Escritor mexicano. Nació en 1952. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas y Profesor de portugués. Poeta y traductor. Obtuvo en 1980 el Premio Casa de las Américas de Cuba, y en 1994 el Premio de Poesía Aguascalientes. Su obra aparece en numerosas Antologías poéticas de México y otros países. Ha publicado una veintena de títulos en editoriales como (Fondo De Cultura Económica, Joaquín Mortiz-Planeta, SEP, UNAM, UAM, Casa de las Américas, etc.) y aparece en otras tantas antologías nacionales e internacionales, entre los títulos más recientes, podemos mencionar: XXX Sonetos, Ediciones Monte Carmelo 1998; Romances anónimos (con ilustraciones de José Luis Cuevas), México, La Mano de Dios, 1999; y La manzana en la cabeza, México, Verdehalago, 2000.

La actividad profesional de Eduardo Langagne incluye la creación literaria y la traducción. Es relevante, además, su intensa labor como editor de libros y revistas, gestor de coediciones e impulsor de autores de todo el país.
En los últimos años ha dictado diversas conferencias con temas de Promoción Cultural y ha sido Ponente en Diplomados con el mismo tema.

Desde 1978 ha estado vinculado a la Revista Tierra Adentro, que a partir de 1990 ha editado más de 200 libros de jóvenes autores de todo el país.
Con su libro de poesía Donde habita el Cangrejo, en 1980 fue el primer autor mexicano en obtener el Premio Casa de las Américas, de Cuba, en ese género.
En 1994 su libro Cantos para una exposición lo hizo merecedor al Premio de Poesía Aguascalientes, el más importante concurso de poesía del país, que han obtenido autores como José Emilio Pacheco, Eduardo Lizalde y Elías Nandino, entre otros.

Durante su actividad institucional, las áreas a su cargo han sido coeditoras de numerosas ediciones. Sobresalen las colecciones de arte y la colección editorial Los 50, que alcanzó, entre 1975 y 2000, 70 títulos. Asimismo tuvo a su cargo la revista Fronteras y realizó producciones discográficas diversas.

Se pueden encontrar más datos hemerográficos, como artículos, conferencias y colaboraciones diversas, en el Diccionario de escritores mexicanos, de Aurora Ocampo, que apareció con el sello de la UNAM y el Instituto de Investigaciones Bibliográficas, en 1997; en el Diccionario Enciclopédico de México, y Milenios de México, de Humberto Musachio; y en el Diccionario biobibliográfico de escritores contemporáneos de México, INBA/ SEP/ Brigham Young University. A partir de la edición de 1987, aparece en la Enciclopedia de México, publicada por la Secretaría de Educación Pública.

¿Por qué escribes?
Es una de las respuestas siempre difíciles de ofrecer. Es muy complejo dilucidar la razón por la que un niño o un muchacho se empieza a interesar por la escritura. Creo que hay muchas razones probables, alguna quizá tendría que ver con su memoria infantil. Yo no sé por qué razón escribo, sólo sé que no puedo dejar de hacerlo y que es uno los mayores gozos que uno puede tener. Sin duda, mi mayor placer es escribir, y solamente se compara a amar, a cantar, a leer...

¿Para quién escribes?
Uno cree que no escribe para nadie y creo que es la mejor condición para hacerlo. Pero hay que reconocer que finalmente uno quiere publicar lo que ha escrito y busca a un interlocutor, a un lector hipotético que se acerque para completar la dimensión semántica de lo que uno escribe. Uno completa la comunicación cuando tiene un lector. De todas maneras, aunque no hubiera un lector, el escritor se obliga a terminar un texto, a pulirlo y revisarlo. Con un lector se completa la dimensión semántica del texto: al publicar estamos buscando efectivamente a un lector, así que ese quién al que se escribe, invisible en el momento de la creación, cuando se publica el texto, está por lo menos idealizado.

Para ti, ¿escribir es una profesión, un oficio o una afición?
Podría decirte que las tres cosas. Escribir es un oficio, indudablemente un gran oficio. Resalto las virtudes del oficio en sí mismo, es un oficio que requiere tiempo, dedicación, esfuerzo; un afán por obtenerlo, por mantenerlo, por renovarlo, según el caso. Escribir poesía no es una profesión, porque no siempre se obtiene un honorario por ejercerlo, aunque cuando se obtiene me parece muy bien; obtener un recurso económico por lo que se escribe debería ser el ideal. De todas maneras es una afición que tiene su mejor expresión cuando está acompañada del oficio; sin duda es un oficio noble, digno, que requiere siempre estar al día.

¿Cómo relacionas la lectura con la escritura?
Relaciono directamente a la escritura con la lectura. Creo que no se puede ser escritor sin ser lector, aunque no necesariamente las lecturas tengan un reflejo inmediato y directo en lo que se escribe. La lectura es indispensable y vital para todos.

Al escribir, ¿piensas en el lector?
Decía yo que al escribir no pienso en el lector, pero evidentemente al corregir pienso en él porque si voy a publicar algo, evidentemente quiere ser leído: ahí está la gran diferencia.

¿Tienes algún método para escribir?
Si pensamos que la escritura es un oficio, y no una profesión, también pensamos en que la gente que escribe poesía tiene otros y diversos trabajos: hoy estamos aquí en esta oficina, haciendo esta entrevista, y este trabajo obligadamente tiene un horario y una rutina; de modo que cuando uno termina su rutina de trabajo, es cuando se busca los espacios y tiempos para escribir. Pero no me desespero, en Fernando Pesssoa leí una frase que me gusta mucho: él sugiere que al momento de escribir no solamente se escribe con la emoción, sino también con el recuerdo de la emoción.
En ese sentido, el recuerdo de la emoción está presente siempre y va más allá de la inspiración inmediata.

Para escribir, ¿tienes algún horario o rutina?
Yo empecé a trabajar antes aún de empezar a escribir, así que durante toda mi vida los horarios para escribir siempre serán los que estén fuera del tiempo de trabajo. Las noches, las madrugadas...

¿Haces manuscritos o trabajas en computadora?
Trabajo mucho con manuscritos, muchísimo; pero desde hace algún tiempo también trabajo con la computadora porque da la posibilidad de que los borradores se vayan reuniendo, entonces al tiempo que tengo los cuadernos con algunas notas en los márgenes, escribo también en la computadora. La poesía casi siempre la hago de manera manuscrita, los demás textos directamente en la computadora. Cuando escribo poesía los manuscritos dan el tiempo necesario para la respiración poética; a medida que uno trabaja el manuscrito, el lápiz, la pluma sobre el papel, se mueven simultáneamente con las ideas, camina uno de manera acompasada y rítmica, y después se transcribe a la computadora. Casi siempre corrijo sobre la computadora los poemas ya reunidos.

¿A quién se parecen los personajes de tus textos?
Como principalmente escribo poesía, no tengo personajes; o en todo caso, los personajes aparecen muy de vez en cuando. Creo en el Yo lírico, que de muchas maneras es un personaje literario en sí mismo. En la poesía se expresan diversos rostros, varias facetas de uno mismo, las distintas expresiones de una persona. Creo que el Yo poético es un obstinado que también se transforma mucho, es el Yo poético el que habla. En general los personajes que han aparecido en mi poesía son sobre todo escritores o bien destinatarios del mensaje poético, ese real o ficticio Tú.

¿Hay algún episodio o persona de la vida real que te haya impulsado a escribir?
Prácticamente todos los poemas hablan de episodios de la vida de uno. A veces no es exactamente una anécdota que le haya ocurrido a quien escribe, sino que es algo que le ha ocurrido a otras personas y que se vierte en el papel buscando la forma más adecuada de representar esa sensación poética que hay que traducir a palabras.

¿Escribir es una forma de conocimiento?
Desde luego, escribir es una forma de conocimiento.

¿Crees en la inspiración?
Si, es un estado anímico especial. Pero la inspiración no hace el poema. Lo que hace el poema es el trabajo, el oficio. La inspiración puede existir, si está soportada y fundamentada por el trabajo y el oficio.

Algunos afirman que escribir es doloroso, ¿lo es para ti?
Creo que sí. Escribir es una parte por la que uno se desborda, por la que uno se expresa y si dije que era gozoso, también por contrapartida es doloroso. Hay momentos dolorosísimos. Tenemos otro ejemplo de Fernando Pessoa:

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente,
que llega a sentir que es dolor
el dolor que realmente siente.

¿Cuándo y cómo escribiste tus primeros textos?
Escribí desde niño y cuando tuve veinte o veintiún años comencé a pensar seriamente en que mi escritura tenía que ser más profesional. Uno se vuelve más riguroso en el oficio.

¿Cuáles han sido o son tus grandes problemas con la escritura?
Tengo los grandes problemas de la escritura en sí misma ¿Cómo voy a traducir esta sensación poética de la realidad en palabras?
Las palabras intentan llevar esta emoción para después contársela a alguien. Pero siempre el poema está lejos de lo que uno siente. Nunca, o casi nunca podemos decir exactamente lo que queríamos. Siempre el poema está atrás.

¿Te ha sido fácil dominar la gramática?
No domino la gramática, jamás la dominaré. A veces un buen escritor desafía a la gramática, y ese hecho puede estar tan bien logrado y ser tan útil al idioma que años más tarde se tendrá que incorporar a la gramática. Siempre la gramática trata de incorporar lo que la gente hizo antes. Se hacen gramáticas cuando las lenguas tienen muchos años de hablarse. La gramática española apareció cuando la gente ya llevaba siglos y siglos hablando el idioma, y la gramática buscó ordenar y estructurar la lengua, pero como la lengua existe desde antes yo no podría decir "dominar la gramática", pero sí puedo decir que el uso correcto de la gramática tiene que ver muchísimo con la experiencia como lector.

Cuando estás en el proceso de escribir, ¿te retroalimenta la lectura de otros autores?
Siempre me retroalimenta, no solamente cuando estoy en el proceso de escribir; de hecho nunca he dejado de escribir. No puedo decir que diariamente escribo, pero siempre estoy con algo por escribir. Por eso la lectura viene a ser un alimento permanente, una retroalimentación importante para este ejercicio.

Una vez que tu texto está terminado, ¿lo revisas?
¿se lo das a leer a otros? ¿Qué piensas de la autocorrección?
Una vez que el texto está terminado, lo reviso muchísimo. La autocorrección es otra parte del oficio de escribir: es reescribir, es cotejar. Se parece muchísimo a aquellos momentos cuando uno conversa con alguien asuntos delicados, temas importantes, cosas emotivas; y cuando termina la conversación se reflexiona en lo que hubiera podido decirle a esa misma persona de haber tenido tiempo de reflexionar un poco más.

También doy a leer mis textos a otros, sobre todo a otros que son lectores. Es gente de la que aprecio su punto de vista, pero tampoco desconfío tanto de lo que escribo como para dárselo a leer a demasiada gente, porque cada uno me daría un punto de vista muy diferente de la literatura. Finalmente uno propone al escribir una manera de enfrentar el hecho literario.

¿Cuál crees que sea la utilidad de los talleres de escritura?
Confío mucho en los talleres. Así me formé. Hablábamos de que escribir es un oficio, los oficios se dan también en talleres. Los alfareros hacen las ollas en los talleres de alfarería; los herreros hacen su trabajo en los talleres de herrería; y los escritores hacen escritura, literatura, en los talleres de escritura. Desde luego que confío muchísimo en ellos porque hay otros que ejercen el mismo oficio y con mayor experiencia sugieren cómo hacer mejor las cosas. Confío muchísimo en los talleres de escritura en general, en los talleres de creación literaria y en los talleres de lectura.

Si estuvieras en una isla desierta, ¿qué libro te gustaría que te acompañara?
Hay muchos libros que me gustaría llevar, algunos de los que estoy leyendo en este momento. Si sólo tengo que llevar un libro, sin duda alguna llevaría El Quijote, creo que a pesar de que mencionarlo resulta un lugar común, en ese libro está el inicio de la literatura contemporánea en nuestra lengua, y por esta razón me gustaría leerlo y leerlo hasta sabérmelo de memoria; me daría muchísima comprensión de la historia y las posibilidades expresivas de mi lengua y de nuestra literatura.

¿Qué opinas de la relectura?
Uno goza muchísimo los libros porque uno se transforma. Y ahora que tengo más años, mis lecturas y relecturas se han vuelto totalmente distintas.
Las relecturas son indispensables para la formación de cualquier persona. Hay libros que forman parte de un placer que ya pasó, pero que siempre estará presente en la relectura.

¿Cuál es tu experiencia más afortunada con la escritura? ¿cuál la más desafortunada?
Uno siempre cree que es afortunado cuando termina un libro; y es desafortunado cuando no puede escribir esa línea que sensiblemente tenía tan clara, pero que no ha podido traducir a palabras. La experiencia afortunada es otra vez el gran gozo, el gran placer, por lo menos algún libro que se ha aproximado a lo que uno quería decir.

¿Nos quieres hablar libremente de tu obra? ¿Qué libros escritos por ti son tus favoritos y por qué?
Me gustan todos mis libros, aunque sea un poco arrogante al decirlo. Me gusta mucho el primer libro que publiqué, que en realidad fue el segundo que escribí, pero el primero que publiqué, se llama Donde habita el cangrejo; tuvo el premio Casa de las Américas en Cuba en 1980. Ese libro me gusta de varias maneras: me gustó mucho el ímpetu, la imaginación de aquel muchacho de veinticinco años, sus maneras de enfrentar sus hallazgos. Uno siempre dice que el libro que está escribiendo es el favorito, y de muchas maneras tiene razón. Me gusta Navegar es preciso, que editó el Fondo de Cultura Económica en 1984. Me gustó Cantos para una exposición, que ganó el premio de poesía de Aguascalientes en 1994. Me gusta mucho La manzana en la cabeza, un libro que publiqué en el año 2000, y me gusta El álbum blanco, que acabo de terminar con poemas escritos entre 2000 y 2002, mis poemas del nuevo siglo...

Estoy también por publicar Decíamos ayer..., una antología en la que hay poemas muy recientes y otros más viejos: son los distintos Eduardos que yo he sido a través de todos estos años.

¿Deseas agregar algo a esta entrevista o dar un mensaje a los jóvenes?
Mi mensaje a los jóvenes es que se interesen por la lectura y no hagan caso de los mensajes que dan los escritores, cuyo único mensaje, en todo caso, es lo que han escrito, no lo que dicen de la escritura. Que los jóvenes se den cuenta que con el libro uno cambia mucho, favorablemente por supuesto. A los jóvenes que quieran escribir, que lo hagan. El que quiere escribir, tiene que leer muchísimo, tiene que respirar el oficio día con día.

Escribo porque sí ...