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Al
iniciarse la guerra yo tenía 6 años y recuerdo que
lo de la sublevación de Marruecos y la contrasublevación
en España no tenían mucho significado para mí.
Pero pronto lo tuvieron los ataques aéreos sobre Tarragona
que fue una de las ciudades más castigadas por la aviación
franquista. Las constantes alarmas, que a veces eran hasta diez
o doce cada noche, cuando el hidro italiano de la base de Pollensa
amerizaba mar adentro y volvía al cabo de un rato, destruían
la moral de los tarraconenses que al día siguiente debían
ir a trabajar.
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Los
que vivimos aquellos años no olvidaremos jamás como
tiembla la tierra cuando explotan las bombas, la siniestra visión
de los aviones enemigos (las pavas), los ataques que a veces les
hacían los aviones de Reus (los ratas), el hambre que sufrimos
muchos, especialmente los ancianos y todo aquel que no tenía
otro medio de avituallamiento que el magro racionamiento de la "cartilla"
(aceite, arroz, azúcar, carne, pan, bacalao, patatas, leche,
rezaba la cartulina azul). Los gatos desaparecieron, sea por falta
de comida o comidos (dicen que sabían a conejo) y no se veía
ni un perro. Los caballos también eran "oscuros objetos
de deseo". Con los restos de comida la gente criaba algún
pato o gallina en los lugares más inverosímiles de
las casas y las habas tiernas las freíamos con piel incluida.
Después vino la ayuda de los Friends (los amigos cuáqueros),
con el descubrimiento de la leche en polvo y la carne en lata (corned
beef). Todavía compro a veces corned beef para
acordarme del sabor. Me acuerdo del pan de harina de arroz que intentaron
elaborar y el aceite de avellana. Y el hambre. El hambre omnipresente.
Nosotros, mi familia y especialmente mi hermano y yo, no la sufrimos
ya que mis padres iban a pie a Vilallonga, a casa de unos parientes
y volvían, a pie, con judías, buen aceite y otras
cosas y, además, un pariente era panadero y siempre caía
algo, pero la cosa iba muy justa. Una de las imágenes más
impactantes que recuerdo fue cuando mi padre y yo fuimos a buscar
algo al piso semiderruido de la calle Cervantes y al pasar por delante
de la Cooperativa Obrera vimos una manifestación de niños
pequeños de seis o siete años como yo golpeando las
puertas con sus pequeños puños y pidiendo a gritos
"Queremos pan, queremos pan..." Yo tengo pan, pensé,
¿por qué ellos no?
Íbamos
a ver a las Brigadas Internacionales y a la División del
Campesino (solamente conozco a un antiguo brigadista y yo mismo
que podamos hoy en día cantar el himno de la División
del Campesino) desfilando por la Rambla y el 15 de Enero del 39
vimos pasar las tanquetas italianas por la Rambla Vella en dirección
a Barcelona. Y después todo el resto...
¿Conclusión?
Que todo aquello fue un disparate indigno por ambos lados. Que en
una guerra civil no hay inocentes. Que todos hicieron muchos desastres.
De madrugada, las exclamaciones de mis padres nos despertaban a
tiempo de oír los disparos de los fusilamientos en la Oliva,
primero de curas y "gente de orden" y después de
milicianos que no pudieron huir a tiempo. Da asco de pensarlo.
Testimonio
de Vicens Basora Francesch (Tarragona).
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La
Unidad Española en México (la voz de un republicano
en exilio camino a México).
No somos el clásico emigrante que atraviesa la ruta de los
mares con la pesadumbre de un fracaso inicial, sino un pueblo unido
en los mismos afanes, que camina hacia los mismos horizontes y que
no se disgrega con la triste convicción de una renuncia.
Hoy, más que en ningún momento estelar de la Historia,
debemos sentir el orgullo de ser españoles, vinculados por
propia estimación a los postulados fundamentales de la República.
México es un hogar, en donde después de un breve descanso
para recobrar el equilibrio interior, los españoles regresarán
con plenitud creadora a la bella tarea de acabar con la leyenda
bárbara que tejieron la astucia y la falacia de los dictadores
fascistas. Hemos de ser una selección. No vamos a enriquecernos
con avaricias que hicieron odiosa la tradición de los aventureros
que, al atravesar los mares, perdieron el íntimo concepto
de la patria, para adorar el vellocino de oro. Unidos en un mismo
propósito, nuestra aspiración ha de ser el retorno,
nuestra conducta y nuestro deseo, dejar una huella en el país
hermano, tan honda, que al partir nos llevemos la alegría
de una amistad imperecedera.
Y todos los días, cuando salga el sol, digamos con unción
religiosa y expresión civil, las bellas palabras del viejo
gruñón y escéptico, que fue Anatole France
-por una idea se es feliz o desgraciado, se vive o se muere-. Los
que cayeron en la lucha nos exigen a los que vivimos, que entreguemos
nuestra alma al futuro luminoso de la victoria republicana.
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Lomoza Silva
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**¿Qué diferencias y semejanzas encuentras entre
el primero y segundo testimonio?
¿Crees que los autores de los testimonios vivieron experiencias
parecidas? ¿Por qué?
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Poesía de la resistencia...
¡Traidor
Franco, traidor Franco,
tu hora será sonada!
Si tu nombre fuera Franco,
Se te saldría a la cara,
Encendiéndola de sangre,
Si tu sangre fuera Franca.
(...)
Tu nombre es como bandera
Que tu deshonra proclama.
Si la traición criminal
En ti franqueza se llama,
Tu nombre es hoy la vergüenza
Mayor que ha tenido España.
(Fragmento
de "El traidor Franco" de José Bergamín
en Romancero de la resistencia española, México,
1967).
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Poesía
del exilio...
Mañana...
¡para todos el mar!
El mar solo otra vez, como al principio,
Y el hombre solo, al fin, con su conciencia.
¡Para todos el mar!
Cada hombre solo, solo,
Sin Historia y sin grito,
Con el grito partido
Y las escalas y las sondas rotas.
(Fragmento del poema "El llanto... el mar"
de León Felipe en Romancero de la resistencia española)
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¿Por
qué no vuelves a tu tierra, a ti?
Te dirán que tu tierra ya no es tuya;
Que te aventó por malo; que reniega de ti.
Pero si tú eres ella y ella tú,
Reniego y aventón son cosas nulas,
Palabras muertas en el aire loco.
(Fragmento del poema "Tu tierra" de José
Moreno Villa
en Romancero de la resistencia española, México,
1967)
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