En 1966, durante
una obra de construcción en la autopista México-Puebla, en un montículo
rocoso conocido como el cerro de Tlapacoya, a orillas del antiguo
lago de Chalco, quedaron al descubierto restos de huesos de animales
y algunos artefactos de piedra, osidiana y cuarzo, reunidos en torno
al rastro de una hoguera que se encendió en tiempos lejanos. El análisis
químico de ese hallazgo aportó la primera fecha remota en el estudio
de la prehistoria mexicana: 21 mil años de antigüedad.
Sin embargo, los
restos óseos humanos más antiguos que se conocen en nuestro país se
encontraron en el área del Distrito Federal. Durante unas excavaciones
del Metro se encontró un cráneo humano que data de hace unos 11 mil
años antes del presente. Otros hallazgos de huesos humanos que tienen
9 mil a 8 mil años se han encontrado en el Estado de México, Hidalgo
y Puebla.