Desde
el punto de vista del Antiguo Testamento se establece que los
hebreos permanecieron en Palestina hasta que llegó una temporada
de sequía y el nieto de Abraham, Jacob (también llamado
Israel), se trasladó a Egipto, donde la región del río
Nilo les aseguraría granos, caza y pesca. Esta se conoce como
la primera diáspora
del pueblo judío. Según la historia bíblica, los
descendientes de Jacob, o israelitas, se convirtieron en esclavos en
Egipto. En esas circunstancias, el profeta Moisés recibió
la señal divina de regresar a Canaán, la Tierra Prometida.
Durante los 40 años que viajaron por el desierto del Sinaí,
Moisés transmitió a los israelitas la idea de un Dios
único, los arengó en contra de la idolatría y les
entregó diez
mandamientos de la ley divina. Aunque no hay una comprobación
histórica de la diáspora y el regreso de los hebreos a
Palestina se sabe que, efectivamente, cerca del silgo XIII grupos hebreos
conquistaron a los cananeos.
Parece
que ante la necesidad de defensa, los hebreos se unieron en una sola
comunidad. En el terreno religioso, se cree que esta unión se
relaciona con la transformación de la idea del dios de la tribu
a la concepción de un único dios (Yaveh), que les había
ordenado ocupar la "tierra prometida" y que algún día
enviaría un Mesías destinado a liberar a su pueblo de
todo sufrimiento. No olvidemos que el judaísmo fue la primera
religión monoteísta de la historia de la humanidad.
En
fin, que al ocupar el territorio de los cananeos, éste se repartió
entre las tribus hebreas, que según la tradición religiosa
eran doce. Esta época se conoce en la historia sagrada como el
periodo de los Jueces y, según los historiadores, entonces se
asimilaron muchos de los elementos culturales de los cananeos. Más
tarde, se fundó el reino Israel, cuyo primer soberano fue Saúl
(1012-1004 a.C.). Su sucesor fue David (1004-965 a.C.), que estableció
la capital en Jerusalén y después reinó Salomón
(965-955), con quien Israel alcanzó su máximo esplendor.
Entre otras obras, Salomón erigió el Templo de Jerusalén
(962-955 a.C.). A la muerte de Salomón, el reino se dividió
en dos, Israel al norte y al sur Judá. Las luchas internas entre
ambos reinos y contra los reinos de transjordania debilitaron a los
judíos. En el año 721 a.C., los asirios destruyeron el
reino de Israel, que había durado dos siglos, y lo fusionaron
con otras regiones de su imperio para construir la provinicia de Samaria.
En
el año 597 a.C. los babilonios, que habían dominado a
los asirios, devastaron el reino de Judá con Nabucodonosor II
al frente, destruyeron Jerusalén en el año 587 a.C. y
deportaron a miles de judíos a Babilonia. Esta deportación
constituyó la fase final de la dispersión de los judíos,
cuando desaparecieron diez de las doce tribus semitas. A partir de entonces,
la región de Palestina padeció el vasallaje de diversos
imperios. En 538 a.C. los persas conquistaron Palestina, y el rey Ciro
permitió a los judíos volver a su tierra y reconstruir
el templo de Jerusalén; a partir de 332 a.C. invadieron el territorio
los macedonios y griegos; después los egipcios y los sirios y
finalmente los romanos (63 a.C.), quienes crearon las provincias de
Siria, Palestina y Decápolis. Durante la dominación romana
el judío Jesús de Nazareth predicó las enseñanzas
que fundaron el cristianismo. Cuando las legiones romanas destruyeron
Jerusalén y el segundo Templo en el año 70 d.C. casi todos
los judíos huyeron de Palestina y desde entonces vivieron como
minorías discriminadas entre otros pueblos. En esta época
se establece la segunda diáspora.
A
lo largo de mil años, Palestina pasó a manos de los bizantinos,
cristianos, árabes musulmanes, cruzados europeos, mamelucos egipcios,
turcos otomanos y desde 1917 a los británicos. En 1948 se fundaron
allí dos estados, el judío (Israel) y el árabe.