La campaña de propaganda desatada por las compañías petroleras después del 18 de marzo de 1938 tuvo un carácter mundial, pero se concentró sobre todo en los Estados Unidos.

La reforma agraria y el apoyo al grupo de Lombardo Toledano, había rodeado al régimen cardenista de una aureola semicomunista antes de que la expropiación tuviese lugar. La posición de las empresas petroleras fue apoyada por los que desde 1934 habían visto con gran recelo el radicalismo mexicano. Tanto demócratas como republicanos, exigieron entonces un cambio en la política de Buena Vecindad; incluso la jerarquía católica en norteamérica se sumó a la condena.

El presidente mexicano envió a Estados Unidos un grupo de veinte personas, a explicar a través de conferencias y mesas redondas, los motivos que impulsaron a su régimen a nacionalizar las propiedades de las empresas petroleras. Imprimió folletos y otros materiales en ingles que se distribuyeron en territorio norteamericano. Los medios materiales no fueron suficientes para contrarrestar la propaganda de las compañías, pero aun así se consiguió la simpatía de algunos sectores liberales: México tenía derecho a disponer de sus propios recursos rescatándolos de quienes se los habían arrebatado al amparo de un gobierno dictatorial.

En México la propaganda de las empresas petroleras nunca llegó a poner en peligro la popularidad de la nacionalización a pesar de su empeño por demostrar que tal medida era el origen de una alza en el costo de la vida y de una depresión en la actividad económica.


Fuentes:

- Meyer Cosío Lorenzo;
"El conflicto petrolero entre México y Estados Unidos; 1938-1942"
en Foro Internacional, publicación del Colegio de México, vol.7: julio-dic. 1966

-Silva Herzog, Jesús
Historia de la expropiación de las empresas petroleras;
México, Petróleos Mexicanos, 1988

 


Expropiación petrolera
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