¿Para
quién escribes?
Para
gente que conozco, que me gustaría conocer, o que nunca
conoceré. Antes lo hice para conocidos y conocidas, ahora
a éstos sólo les envío cartas electrónicas.
Nunca llamo por teléfono, eso sí no se me da.
Para ti, ¿escribir
es una profesión, un oficio o una afición?
Para
mí, escribir es un arte. Es decir, una forma de expresión
atenta a la búsqueda de la verdad y su forma bella.
¿Cómo
relacionas la escritura con la lectura?
Son
consustanciales. Pero me cuesta menos trabajo leer.
Al escribir, ¿piensas
en el lector?
No, pienso en el texto. En su fluidez. Al terminar de escribir
por primera vez, lo comienzo a adaptar para un lector.
¿Tienes
algún método para escribir? ¿Haces esquemas,
por ejemplo?
Cada
texto requiere de un método específico. Un cuento
no necesita un esquema, sino una anécdota. Una novela,
en cambio, requiere de listados, esquemas, fichas de investigación,
recortes de periódicos, etc. Y, en especial, si no deseas
repetirte, trazarte una ruta distinta a las que ya conoces.
¿Tienes
algún horario, tal vez acompañado de cierta rutina,
para escribir?
No,
particularmente. Se escribe cuando se puede, cuando se tiene
algo que decir, cuando le roba uno tiempo a la vida.
¿Haces
manuscritos o trabajas en computadora?
Hago
manuscritos y trabajo con computadora.
¿A
quién se parecen los personajes de tus textos?
Son
una suma de características de otros personajes, como
la criatura de Frankenstein.
¿Hay
algún episodio vivido o persona que hayas conocido que
haya generado tal fascinación que tuviste que escribir
sobre el acontecimiento o el personaje?
Ciertamente,
la mitad por lo menos de los personajes de Los caminos del hotel
provienen de la vida real y de una cotidianidad determinada.
Igual sucede con varios protagonistas de mis cuentos, no se
diga en mi novela La otra orilla, ahí sólo algunos
personajes son ficticios.
¿Escribir
es una forma de conocimiento?
Una
de las más interesantes formas de conocimiento y de autoconocimiento.
¿Crees
en la inspiración?
No.
Cuando mucho, creo que a veces una idea o una frase te pueden
favorecer la creación como el compás de la frase
musical de Vinteuil a Proust
Hay quienes afirman que a veces escribir es algo doloroso, ¿lo
es para ti?
Sí,
claro, cuanto se hace uno una vivisección sin anestesia
ni nada. Asunto necesario para vivir eso de las biopsias, pero
terriblemente dolorosas. La contraparte es, en correspondencia,
muy divertida: hay veces que puede uno sentirse como Quevedo:
burlándose de todo y de todos.
¿Cuándo
y cómo escribiste tus primeros textos?
Formalmente,
en El suplemento cultural de El Heraldo de México, que
dirigía Luis Spota en 1972, de donde fui colaborador
hasta 75-76, aproximadamente. ¿Cómo? Por una invitación
de Marco Antonio Campos, quien era mi hermano mayor de fechorías
literarias en aquella época junto con Luis Chumacero.
¿Cómo las aceptaron? Con benevolencia, creo. Lo
agradezco, fue un buen taller de inicio.
¿Cuáles
han sido o son tus grandes problemas en la escritura?
Ocasionalmente
me gustaría poder dedicar más tiempo a la escritura.
¿Te
ha sido fácil dominar la gramática y la sintaxis?
Estudié
Letras Hispánicas. Conozco mi lengua. ¿Dominarla?
Eso debe procurarse a lo largo de la vida.
Cuando estás en el proceso de escribir, ¿te
retroalimenta la lectura de otros autores?
Claro,
investigo alrededor de los temas que trato permanentemente.
¿La
práctica continua de la lectura ayuda en la redacción?,
¿por qué?
Sí,
otros autores han encontrado una respuesta a nuestras dudas;
es cuestión de estar atentos a lo que leemos. Se aprende
redacción redactando y leyendo a los clásicos.
Se aprende a través del ejemplo.
¿Cuál
crees que sea la utilidad de los talleres de escritura?
Absoluta.
Siempre que no se declare uno parte del inventario de un taller.
Si estuvieras en una isla desierta,
¿qué libro te gustaría que te acompañara?
Odio
la pregunta. Pero de los primeros libros que tomaría
para un viaje largo es Guerra y paz de Tolstoi.
¿Qué
opinas de la reelectura?
Es
el más grande placer de la lectura. Un libro que soporta
varias relecturas es un clásico.
¿Cuál
es tu experiencia más afortunada con la escritura?, ¿cuál
es la más desafortunada?
Hay
varias afortunadas. En especial recuerdo que "Noche de
agonía" (Un cuento de Vals sin fin), que no había
sido bien visto por mis maestros de taller, en una lectura pública
en 1994 me valió la felicitación de un oyente
muy peculiar, un joven obrero que me felicitó calurosamente
por la historia, ésa es una situación afortunada.
La más desafortunada, ocurrió al paso del tiempo,
cuando me di cuenta que tanto Monterroso como Donoso mis
maestros, tenían razón.
¿Nos
quieres hablar libremente de tu obra? Menciona,
por favor tus obras más importantes.
Mi
trabajo no está condicionado por presión alguna.
Es una obra hecha con gusto, que es resultado de una constante
meditación o investigación acerca de los asuntos
de la vida que me interesan: las mujeres, los amigos, la historia,
la relación de los hombres con los dioses, asuntos de
la ciencia con los hombres, la separación entre amantes,
el amor y la muerte. Me ha gustado explorar todos los géneros:
la poesía y el teatro, el cuento y la novela, escribo
muchos ensayos y en ocasiones he debido por razones de
mi trabajo escribir algunos discursos de modo que me siento
muy a gusto entre mis colegas hablando de libros que pueden
divertirnos o enseñarnos. Creo que mi trabajo es muy
distinto al de mis contemporáneos, los nacidos en los
cincuenta, que han comentado que mi trabajo les parece cuidadoso
y lleno de fantasía. A esta última, prefiero llamarla
observación e imaginación.
Los libros más fáciles de conseguir actualmente
son: Pueblos fantasmas, poesía, Conaculta, 2000. Cielos,
tierra e infiernos. Antología personal. Col. ¿Ya
Leíssste?, ISSSTE, 1999. La sangre de su corazón,
relatos, UNAM, 1999. Luz oscura. Teatro, UAM Xochimilco, 1999.
Reina de sombras, recuentos, Col Punto Fino, IPN, 1996. Antes
y después de Drácula, antología acerca
del origen del vampiro, Ed. Vid, 1998.
Por favor, envía un
mensaje para los jóvenes en relación a la lectura
y la escritura.
A quien corresponda
Presente.
Entre los grandes placeres
(o vicios) debe considerarse a la lectura, una de las formas
más sutiles de apoderarse del mundo. Medio ideal para
conocer el corazón de la mujer y del hombre, así
como una clave espléndida para enseñar a pensar
y evitar errores de toda naturaleza. Quien lee, escribe. Escribir,
como la paternidad o la maternidad, es alcanzar una vida más
larga, una forma íntima de perpetuación, más
allá de nuestra cápsula temporal, que es el cuerpo.
Una forma muy sencilla de aprender los secretos esenciales de
la eternidad.
Hay gente que sólo vive una y sola vida. Quien lee, vive
innumerables vidas. Quien escribe, puebla al mundo de almas
nuevas, comparte otras mentes y otras experiencias. Es un hombre
o una mujer capaz de cambiar otras vidas sin tener que apretar
ningún instrumento fatal o fabricar objetos de imposible
manejo. Los grandes, los escritores ejemplares son, en suma,
médicos de espíritu infatigable, cuya promesa
de vida del nuestro espíritu es inmensa e impagable.
Saludos
Bernardo Ruiz
Escribo
porque sí ...
|