Hay estudiosos
del tema que proponen que el crecimiento de población de los cazadores-recolectores
y la extinción de ciertos animales (como los mamutes) los obligó a
buscar nuevos recursos alimenticios, lo cual trajo como consecuencia
el desarrollo de la agricultura. Al paso del tiempo, la economía se
volvió principalmente agrícola. Los principales cultivos de Mesoamérica
fueron el maíz, frijol, calabaza y chile. Aunque también tuvieron
importancia para la subsistencia los usos alimenticios que dieron
al maguey y los cactos, así como la caza de animales pequeños como
el conejo y el venado.
A diferencia de
otros pueblos del mundo, los habitantes prehistóricos de Mesoamérica
no conocieron los animales de tiro y carga (caballos, bueyes, burros,
etc.) ni ningún tipo de ganado (bovino, porcino, vacuno, etc.), por
lo que no desarrollaron una forma de vida basada en el pastoreo. No
hay evidencia de domesticación de animales relacionada con las actividades
agrícolas. Se cree que sólo domesticaron especies pequeñas como el
guajolote y el perro.
Entre los años
2 mil y 500 a. de N. E. aparecen las aldeas semipermanentes y permanentes,
que contaban con espacios donde se llevaban a cabo ceremonias y rituales,
enterraban a sus muertos y tenían lugares especiales para fabricar
cerámica.