| ¿Para
quién escribes?
No
escribo para nadie en específico, pero entiendo bien
que cuando el texto se va escribiendo él ya va buscando
a sus lectores. Soy consciente de que cuando escribo no debo
meterme en el territorio del lector, es decir entre texto y
lector existe una una frontera invisible que el escritor debe
respetar. Me refiero a no escribir cosas que el lector va a
deducir por sí mismo, sin ayuda del texto.
Para
ti, ¿escribir es una
profesión, un oficio o una afición?
Es
una combinación del oficio y el profesionalismo. En lo
que se refiere al oficio, necesito trabajar los textos como
si fueran un objeto artesanal, pero para potenciar la fuerza
expresiva del escrito necesito estar al día, profesionalmente,
de lo que se está escribiendo en el mundo con el fin
de acercarme a mayores y novedosos recursos literarios.
¿Cómo
relacionas la escritura con la lectura?
Aunque
se dan casos de escritores naturales (en el sentido de que no
han leído), es ineludible no sólo aprender a escribir
leyendo, sino también analizar a profundidad las obras
que lees para recoger de ellas el mejor aprendizaje para la
futura escritura.
Al escribir, ¿piensas
en el lector?
No.
Pienso en que el texto me salga lo mejor posible, que se parezca
lo más posible a sí mismo; es decir entender sus
mandatos dramáticos y adecuarlos lo mejor posible al
texto mismo.
¿Tienes
algún método para escribir?
Escribo
de manera irreflexiva porque entiendo que los textos se prefiguran
dentro de uno y lo importante es hacer contacto con ellos. El
escritor cubano José Lezama Lima decía que el
escritor anda vagando en silencio, sin escribir, hasta que en
un momento dado se topa con lo que él llamó "dinámica
oscura", la cual se encuentra dentro del escritor. La ventaja
de esta dinámica oscura, según Lezama, es que
cuando entras en contacto con ella, encuentras ya un universo
de lenguaje, las imágenes y las formas literarias, todo
prefigurado. Al momento de la escritura en sentido estricto
yo le llamo figuración. En cuanto tengo la primera versión
del texto, lo leo y veo sus fallas, y lo rescribo de inmediato.
Luego lo dejo descansar un par de meses, con lo cual tomo distancia
emotiva de él y lo vuelvo a rescribir. Hay textos que
requieren más de tres rescrituras.
Para escribir, ¿tienes
algún horario o rutina?
Puedo
escribir a cualquier hora del día, pero por razones laborales
no me queda de otra que escribir por las noches. En el momento
de escribir, me abstraigo del mundo, así que a mi lado
dos personas se pueden estar liando a golpes y yo no me doy
cuenta; estoy viviendo el texto.
¿Haces
manuscritos o trabajas en computadora?
Antes
escribía en libretas, pero cuando aparecieron las computadoras
las adopté. En la actualidad, no puedo escribir más
que en computadora. Para las correcciones son una maravilla.
¿A
quién se parecen los personajes de tus textos?
A
ellos mismos. Bueno, a veces, tomo modelos de la realidad.
¿Hay
algún episodio o persona de la vida real que tuviste
que escribir sobre éste?
Sí.
Tengo en cuento que se titula "Oh, aquella mujer",
la cual lleva por sobrenombre La Mujer Mamazota. Era una secretaria
que trabajaba enfrente de mí, hasta que me convencí
de que debía hacerle un cuento.
¿Escribir
es una forma de conocimiento?
Así
es. Yo entiendo la escritura como un sondeo en la existencia,
es un proceso de indagación.
¿Crees
en la inspiración?
No,
porque los textos se prefiguran dentro del escritor como decía
Lezama. Cero que el escritor es un cazador de maravillas que
habitan dentro de él. Lo que es importante es darte cuenta
cuándo un tema es bueno para escribirse y cuándo
no.
Algunos afirman que escribir es doloroso, ¿lo
es para ti?
En
mi primera época, la escritura era muy angustiante para
mí. Después descubrí que me sentía
culpable escribiendo porque mi familia se había opuesto
a que yo escribiera (querían que fuera comerciante).
Cuando me di cuenta de este sentimiento de culpabilidad, cambié
mi manera de sentir y, hoy en día, cuando escribo es
un placer, un juego.
¿Cuándo
descubriste que eras escritor? ¿Cómo escribiste
tus primeros textos?
Desde
los catorce años yo escribía canciones. Luego
de la temporada de artes plásticas y trompeta, retomé
aquella escritura y empecé a escribir poemas muy largos,
que en realidad contenían una anécdota, una historia,
medio épicos, y entonces decidí pasarlos, traducirlos,
a prosa narrativa y de ahí surgieron mis primeros cuentos.
Pero sólo me acepté como escritor hasta después
de mi tercer libro, debido a la culpa que cargaba.
¿Cuáles
han sido o son tus grandes problemas en la escritura?
En
los años setenta, los escritores del boom agotaron todas
las técnicas de escritura. De pronto me vi sin recursos
literarios novedosos. Pero se me ocurrió que acudiendo
a las formas de la música, la danza-teatro y el cine,
podía traducir dichas formas a la escritura. De esa manera
he ido resolviendo ese gran problema.
¿Te
ha sido fácil dominar la gramática?
Para
nada. Cuando empecé a escribir, lo hacía con faltas
de ortografía y de sintaxis. Mi exmujer era la que me
corregía los textos. Pero luego me vi en la necesidad
de estudiar la gramática de Henríquez Ureña
y otros libros de estilística.
Cuando estás en el proceso de escribir, ¿te
retroalimenta la lectura de otros autores?
Desde
luego. Hay libros que cuando vas a la mitad de ellos, ya te
arden las manos por ir a escribir tus textos. Me ha sucedido
con Cortázar, Gombrowicz, Arlt, Girondo, Sabines, entre
otros más.
Una vez que tu texto está terminado,
¿lo revisas?,
¿se lo das a leer a otros? ¿Qué piensas
de la autocorrección?
Autocorrijo
mucho. Cuando termino un libro, se lo doy a leer a tres amigos
y luego incorporo la mayoría de sus sugerencias, aunque
ha habido veces en que no doy a leer nada. Algo importante para
mí es escuchar los textos que escribo por voz de otra
persona. Yo no publico ningún libro si no he tenido un
control estricto sobre cada sílaba del mismo.
¿Cuál
crees que sea la utilidad de los talleres de escritura?
Debido
a que un Kafka o Joyce no se dan en racimos, los talleres literarios
son un perfecto mecanismo para que el escritor joven pueda potenciar
su escritura, pues dentro de un taller te das cuenta de tus
aciertos y de tus errores. De alguna manera, tu texto se transforma
en una suerte de texto colectivo. Como dice el lugar común:
dos cabezas piensan más que una.
Si estuvieras en una isla desierta, ¿qué
libro te gustaría que te acompañara?
Las
mil y una noches
¿Qué
opinas de la relectura?
Es
muy importante porque después de unos diez años
te das cuenta no sólo qué autor que te gustaba
ya no te gusta, sino también qué influencias literarias
y de vida tuviste de ellos. Entonces, puedes corregir el camino
de la escritura y de la existencia.
¿Cuál
es tu experiencia más afortunada con la escritura?, ¿cuál
es la más desafortunada?
La
afortunada es escribir cuentos que nunca te imaginabas que iban
a ser lo más antologados y traducidos. La desafortunada,
son los textos abortados porque perdiste tiempo.
¿Nos
quisieras hablar libremente de tu obra? ¿Qué libros
escritos por ti son tus favoritos y por qué?
En
general, mis libros son como mis hijos y, como tales, los quiero
a todos. Aunque tengo debilidad por una novela que se titula
Ventriloquía inalámbrica (Grupo Editorial Océno-México)
que me llevó diez años escribirla y que no ha
sido del todo bien comprendida.
¿Deseas
agregar algo a esta entrevista, o dar un mensaje a los jóvenes?
A
los jóvenes les quiero recomendar que sean aliados de
la cultura y el arte. La razón se debe a que estos ámbitos
no sólo los hacen crecer espiritual y emocionalmente,
sino porque les ayudan a sublimar sus problemas, a hacer catarsis
de situaciones muy íntimas. Si la sociedad fuera perfecta
y armónica, viviríamos, por decirlo así,
ya de manera estética. Pero da la casualidad que vivimos
en sociedades enfermas, que nos dañan. El arte y la cultura
son un alivio, una medicina.
Escribo
porque sí ...
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