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¿Cómo nace o surge su escritura en el momento
que se pone a escribir?
No
podría decirlo con precisión porque tengo mucho
tiempo de estar escribiendo. Cuando me pongo a escribir algo,
ya sé lo que quiero decir, ya tengo más o menos
claro qué es lo que voy a expresar; el problema que se
presenta es el de la forma y del género que se trate:
un cuento, una novela. Cuando ya tengo la idea, es cuestión
de escribir la primera frase, de dejar correr la pluma, esa
frase jala a las demás.
¿Para
usted escribir es o fue una necesidad?
Cuando
era muy joven primero imité a otros autores; después
fueron intentos, hasta que llegué a cierta formación
de escritor. Al publicar mi primer cuento me di cuenta de que
podía, y me lancé como pude, con cierta timidez,
sin experiencia, pero sabiendo ya que sentía una vocación.
Fue entonces cuando se volvió una necesidad. Me lancé
al agua cuando tenía como veintidós años
y entonces vino una necesidad de seguir escribiendo, de aprender
el oficio.
El
oficio de escritor es muy complicado; requiere no sólo
de la imaginación, porque la imaginación está
libre para lo que se nos ocurra, pero si queremos convertirla
en obra de arte como es la literatura, ya el problema comienza
por el oficio. Es decir, por el estudio del lenguaje, de la
gramática, de saber combinar las palabras de la mejor
manera posible, porque no se trata sólo de aprender a
redactar. El problema del escritor es hacer una obra de arte,
porque escribir es indiscutiblemente un arte. Se empieza y no
se termina nunca de escribir, de aprender. Lo que parece un
trabajo muy arduo: el estudio de la gramática (y dentro
de ella, de la sintaxis y de cada una de las partes que la forman),
se convierte en algo muy agradable que uno busca; no es que
se lo esté imponiendo, uno quiere aprender cada vez más
para hacer mejor su trabajo, y eso se convierte en un placer,
en una forma de vida incluso.
Así con gusto y con trabajo, escribo. Es apasionante,
como la vida.
Cuándo usted escribe, ¿piensa en el lector?
Sí,
yo soy de los que escriben para los lectores; siempre estoy
pensando en el otro. Usted me pregunta si tengo cierta figura
a la que me estoy dirigiendo, pero no. Cuando empecé
pensaba en lectoresposibles que generalmente estaban muertos,
como Cervantes, Góngora... Eso no me ayudaba, más
bien me aterraba, y creo que aterra a cualquiera. Entonces me
puse a pensar en los lectores que andan en la calle, gente común
y corriente; también en quienes saben mucho de literatura:
a esa mezcla dirijo mis textos.
¿Cómo
relaciona la lectura con la escritura?
Creo
que van juntas; para mí primero fue la lectura; claro,
estaba en la escuela primaria y prefería las clases de
literatura, ya como vocación. Imitaba los textos de las
lecturas escolares y así comenzaron a relacionarse a
mi vida. Mi primer oficio es de lector, cuando no escribo estoy
leyendo, pero la escritura es
un arte ¿no?, por eso el escritor es inquieto: busca
la pintura, busca la música, busca las otras artes para
enriquecer su escritura. Lo mismo debe de pasar con los músicos:
se alimentan con las otras artes... hay grandes músicos
que son grandes lectores. De todo se alimenta uno, ya no digamos
de la vida...
¿Tiene
algún método para escribir?
No,
me siento a escribir lo que ya he pensado en determinado género.
¿Cuenta
con alguna rutina u horario para escribir?
No,
no los tengo. Nunca pude disciplinarme en el sentido en que
otros han podido hacerlo. Yo no, no puedo, soy muy inquieto.
Entonces escribo media hora y me pongo nervioso: salgo, doy
una vuelta, voy a un mercado o a la calle; regreso y empiezo
de nuevo, pero no disciplinadamente. Tampoco escribo todos los
días.
¿Escribe
de manera manuscrita?
Sí,
desgraciadamente para mí, la computadora llegó
demasiado tarde.
¿A
quién se parecen los personajes de sus textos?
No
sé, creo que se parecen a los personajes que están
dentro de mi cabeza.
¿Hay
algún episodio o persona de la vida real que lo haya
impulsado a escribir? Tal
vez una anécdota...
Sí,
primero fue un profesor de cuarto de primaria. Teníamos
un libro que se llamaba Libro de Lecturas. Todavía lo
tengo...Ese libro traía textos muy serios porque en ese
tiempo a los niños no se les daban las cosas adaptadas
a su edad, sino que se les daban los textos tal y como los había
escrito el autor. Así que yo leí en ese libro
poemas traducidos de autores franceses en sus versiones reales.
El profesor se dio cuenta de que a mí me interesaba muchísimo
la poesía y los textos literarios. Entonces me animaba
a seguir por ese camino: es el recuerdo más lejano que
tengo de alguien que me haya impulsado. Después pasaron
los años... yo era muy pobre, y cuando tenía dieciocho
años y trabajaba en una carnicería: entre reses
y entre cuartos de reses, ahí me encontré a otra
persona que se dio cuenta de mis aficiones literarias. Me impulsó
no sólo a leer, también a escribir, lo cual él
alimentaba recomendándome autores y regalándome
obras de Shakespeare, de Víctor Hugo... Fue para mí
un mentor, como se decía antes. Fue una gran suerte haberlo
encontrado, donde menos podía esperarse: en una carnicería.
¿Cree
usted en la inspiración?
Sí,
ese tema que siempre anda por ahí: si el escritor debe
esperar la inspiración o debe ponerse a hacer lo suyo
como una disciplina, y que finalmente de esa disciplina y de
ese trabajo va a salir la obra. Creo en la inspiración,
pero evidentemente también creo en el trabajo. La inspiración
de que se me ocurra algo, de que venga una idea, ¡ahí
se puede quedar si no la convierto en algo concreto a base de
trabajo! Hay hasta dichos sobre eso: hay los que dicen que es
5% de inspiración y 95% de transpiración.
Hay
otra cosa que quiero decirle: Yo nunca tomé la literatura
como profesión, sino como afición: no quiero,
ni quise convertirme nunca en un fabricante de textos literarios.
¿Escribir
es para usted gozoso?, ¿doloroso? ¿Cómo
es para usted esa experiencia?
Las
emociones cuando uno escribe son gozosas y son dolorosas. Son
gozosas si a uno le está saliendo bien lo que se ha propuesto,
son dolorosas cuando no sucede eso. Es muy raro, aun cuando
se sea muy buen escritor, que se escriba de corrido, sin problemas
que a veces es muy difícil resolver.., pero en el momento
que se solucionan es algo muy gozoso. En otro sentido podemos
encontrar lo gozoso o lo doloroso. En una narración,
ya sea cuento o novela, siempre se está tratando con
personajes humanos. Es muy interesante lo que usted me preguntó
porque puede ser muy doloroso si lo que está tratando
es doloroso para el personaje que está creando. ¿Qué
le quiero decir con eso? Que si sufre el personaje del cuento
o de la novela, el escritor debe sufrir también con él;
y en ese sentido puede ser sumamente doloroso para el escritor
que se mete verdaderamente en los sufrimientos que está
describiendo. Es decir, si el personaje llora, el autor tiene
que llorar también con él. Si eso no sucede, no
se vale. Si el escritor no adopta esos sufrimientos, está
mintiendo... El escritor debe hacer que el lector o destinatario
final también sienta todo eso.
En
sus inicios como escritor ¿cómo
fue resolviendo sus problemas con la escritura?
Los
resolví estudiando. Cuando me dí cuenta de que
quería ser escritor, lo primero que hice fue estudiar
el idioma leyendo a los clásicos españoles, donde
suponía que estaba mejor expresado nuestro idioma. ¿Qué
hice? Cuando salía del trabajo me iba a la biblioteca
a leer. Necesitaba una base, así que leí a los
escritores españoles del Siglo de Oro: Cervantes, Quevedo,
Lope de Vega... A
quien no tiene la vocación de escritor, la gramática
se le hace muy difícil; o la consulta de diccionarios;
pero es necesario conocer el bien primario, que son las palabras.
¿Cuál
es su libro favorito?
Sé
cual es, pero me parece que eso lo debe de decir todo el mundo...Como
obra cumbre, cómo lo máximo que se ha escrito
en su género es El Quijote evidentemente; pero no suena
bien decir eso, no sé por qué... Es la primera
novela moderna en español. Siento que ese es mi libro
favorito...
Maestro
Monterroso, ¿cuando
escribe lo retroalimenta la lectura de otros autores?
Siempre
se está uno retroalimentando. En este oficio, la escritura
y la lectura van muy unidos. Al leer uno se está alimentando,
y aquí viene otra cosa: que la lectura por sí
sola no es suficiente. Uno puede volverse un ratón
de biblioteca: alguien que vive en un mundo aparte o que
no vive en este mundo. El escritor debe conocer también
a las personas. Leer, leer y leer solamente no convierte a nadie
en un gran escritor. También tiene que vivir. Uno puede
ser mejor escritor si uno ha vivido el amor y el odio; ha vivido
aventuras, ha pasado necesidades, ha sido feliz en la vida real;
no en la de la ficción.
¿Qué
piensa de la autocorrección?
Esa
pregunta es muy interesante... Mi experiencia en ese sentido
es la de un escritor solitario. Nunca pasé mis textos
a otras personas para que me aconsejaran, para que los corrigieran...
no por otra cosa, sino por timidez. Fui siempre muy tímido,
me lanzaba solo al agua, por eso he aprendido a corregirme a
mí mismo, lo hago muchísimo. Un texto mío
no aparece como estaba en la primera versión, sino que
ha sido objeto de mucha corrección y eso es inevitable,¿no?
No es que no se pueda pedir ayuda. Aquí viene algo que
descubrí en mucho tiempo de práctica y es que
para quitarse el miedo a escribir, lo mejor es pensar que lo
que uno está escribiendo es un borrador, que va a pasar
por otra revisión, que lo va a convertir en un segundo
borrador, y luego un tercero.., y puede haber veinte, hasta
que a base de ajustes el texto quede como el ideal que uno tenía
al principio. Hay mucha gente que está en contra, he
tenido alumnos que me decían: Pero entonces, la
espontaneidad...¿qué pasa con la espontaneidad?,
¿dónde queda? No es cuestión de espontaneidad,
sino de trabajo y de ajustar el producto al sueño que
se tiene. ¿Verdad?
¿Qué
opina de la relectura?
Tengo
muy buena opinión de la relectura. Los libros deben ser
escritos para ser releídos. El ideal de un escritor es
que sus libros sean releídos, una vez aunque sea, pero
si puede ser tres o más... eso es algo que se gana; quiere
decir que el libro es rico y hay cosas que el lector no vió
la primera vez. Bueno, eso pasa con los clásicos, son
libros que uno está releyendo siempre. En cambio, esos
libros que se venden por millares actualmente no admiten relecturas.
Si
es tan amable de hablarnos libremente de su obra, y dentro de
ésta, ¿cuáles
son sus libros favoritos?
Entre
mis libros no tengo uno que considere favorito. No tengo forma
de compararlos entre ellos. Todos son diferentes: uno es una
novela, y el otro un libros de ensayos... Todo lo que he escrito
me gusta, lo digo sin falsa modestia; lo publiqué porque
me gustaba.
Maestro,
ya esta es la última pregunta,:
¿le gustaría decir algo a los jóvenes,
algo en cuanto a la lectura, a la escritura...?
Todo
aquel que tenga la oportunidad, la suerte de leer, tiene una
riqueza muy grande. El simple goce lo está formando a
uno, y también le está dando armas para toda la
vida. En cuanto a la escritura, eso ya es otra cosa.., depende
de una vocación. No se puede forzar. El que quiera ser
escritor va a sentir dentro de él la necesidad de expresarse,
de decir lo que siente o lo que piensa. Debe sentir que es una
vocación, que es un llamado.., pero hay otra cosa también:
no es sólo la vocación, la persona debe saber
si tiene el talento, porque escribir es un arte. Eso vale para
pintores, para músicos... Si no tiene talento puede pasarse
toda la vida en algo que no era su vocación, pues la
equivocó. ¿Qué hacer entonces? Bueno, eso
cada quién lo debe resolver.
Escribo
porque sí ...
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