El periodo Paleolítico
comenzó hace 4 millones de años y terminó cerca del año 10 mil a.
de N.E. (Paleolítico superior). Esta era se desarrolló durante el
periodo geológico del Pleistoceno, también llamado Era glacial. Es
decir, la historia de los homínidos y de los primeros seres humanos
se desenvolvió entre cambios climáticos conocidos como glaciaciones.
Las
glaciaciones fueron un conjunto de fases frías (glaciares) entre las
que se intercalaban otras más cálidas (interglaciares) que se dieron
sobre todo en las zonas del norte del planeta, aunque también afectaron
el resto del mundo. Entre los períodos interglaciares las temperaturas
bajaban muchísimo, disminuían las lluvias y enormes masas de hielo,
a veces de espesor que superaba los mil metros, cubrían grandes extensiones
de la Tierra. En Europa, los avances glaciares llegaron a cubrir la
mitad del continente.
En los períodos
interglaciares, al ascender la temperatura, las masas de hielo se
fundían en parte y aumentaban las lluvias, elevándose el nivel de
las aguas marinas. Entonces volvían a producirse cambios en la configuración
de las costas, en la flora y fauna. Hacia el año 10 mil terminó la
última glaciación. Los hielos fueron retrocediendo hasta quedar reducidos
a su situación actual en el casquete polar y la temperatura en el
resto del planeta ascendió.
Los ancestros
del ser humano pudieron adaptarse a los cambios climáticos que trajeron
las glaciaciones, tanto en las praderas africanas como en los bosques
del Asia oriental, en la tundra y bosque de Europa o en las valles
americanos. Este entorno en transformación imponía diversas formas
de adaptación, según las distintas áreas ocupadas. La clave del éxito
de la especie humana radicó en que, mediante su inteligencia, supo
crear una tecnología adecuada a sus necesidades de supervivencia.