Nació en México, D.F. en 1953. Estudió Lengua y literatura Hispánicas en la UNAM. Fue profesor fundador de la UAM Azcapotzalco (1975) y posteriormente dirigió el Departamento Editorial de la Dirección de Difusión Cultural de la misma universidad. Impartió diversos talleres de creación literaria para el INBA y la UNAM. Entre 1995 y 1998 fue director de Difusión Cultural de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Actualmente es profesor de la Sociedad General de Escritores de México, A.C. (SOGEM).

Ha publicado obras de varios géneros. Entre sus libros de cuento destacan Viene la muerte (1976), La otra orilla (1980), Vals sin fin (1982) y La sangre de su corazón (1999). Entre sus poemarios: La noche y las horas (1978), El tuyo, el mismo (1986), Controversia de sombras (1990), Juego de cartas (1992), Memorial de Erinia (1994) y Pueblos fantasmas (2000); además las novelas Olvidar tu nombre (1982) y Los caminos del hotel (1991), entre otras. Reina de las sombras (1996) son recuentos, Luz oscura (1999) es teatro, y Cielos, tierra e infierno (1999) es una antología personal, y Antes y después de Drácula (1998) también es una antología, pero en este caso, es acerca del origen del vampiro. No está de más señalar que uno de los temas favoritos del autor es el vampirismo, pues le fascina la inmortalidad de esa criatura.

¿Por qué escribes?
Por necesidad, por una necesidad de dejar asentadas una serie de ideas e impresiones de mi vida y de la de otros. Una necesidad que comenzó a los doce, trece años, de manera propiamente inconciente, o por imitación: Robinson Crusoe lo hacía, Watson escribía acerca de Holmes, leía libros en forma de diario y, a veces, llevé u no, y a veces dejaba de llevarlo; y escribía cartas de amor que nunca enviaba y… escribía, y tenía penpals en Inglaterra y en Alemania, y se me hizo una costumbre la necesidad.

¿Para quién escribes?
Para gente que conozco, que me gustaría conocer, o que nunca conoceré. Antes lo hice para conocidos y conocidas, ahora a éstos sólo les envío cartas electrónicas. Nunca llamo por teléfono, eso sí no se me da.

Para ti, ¿escribir es una profesión, un oficio o una afición?
Para mí, escribir es un arte. Es decir, una forma de expresión atenta a la búsqueda de la verdad y su forma bella.

¿Cómo relacionas la escritura con la lectura?
Son consustanciales. Pero me cuesta menos trabajo leer.

Al escribir, ¿piensas en el lector?
No, pienso en el texto. En su fluidez. Al terminar de escribir por primera vez, lo comienzo a adaptar para un lector.

¿Tienes algún método para escribir? ¿Haces esquemas, por ejemplo?
Cada texto requiere de un método específico. Un cuento no necesita un esquema, sino una anécdota. Una novela, en cambio, requiere de listados, esquemas, fichas de investigación, recortes de periódicos, etc. Y, en especial, si no deseas repetirte, trazarte una ruta distinta a las que ya conoces.

¿Tienes algún horario, tal vez acompañado de cierta rutina, para escribir?
No, particularmente. Se escribe cuando se puede, cuando se tiene algo que decir, cuando le roba uno tiempo a la vida.

¿Haces manuscritos o trabajas en computadora?
Hago manuscritos y trabajo con computadora.

¿A quién se parecen los personajes de tus textos?
Son una suma de características de otros personajes, como la criatura de Frankenstein.

¿Hay algún episodio vivido o persona que hayas conocido que haya generado tal fascinación que tuviste que escribir sobre el acontecimiento o el personaje?
Ciertamente, la mitad por lo menos de los personajes de Los caminos del hotel provienen de la vida real y de una cotidianidad determinada. Igual sucede con varios protagonistas de mis cuentos, no se diga en mi novela La otra orilla, ahí sólo algunos personajes son ficticios.

¿Escribir es una forma de conocimiento?
Una de las más interesantes formas de conocimiento y de autoconocimiento.

¿Crees en la inspiración?
No. Cuando mucho, creo que a veces una idea o una frase te pueden favorecer la creación como el compás de la frase musical de Vinteuil a Proust

Hay quienes afirman que a veces escribir es algo doloroso, ¿lo es para ti?
Sí, claro, cuanto se hace uno una vivisección sin anestesia ni nada. Asunto necesario para vivir eso de las biopsias, pero terriblemente dolorosas. La contraparte es, en correspondencia, muy divertida: hay veces que puede uno sentirse como Quevedo: burlándose de todo y de todos.

¿Cuándo y cómo escribiste tus primeros textos?
Formalmente, en El suplemento cultural de El Heraldo de México, que dirigía Luis Spota en 1972, de donde fui colaborador hasta 75-76, aproximadamente. ¿Cómo? Por una invitación de Marco Antonio Campos, quien era mi hermano mayor de fechorías literarias en aquella época junto con Luis Chumacero. ¿Cómo las aceptaron? Con benevolencia, creo. Lo agradezco, fue un buen taller de inicio.

¿Cuáles han sido o son tus grandes problemas en la escritura?
Ocasionalmente me gustaría poder dedicar más tiempo a la escritura.

¿Te ha sido fácil dominar la gramática y la sintaxis?
Estudié Letras Hispánicas. Conozco mi lengua. ¿Dominarla? Eso debe procurarse a lo largo de la vida.

Cuando estás en el proceso de escribir, ¿te retroalimenta la lectura de otros autores?
Claro, investigo alrededor de los temas que trato permanentemente.

¿La práctica continua de la lectura ayuda en la redacción?, ¿por qué?
Sí, otros autores han encontrado una respuesta a nuestras dudas; es cuestión de estar atentos a lo que leemos. Se aprende redacción redactando y leyendo a los clásicos. Se aprende a través del ejemplo.

¿Cuál crees que sea la utilidad de los talleres de escritura?
Absoluta. Siempre que no se declare uno parte del inventario de un taller.

Si estuvieras en una isla desierta, ¿qué libro te gustaría que te acompañara?
Odio la pregunta. Pero de los primeros libros que tomaría para un viaje largo es Guerra y paz de Tolstoi.

¿Qué opinas de la reelectura?
Es el más grande placer de la lectura. Un libro que soporta varias relecturas es un clásico.

¿Cuál es tu experiencia más afortunada con la escritura?, ¿cuál es la más desafortunada?
Hay varias afortunadas. En especial recuerdo que "Noche de agonía" (Un cuento de Vals sin fin), que no había sido bien visto por mis maestros de taller, en una lectura pública en 1994 me valió la felicitación de un oyente muy peculiar, un joven obrero que me felicitó calurosamente por la historia, ésa es una situación afortunada. La más desafortunada, ocurrió al paso del tiempo, cuando me di cuenta que tanto Monterroso como Donoso —mis maestros—, tenían razón.

¿Nos quieres hablar libremente de tu obra? Menciona, por favor tus obras más importantes.
Mi trabajo no está condicionado por presión alguna. Es una obra hecha con gusto, que es resultado de una constante meditación o investigación acerca de los asuntos de la vida que me interesan: las mujeres, los amigos, la historia, la relación de los hombres con los dioses, asuntos de la ciencia con los hombres, la separación entre amantes, el amor y la muerte. Me ha gustado explorar todos los géneros: la poesía y el teatro, el cuento y la novela, escribo muchos ensayos y en ocasiones he debido —por razones de mi trabajo— escribir algunos discursos de modo que me siento muy a gusto entre mis colegas hablando de libros que pueden divertirnos o enseñarnos. Creo que mi trabajo es muy distinto al de mis contemporáneos, los nacidos en los cincuenta, que han comentado que mi trabajo les parece cuidadoso y lleno de fantasía. A esta última, prefiero llamarla observación e imaginación.

Los libros más fáciles de conseguir actualmente son: Pueblos fantasmas, poesía, Conaculta, 2000. Cielos, tierra e infiernos. Antología personal. Col. ¿Ya Leíssste?, ISSSTE, 1999. La sangre de su corazón, relatos, UNAM, 1999. Luz oscura. Teatro, UAM Xochimilco, 1999. Reina de sombras, recuentos, Col Punto Fino, IPN, 1996. Antes y después de Drácula, antología acerca del origen del vampiro, Ed. Vid, 1998.

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A quien corresponda
Presente.

Entre los grandes placeres (o vicios) debe considerarse a la lectura, una de las formas más sutiles de apoderarse del mundo. Medio ideal para conocer el corazón de la mujer y del hombre, así como una clave espléndida para enseñar a pensar y evitar errores de toda naturaleza. Quien lee, escribe. Escribir, como la paternidad o la maternidad, es alcanzar una vida más larga, una forma íntima de perpetuación, más allá de nuestra cápsula temporal, que es el cuerpo. Una forma muy sencilla de aprender los secretos esenciales de la eternidad.

Hay gente que sólo vive una y sola vida. Quien lee, vive innumerables vidas. Quien escribe, puebla al mundo de almas nuevas, comparte otras mentes y otras experiencias. Es un hombre o una mujer capaz de cambiar otras vidas sin tener que apretar ningún instrumento fatal o fabricar objetos de imposible manejo. Los grandes, los escritores ejemplares son, en suma, médicos de espíritu infatigable, cuya promesa de vida del nuestro espíritu es inmensa e impagable.

Saludos
Bernardo Ruiz

Escribo porque sí ...