Algunos orientales
(generalmente filipinos) llegaron a la Nueva España como esclavos
de los españoles.
Laboralmente,
no se les estimaba tanto como a los negros pero se apreciaba su rapidez
y sus aptitudes para ciertos trabajos artesanales y oficios humildes.
Los españoles definían a los asiáticos como "indios chinos", pagaban
tributo como los indígenas y se les aplicaban sus leyes. Entre los
españoles, los miembros de este grupo social vendían telas, velas,
yerbas, aguardiente y muchos eran barberos.