Los negros fueron
traidos a América en calidad de esclavos.
Eran más apreciados
que los indígenas para el trabajo porque tenían más resistencia física
y soportaban mejor el clima cálido y húmedo de tierras tropicales,
donde se les ponía a trabajar en las plantaciones de caña de azúcar.
Como los negros
no tenían lazos con los indígenas se les empleaba como capataces,
a los que el indio temía y obedecía. Era un grupo social rebelde y
hubo frecuentes rebeliones comandadas por negros o mulatos (por ejemplo
la rebelión de Yanga en Veracruz). Además, hubo bandas de esclavos
negros fugitivos ("cimarrones") que se convirtieron en vandoleros
que vivían en la sierra y atacaban los caminos. Los españoles trataban
de controlarlos poniéndoles severas restricciones.