Entrevista de Osvaldo Ferrari a Jorge Luis Borges*

(Conversación en torno al viaje de Borges a Grecia, la filosofía occidental, la ceguera)


Osvaldo Ferrari: Ah, claro.

Jorge Luis Borges: Eso desde luego, y nos rigen inconscientemente, pero nos rigen.

Osvaldo Ferrari: Pero, es curioso, porque filósofos occidentales, como Wittgengstein, por ejemplo, terminan hablando de las posibilidades de lo místico o de lo divino, después de todo el circuito cumplido por la razón a lo largo de siglos.

Jorge Luis Borges: Y, posiblemente si se practica exclusivamente la razón, uno llegue a ser escéptico de ella, ¿no?, ya que toda persona llega a ser escéptica de lo que conoce. Los poetas respecto del lenguaje, por ejemplo: son fácilmente escépticos del lenguaje, precisamente porque lo manejan y porque conocen sus límites. Creo que Goethe dijo: "A mí, que me ha tocado la peor materia", que era el idioma alemán ­cosa que creo que es un error de él­ pero, en fin, él, que tenía que lidiar con el alemán, sabía sus límites. Bueno, y si no es inmodesto decirlo... yo, en fin, mi destino es la lengua castellana y por eso soy muy sensible a sus obstáculos y a sus torpezas; precisamente porque tengo que manejarla. En cambio, en el caso de otros idiomas, los recibo, simplemente. Pero los recibo con gratitud, yo trato de recibir con gratitud todas las cosas, y no advierto sus defectos. Pero, posiblemente, si mi destino hubiera sido otro idioma, yo me daría cuenta, bueno, de las deficiencias o de las incapacidades de ese idioma.

Osvaldo Ferrari: Es curioso: usted habla últimamente cada vez más de la aceptación y la gratitud.

Jorge Luis Borges: Es que yo creo, como Chesterton, que uno debería agradecer todo. Ya el hecho, Chesterton dijo, que el hecho, bueno, de estar sobre la Tierra, de estar de pie sobre la Tierra, de ver el cielo, bueno, de haber estado enamorado, son como dones que uno no puede cesar de agradecer. Y yo trato de sentir eso, y he tratado de sentir, por ejemplo, que mi ceguera no es sólo una desventura, aunque ciertamente lo es, sino que también me permite, bueno, me da más tiempo para la soledad, para el pensamiento, para la invención de fábulas, para la fabricación de poesías. Es decir, que todo eso es un bien, ¿no? Recuerdo aquello de aquel griego, Demócrito, que se arrancó los ojos en un jardín para que no le estorbara la contemplación del mundo externo. Bueno, en un poema yo dije: "El tiempo ha sido mi Demócrito". Es verdad, yo ahora estoy ciego, pero quizás el estar ciego no sea solamente una tristeza. Aunque me basta pensar en los libros, que están tan cerca y que están tan lejos de mí, para, bueno, para querer ver. Y hasta llego a pensar que si yo recobrara mi vista, yo no saldría de esta casa y me pondría a leer todos los libros que tengo aquí, y que apenas conozco, aunque los conozco por la memoria, que modifica las cosas.

Osvaldo Ferrari: Es un diálogo que tuvimos recientemente, yo le dije que últimamente usted se alejaba de Platón, pero ahora veo que está más cerca que nunca del Platón místico que mencioné antes.

Jorge Luis Borges: Y, quizás alejarse de Platón sea peligroso. Y de Aristóteles también, ¿no?, ¿Por qué no aceptar a los dos?; son dos bienhechores.

* Tomado de "Conversaciones de Jorge L. Borges con Osvaldo Ferrari" aparecidas en 1984 en el periódico Tiempo Argentino

 


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