Desde el siglo
XI, como resultado de las Cruzadas, los europeos reclamaban ciertos
productos a los que se habían acostumbrado de su contacto con Oriente.
Entre ellos, las especias, utilizadas para condimentar los alimentos,
también algunas plantas de uso medicinal. La ruta para llevar esos
productos a Europa era conocida como la de las especias; partía del
Océano Índico, llegaba al Golfo Pérsico y de ahí se trasladaba a Alejandría,
Antioquía y Constantinopla (hoy Estambul), ciudad que servía enlace
entre Oriente y Occidente y a través de la cual se hacían importantes
transacciones comerciales. Cuando en 1453 cayó Constantinopla en poder
de los turcos, la comunicación entre Europa y Asia quedó cortada y
entre los europeos surgió la necesidad urgente de encontrar otras
rutas hacia las riquezas comerciales de Oriente.
