En
forma independiente la compañía Sinclair entabló
negociaciones con el gobierno mexicano. Para octubre de 1939, las pláticas
avanzaron lenta pero firmemente, y ambas partes fueron encontrando un
terreno de acuerdo cada vez mas amplio.
El
1° de mayo se firmó el documento por medio del cual se
indemnizaba al grupo Sinclair con una suma total que oscilaba entre
los 13 y 14 millones de dólares, se pagaría en efectivo
en un plazo de tres años y el resto con petróleo. Estas
propiedades representaban el 40% de la inversión petrolera
norteamericana y el 15% de el total. La Standard Oil desató
entonces una ola de propaganda con el fin de impedir que el petróleo
que se recibiera como parte de la indemnización entrase a los
Estados Unidos. No obstante México se mostró dispuesto
a concretar arreglos similares con el resto de las empresas afectadas.
Definitivamente la barrera había sido franqueada.
Hacia
1941 el periodo del presidente Cárdenas tocaba a su fin, al
igual que el del embajador Daniels , por lo que éste último
urgió al presidente Roosevelt a dar una solución definitiva
al problema . El 27 de Septiembre tuvo lugar una reunión de
Cordell Hull y los directores petroleros. El secretario de Estado
insistió en que el interés nacional exigía una
solución inmediata al problema, aunque tuvieran que hacerse
concesiones.
Los
líderes del grupo petrolero, no mostraron ninguna comprensión
y recalcaron su decisión de perder las propiedades de su compañía
en México antes que sacrificar el principio en que se asentaban
sus derechos de propiedad.
El
acuerdo de noviembre de 1941 liquidó el conjunto de reclamaciones
generales aún pendientes, concedió un préstamo
a México, así como un nuevo contrato para compra venta
de plata. Este acuerdo se conoció como el Good Neighbor Agreement.
El
gobierno mexicano de manera informal, dio a conocer sus propios cálculos
sobre el monto adecuado: Tomando en cuenta la deducción de
ciertas deudas que estás tenían con el fisco y con los
obreros, México se consideraba obligado a indemnizarlas por
un total de 40 208 813 dólares. Sin embargo las empresas insistían
en la indemnización inmediata que debería tomar en cuenta
el valor del petróleo en el subsuelo, según sus cálculos,
una suma aproximada de mil millones de dólares.
Ante
el conflicto en Europa, el departamento de Estado y el gobierno de
Washington empezaron a dar muestras de una menor hostilidad. Se propuso
el nombramiento de una comisión intergubernamental que acordase
el monto y forma de pago de los bienes expropiados.
La
presión de la Segunda Guerra Mundial junto con el precedente
sentado por el arreglo sobre la indemnización a los propietarios
norteamericanos afectados por la reforma agraria permitieron que en
1942 se llegara finalmente a concretar un acuerdo sobre la forma y
el monto que habría de tener la indemnización.
Los
términos de este arreglo fueron obra de una comisión
mixta, a cuyo frente se encontraron un representante norteamericano
y otro mexicano. El 17 de Abril de 1942 esta comisión asignó
un valor de 24 millones de dólares a los bienes de las compañías
petroleras que del total, un tercio fuese pagado el 1° de junio
y el resto en los cinco años siguientes.
Hull
informó a las compañías que no tenían
obligación de aceptar los términos del acuerdo, pero
debían saber que de ahí en adelante no contarían
con apoyo oficial.
El
gobierno mexicano se comprometió a pagar a las compañías
petroleras norteamericanas treinta millones de dólares.
Otro
aspecto que presionó a Estados Unidos por un doble motivo a
buscar arreglo de sus diferencias con México, aún a
costa de renunciar a puntos largamente defendidos, fue el conflicto
mundial. En primer lugar, el deseo de impedir un resquebrajamiento
en la unidad hemisférica, y en segundo, la necesidad de cierta
colaboración militar y económica entre México
y los Estados Unidos, para controlar el canal de Panamá. Particularmente
para que los aviones norteamericanos en vuelo hacia el canal pudiesen
contar con bases en México.