En 1609 en el libro Astronomia nova, otro importante científico,
Kepler, emitió su opinión a favor de las ideas de Nicolás
Copérnico, que más tarde sustentaron las tesis de Galileo
Galilei.
"Existen
muchos [hombres] devotos a la Santidad que disienten del conocimiento
de Copérnico, temiendo exponer la mentira del fantasma santo
que habla en las Sagradas Escrituras, y aceptar que la Tierra está
en movimiento mientras que el Sol permanece inamovible. Pero... muchas
cosas ocurren todos los días, de las cuales hablamos sin profundidad,
como de primera impresión, cuando sabemos que las cosas, por
sí mismas, son de otra manera. Es de preocuparse, por lo tanto,
saber quién o quiénes fueron los autores de la Santa Escritura,
especialmente cuando hablamos acerca de la naturaleza de las cosas en
palabras de los Santos. Yo respondo con una palabra: que en Teología
está el peso de la Autoridad, pero en Filosofía el peso
de la Razón es el que debe ser considerado. Podemos ver que era
'sagrado' Lactantius, quien negaba que la Tierra era redonda; 'sagrada'
es la Liturgia de nuestros Modernos, quienes admiten la pequeñez
de la Tierra frente al Sol pero niegan su movimiento: para mí,
no hay nada más sagrado que la Verdad."