En el transcurso
del inmenso período del Paleolítico, los únicos métodos practicados
por el ser humano para asegurar su subsistencia fueron la recolección
y la caza. Pero apenas terminada la Edad de Hielo, la actitud de algunas
comunidades humanas hacia su medio ambiente sufrió un cambio radical.
Durante el periodo
neolítico se dio la primera revolución que transformó la economía
humana: el control del ser humano sobre su propio abastecimiento de
alimentos. Los humanos comenzaron a sembrar, a cultivar y a mejorar
por selección algunas hierbas, raíces y arbustos comestibles. También
lograron domesticar y criar ciertas especies de animales.
La
recolección dio lugar a la agricultura. La experiencia enseñó a las
mujeres, que fueron las principales recolectoras, la conveniencia
de arrojar algunos granos al suelo para que allí se reproduzcan. Después
se descubrió la utilidad de arrancar o cortar las demás plantas y
de depositar los granos en la tierra. Durante mucho tiempo, el agricultor
contó únicamente con la estaca y la azada como instrumentos de apoyo
tecnológico.
Los
primeros cultivos fueron de cereales: el trigo, la cebada y el centeno
en Europa, el mijo en África, el arroz en la India y China. El trigo
y la cebada, dos formas domesticadas de hierbas silvestres, fueron
los dos cultivos que fueron el fundamento de la economía durante el
neolítico. Estos dos cereales constituyen un alimento nutritivo, se
les puede almacenar con facilidad, su rendimiento es relativamente
elevado, y se les cultiva con cierta facilidad. Además, durante los
lapsos de siembra y cosecha, el cultivador de grano puede dedicarse
a otras ocupaciones.
Sin embargo, no
debe confundirse la adopción de la agricultura con la adopción de
una vida sedentaria. Además, la producción de alimentos tampoco desalojó
completamente a la recolección de alimentos.