"Una de las
figuras más típicas entre las mujeres de nuestro pueblo humilde,
es la "soldadera"; la compañera inseparable del peón de combate,
verdadero ejemplo de abnegación y constancia, rayanas en heroísmo.
Desafía todos los peligros de la campaña con extraordinaria temeridad;
en grupos, numerosos a veces, forman las verdaderas avanzadas adelantando
a los soldados destinados a este servicio, durante las más largas
y penosas marchas, llevando a cuestas lo indispensable para prevenir
a "sus' hombres, al fin de la jornada, comida caliente y descanso
confortable. Cuán caro ha costado esta previsión a estas pobres
mujeres en muchos casos; con lamentable frecuencia se encuentran
de manos a boca con el enemigo, que casi nunca les perdona la vida.
Procurando estar siempre cerca de los combates para ver de auxiliarlos,
a menudo caen muertas o heridas, alcanzadas por las balas contrarias.
En el combate son animosas y entusiastas al grado de los hombres,
y no pocas veces se dedican a disparar el fusil de los caídos, levantando
con sus gritos y exclamaciones el ánimo de los combatientes. Cuando
ven caer a un soldado, se lanzan en su auxilio y no descansan hasta
ponerlo bajo el amparo de las ambulancias. En la línea de fuego,
se multiplican, prestando servicios de verdadera importancia en
la provisión de fuerzas de agua y parque.
¿Qué falta a
cada una de estas mujeres para ser heroína de leyenda? Solamente
el mando de fuerzas con conocimientos de estrategia y de táctica
bastante, para conducir una legión a la victoria, puesto que alma,
intuición y valor, les tienen de sobra."