Después de Mahoma
A
la muerte de Mahoma, el número de seguidores de la nueva religión
había aumentado considerablemente y La Meca había declarado
su alianza a la fe. La Meca se convirtió en el centro espiritual
de la nueva religión y la Caaba permaneció como objeto
de veneración y ritual, pero ahora con un sentido estrictamente
monoteísta.
El
poder recayó en los miembros del círculo más cercano
a él, los cuatro califas hereditarios (califa significa "sucesor").
El último de los califas ortodoxos fue Alí, primo y yerno
del profeta. A su muerte, el poder de los califas fue arrebatado por
un gobernador de Siria. La mayor ruptura dentro del mundo islámico
tiene que ver con el problema de la sucesión legítima
después de la muerte de Alí.