Ya llevo muchos años escribiendo y siento cuando estoy en el
estado proclive, propenso a escribir algo, lo llamo "estar a punto
de poema", bueno, a veces es un poema, a veces un relato, a veces
una novela, un ensayo... Es una sensación interior que hace que
no tenga ninguna duda acerca de cuál es el género. Hay
ocasiones en las que tengo estado de opinión, y otras un tema
que sé que es un cuento o sé que puede ser el germen de
una novela.
Pero
no escribo todos los días, ni muchísimo menos, paso largos
periodos sin escribir. Yo distingo entre el acto físico de escribir,
el estar sentado frente a la computadora, y el acto interior... Escribiendo
estoy todo el tiempo, porque escribir es un ángulo de extrañamiento
desde el cual miras el mundo como si no estuvieras completamente integrado
en él. Así que la pregunta es qué observas: el
rostro de la gente, las calles... Yo creo que la posición de
marginalidad del escritor es la de no estar completamente integrado,
de no estar completamente adaptado a la vida.
La
vida sigue siendo una cosa misteriosa, y cada uno es un observador que
ve su propio cuadro. El escritor tiene que ser su cuadro, para investigar
su estado de ánimo, para investigar sus sentimientos y yo creo
que para vivir cosas que a veces no le hacen bien a su vida, pero le
hacen bien a su literatura. En ese sentido tiene que saber que es un
aventurero interior. El escritor no puede actuar únicamente mediante
la razón, porque si hiciese eso escribiría sólo
cosas banales, no profundizaría. No hay ninguna inocencia del
uso de las palabras por parte del escritor, siempre que sea un escritor
consciente de una de las finalidades de la literatura es la belleza
de la lengua.
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Escribir es una profesión de alto riesgo, de altísimo
riesgo. Todas las cosas profundas son arriesgadas. También es
verdad que hay escritores que no corren riesgos porque escriben con
la imaginación. Julio Verne escribió sobre mundos imaginarios
sin salir de su habitación, en cambio, otros escritores como
Joseph Conrad para escribir sobre una isla del Caribe se iban a ella
en una barca mal aprovisionada. El escritor tiene muchos instrumentos,
la experiencia, la observación, la imaginación... Según
el momento tienes unos u otros, y a veces todos en una misma obra.
Lo
que yo quiero dejar en mis textos siempre claro es que la pasión
no necesariamente es autodestructiva. La pasión es vida, es fuerza.
La cuestión es cuál es el objeto de la pasión.
No hay que criticar a la pasión, hay gente que nunca la ha sentido,
y hay que saber entregarse a algo, cuando una se entrega a algo las
cosas son más profundas.
De
hecho somos animales históricos. Las circunstancias obligan,
tú no sólo eres escritora, además eres víctima
y actora de un contexto socioeconómico, entonces es imposible
que algunos acontecimientos históricos no te influyan a la hora
de que tengas testimoniar acerca de ellos... y que de alguna manera
sientas que estás cumpliendo una función casi ética
y moral, que es denunciar la injusticia, la miseria, el dolor. Por eso
hay una gran parte de mi obra que en Uruguay tiene que ver con la denuncia
de las situaciones que condujeron a la dictadura. Hay todo un periodo
de mi literatura marcado por el exilio, es más, mi obra estuvo
prohibida en Uruguay durante la época de la dictadura, no se
podía nombrarme, me quitaron la nacionalidad uruguaya...
El
ser mujer determina algunas cosas, por ejemplo, las mujeres normalmente
no escribimos libros de guerra. En toda la literatura bélica
son los autores son masculinos, porque son los hombres los que hacen
la guerra y las mujeres las que las sufren... podría ser de literatura
bélica de víctimas. Luego hay fenómenos exclusivos
de las mujeres, por ejemplo, el embarazo, el parto... De manera que
hay algunas experiencias que son mejor conocidas por las mujeres. Ahora
bien, como yo creo que no hay que escribir ni leer sólo para
identificarse, y que el se busca a sí mismo en un libro es un
narcisista, lo que hay que hacer es precisamente leer para conocer lo
diferente, para enriquecerse... entonces, yo no creo que el hecho de
ser mujer determine ni los temas ni la manera de escribir o el hecho
de ser hombre tampoco.
El
hecho de ser mujer no condiciona para nada el tipo de literatura, ni
los temas, ni siquiera si yo escribo en yo masculino o femenino. En
un momento dado, una editorial decidió publicar una antología
de relatos sobre los pecados capitales, cada pecado iba a ser contado
por un escritor hombre y una escritora mujer. Yo escribí un cuento
sobre la lujuria, y el autor masculino fue Justo Navarro. Mi relato
está narrado en masculino y él lo escribió en femenino
¡Sin ponernos de acuerdo! Eso demuestra que justamente un escritor
tiene muchísimas veces la necesidad y las ganas de romper el
condicionante que es: si yo tengo el destino de ser mujer desde el punto
de vista genético y biológico para el resto de mis días,
puedo vencer esa limitación imaginariamente y a veces me pongo
en la cabeza de un hombre.
La literatura tiene que seguir rehaciéndose, porque aunque se
dice que ya está dicho todo, hay que decirlo todo otra vez, porque
cada libro se convierte en el libro que el lector lee.
Me
siento igual de cómoda en la poesía o en la narrativa;
no creo que haya una diferencia importante entre la poesía y
la narrativa. La poesía se escribe a renglón partido y,
a veces, a renglón continúo. La poesía no es una
forma es una esencia. Hay poesía en un paisaje, en una mirada,
en un momento determinado. No importa la forma que escribas, yo cuando
hago prosa también quiero hacer poesía... Solamente acepto
no hacer poesía en el periodismo, pero cuando no hay una necesidad
de una comunicación inmediata creo que la literatura es poesía,
se escriba en prosa o se escriba en verso. Y a veces también
hay muchos versos que no contienen poesía, por lo tanto no es
un problema de género.
El
lenguaje para nombrar es muy distinto del lenguaje para expresar, la
palabra mesa es denotativa, pero si yo estoy utilizando el lenguaje
de una manera metafórica, de una manera figurada estoy dando
ya una dimensión distinta al lenguaje. Lo meramente denotativo
es periodístico, y forma parte del lenguaje oral que tiene como
finalidad comunicarnos rápidamente En cambio, en la escritura
alcanza una dimensión mucho más amplia, hay distintos
niveles de una palabra, e incluso los niveles inconscientes de la palabra,
de la evocación.
Un
buen escritor jamás pone una palabra que le valdría lo
mismo un sinómino, porque incluso, aunque quieran decir lo mismo
suenan distinto. En un sentido estrictamente literario no existen los
sinónimos. En primer lugar porque suenan distinto, de manera
que no hay ninguna inocencia del uso de las palabras por parte del escritor,
siempre que sea un escritor consciente de una de las finalidades de
la literatura es la belleza de la lengua.
Las
palabras son seres vivos: nacen en un momento determinado, crecen, incluso
tienen un momento de auge, y hasta pasan de unos ámbitos a otros.
Por ejemplo, cuando hablamos de "depresión económica"
o "euforia bursátil" estamos pasando un término
de psicología a un campo financiero. Eso hace que la lengua esté
permanentemente viva y que el escritor tenga con las palabras un tráfico
carnal. Yo hay palabras que me niego a usar porque son feas, no las
diría nunca ni las escribiría, como hay otras que me muero
por usarlas, y a veces fuerzo un texto porque las quiero poner, porque
las quiero transmitir. Y esto, aunque el lector no lo sepa lo siente,
lo percibe sensorialmente, percibe su música.
Las
palabras, además, son un regalo que le damos a los otros, y que
el otro puede despreciar o puede valorar, en último término
hasta el amor es una cuestión de palabras. Los psicoanalistas
dicen que lo que uno dice lo determina el otro, se trata de cómo
interpretas tú esa palabra. Eso hace que la literatura tenga
que seguir rehaciéndose, porque aunque se dice que ya está
dicho todo, hay que decirlo todo otra vez, porque cada libro se convierte
en el libro que el lector lee.
Hay una anécdota que recuerdo con enorme cariño: en un
momento que estaba muy perturbada emocionalmente, en una conversación
con Julio Cortázar en París le decía: "yo
no sé de qué me sirve conocer tanto a la gente, estoy
harta de darme cuenta de cómo son los seres humanos, de ver lo
que veo, como si tuviese una cámara de rayos x y me hace sufrir".
Y me dijo "a mí no me pasa -porque él escribía
fundamentalmente con la imaginación-, pero no te preocupes Cristina
qué es por eso que vas a escribir lo que vas a escribir".
Y llegó un momento, cuando ya consideré que había
cumplido con mi conciencia política, que me pasé a la
literatura psicológica, entonces todo el conocimiento que he
adquirido, lo que percibo en los seres humanos se ha volcado en mi literatura.
Tenía razón.
*Fragmentos
de una entrevista a Cristina Peri-Rossi realizada por Susana Abreu.
