramente les sobraba
espacio, a veces ponían en un cintillo o cenefa inferior
frases sentenciosas, chispeantes, que ahora sé que son
aforismos, y los copiaba impunemente para llevarlos a la escuela.
Hacía creer a mis compañeros y a mis maestros
que yo los había escrito. De repente, mi padre dejó
de llevar ese periódico a casa y al verme privado de
esa fuente de inspiración tuve que hacerlos yo. Entonces
traté de copiar el estilo... Mis maestros fueron tan
generosos que no me evidenciaron... ¡debió haber
sido una porquería, no creo que haya tenido ni el estilo,
ni el humor chispeante, ni la capacidad de reflexión,
ni la sabiduría! Aparentemente no notaron la diferencia
cuando me vi obligado a escribir, y cobré fama de ser
"el escritor del salón". De ahí en adelante
tuve que seguir escribiendo... Por eso me parece que el sistema
de plagio puede ser un inicio que después uno abandona.
¿Cuáles
han sido tus grandes problemas en la escritura?
No diría problemas, sino intereses particulares en la
escritura. Hay algo que me interesa manifestar: una claridad
y una precisión a la que le agrego sentido del humor.
Tengo gusto por la ludolinguística; es decir, gusto por
jugar con las palabras. Creo que lo adquirí desde la
infancia, escuché en una canción de Pedro Infante
un juego de palabras que decía
"El mundo siendo mundo no me podrá vencer, si caben
cinco letras, muy grande no ha de ser". Evidentemente el
mundo no tiene cinco letras, el mundo es todo; pero ahí
hay un juego con el significado y el significante. Años
después sabría que eso lo aborda la lingüística,
este juego entre el signo y el contenido. A partir de eso, o
con eso, me he pasado la vida tratando de encontrar el secreto
de las palabras, que además proviene de un encuentro
callejero con le albur... Ese encuentro con las palabras, ese
juego está claro en mi propia dirección electrónica
que es: abrapalabra @ aol.com y también está presente
en los títulos de mis libros. El sentido del amor se
puede entender de muchísimas maneras: como uno de los
varios sentidos que tenemos, o cómo la dirección
a donde se encamina el amor, o tal vez como dolido de amor.
En otra novela que se llama Vida y Milagros que da cuenta cómo
es la vida fantasiosa de Milagros, que es el nombre del personaje
principal.
¿Te
ha sido fácil dominar la gramática?
No aspiro a dominar la gramática, tampoco quiero que
la gramática me domine a mí; estoy escribiendo
una novela en que precisamente una protagonista no alcanza a
escribir porque su padre es un corrector de estilo que la va
limitando. Cada vez que ella escribe algo, el padre la obliga
a que consulte al diccionario para ver si efectivamente esa
expresión que ella está utilizando es aceptada
por la gramática establecida. Evidentemente tenemos que
respetar ciertas reglas elementales de la gramática,
pero de la misma manera que cuando uno empieza a hablar no respeta
ninguna regla, simplemente va entendiendo que primero va el
verbo y después el complemento para dar sentido a las
frases, pero no sabe si hay un subjuntivo, no sabe nada del
lexema, ni nada de esas cosas nuevas de la semántica
estructural. Azorín, un preciosista del lenguaje decía:
"La gramática está bien estudiarla para cuando
uno ya no la necesita". Primero hay que escribir y después
aprender". Hay que tener un poco de gusto, de interés,
hasta de oído, para darse cuenta de que uno está
escribiendo bien y a mí me parece que sí, que
hay que llegar a la gramática ya cuando uno empezó
a escribir, de la misma manera que cuando uno aprendió
otro idioma, lo mejor es aprenderlo, trasladarse a algún
lugar y allí aprenderlo, y ya después conocerá
las reglas gramaticales, eso me parece a mí: que el miedo
a la gramática no paralice nuestra creatividad.
Cuando
estás en proceso de escribir,
¿te retroalimentan la
lectura de otros autores?
Bueno, antes de ponerme a escribir evidentemente sí,
acudo a otros autores, porque en primer lugar lo que está
escribiendo ya lo hayan escrito otros. Uno no puede ser absolutamente
original, ya Aristóteles hace unos 2, 300 años
estableció sin ayuda de ninguna computadora, sino con
su enorme talento, que había solamente 33 situaciones
dramáticas de las cuales tendría que valerse el
escritor para desarrollar sus temas. Hace aproximadamente unos
20 años un grupo de 4 estudiosos se dedicaron con el
auxilio de las computadoras, a revisar si había más
situaciones dramáticas y descubrieron que había
tres más que Aristóteles no había podido
imaginar o no había incluído; entonces son 36
ahora las situaciones dramáticas y en torno a ellas se
ha hecho y se continuará haciendo, la literatura. Así
que está difícil ser original.
Una
vez que tu texto está terminado, ¿lo
revisas? ¿se lo das a leer a otros? ¿qué
opinas de la autocorrección?
Naturalmente que reviso, y muchas veces. Cuando
uno está escribiendo una novela, por ejemplo, necesita
releer para volverse a situar, ya que una novela no se escribe
"de una sola sentada". Uno tiene que regresar para
volverse a situar. Pero desgraciadamente al releer tanto se
presenta la llamada "ceguera de imprenta" que te impide
descubrir fallas sintácticas y hasta de erratas, porque
no lees, sino que das por sobreentendidas las construcciones
y las palabras. Es por ello que uno debe leerle o darle a leer
a los amigos, porque los verdaderos amigos van a decirle a uno
si algo está mal, se lo van a decir porque lo quieren,
porque no desean que uno por los errores o los descuidos.
Decía Jaime Sabines: "El poeta es aquel individuo
a quien le desollaron la piel para que sintiera el peso de la
luz", yo creo que todos nosotros debemos dejarnos desollar.
Antes que eso, en primer lugar, desnudarse. Les digo a mis alumnos:
"Si no se quieren desnudar, no escriban; si tienen tanto
pudor, no escriban", porque uno tiene que quitarse todas
estas inhibiciones para que el lector se identifique con nosotros
como seres humanos.
¿Cuál
crees que sea la utilidad de los talleres de escritura?
No soy un ejemplo acabado en cuanto a asistir a los talleres
de escritura. Realmente mi formación es de otro orden:
estudié sociología, pero también estudié
teatro. Aprendí a escribir con el maestro Salvador Novo,
con él tomé composición dramática.
Fuera de esto, lo demás lo he ido aprendiendo... Tomé
un taller de escritura con mi colega José Agustín,
pero lo que aprendí del oficio lo descubrí en
la práctica. Como maestro de literatura y periodismo,
lo que hago ahora con mis alumnos es mostrarles la manera como
yo resolví determinada historia, resolví un trabajo
periodístico, a fin de ayudarles a que cada uno de ellos
encuentre su propia manera de "matar pulgas", que
es realmente lo que importa. En la Escuela de Escritores de
SOGEM procuramos enseñarles cuáles son los andamios
de la escritura, cómo se hilvana y de qué manera
cada quien planea su acabadoán. A mis alumnos de primaria,
a quienes les doy un taller de lecto-escritura, lo que hago
es instarlos a que escriban. Después, ya cuando estén
verdaderamente instalados en este vicio de la escritura, podemos
ir introduciendo las reglas gramaticales necesarias, pero lo
primero es dejarlos que escriban, que fluya su creatividad;
ya después les enseñaremos cómo "hilar
fino" en la escritura.
Si
estuvieras en una isla desierta, ¿qué
libro te gustaría que te acompañara?
No sé si ya esté escrito ese libro, pero me gustaría
uno que se llamara: Cómo salir de una isla desierta.
¿Qué opinas
de la relectura?
Me parece un placer maravilloso. Gastronómicamente se
compararía con el recalentado. Años después
uno ya tiene la experiencia, uno está capacitado para
entender y valorar mejor. Por razones profesionales he tenido
que releer y es maravilloso ese reencuentro que nos recuerda
la grandeza de algunos autores. Estoy de acuerdo con el poeta
W. H. Auden en el sentido de que "Hay libros que han sido
injustamente olvidados; ninguno es injustamente recordado".
Hoy puedo leer a Jonathan Swift el de Los viajes de Gulliver,
de una manera distinta a como lo leí de niño porque
hoy tengo más elementos para entenderlo como la crítica
a la sociedad de su tiempo. Puedo leer con gusto El Quijote
o la Ilíada y entenderlos mucho mejor que antes; con
más referencias, uno puede gozarlos de distinta manera.
Nos
quisieras hablar libremente de tu obra. ¿Qué
libros escritos por ti son tus favoritos y por qué?
En la medida en que responden a diferentes intereses de mi vida
los amo de distinta manera. Son como las amistades. Con algunas
puedes jugar tenis, con otras bailar, jugar a las cartas, con
otras hacer viajes divertidos, tomar la copa, discutir sobre
ciertos temas... Y a todas las quieres y tal vez te quieren
también porque satisfaces ese campo de interés.
Tal vez parezcas infiel pero no eres desleal. Si no eres mezquino
ni envidioso, aceptas esa parte de amor que te dan y que devuelves
con reciprocidad. Porque nadie es todo el amor de nadie.
¿Deseas
agregar algo a esta entrevista o decir algo a los jóvenes?
Concluir con la palabra mágica que me enseñó
mi abuela desalmada: Gracias.
Escribo
porque sí ...
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