Solamente después
de la revolución neolítica fue cuando nuestra especie comenzó realmente
a multiplicarse con toda rapidez. La introducción de una economía
productora de alimentos afectó, como una revolución, a las vidas de
todos los involucrados en ella lo bastante para reflejarse en la curva
de la población.
Para incrementar
la provisión de alimentos, sólo fue necesario sembrar más semillas,
cultivando mayor extensión de tierras. Con más bocas para alimentar,
también vinieron más brazos para trabajar los campos. Los niños se
hicieron económicamente útiles porque podían ayudar a deshierbar los
campos, y a espantar los pájaros u otros animales destructores. Además
podían cuidar a las ovejas y vacas.
Prácticamente
en todos los más antiguos poblados productores de alimentos de los
examinados por los arqueólogos en Europa, el Cercano Oriente y el
norte de África, la industria básica era la agricultura mixta; además
del cultivo de cereales, criaban animales para emplearlos como alimento.