La conquista rompió
en mil pedazos el mundo indígena.
Los europeos intentaron
imponer nuevas creencias, costumbres y actividades y, dentro de esta
nueva forma de vida, los indígenas quedaron en una posición de desamparo
social.
Las empresas españolas
dependían totalmente de la mano de obra indígena. En buena medida
por esta razón, nunca hubo una decisión abierta de exterminar a la
población indígena. Sin embargo, durante los 300 años que duró el
periodo colonial, disminuyó en un 90% la población autóctona. Muchísimos
indígenas murieron de enfermedades desconocidas en América y traídas
por los europeos (como la viruela). Por otro lado, el terrible choque
moral y físico de la conquista provocó que muchas mujeres indígenas
dejaran de procrear, o se practicaran abortos, para impedir que sus
hijos nacieran en las condiciones que sufrían sus familias. También
hubo suicidios y una gran cantidad de muertes provocadas por excesivas
cargas de trabajo. Poblaciones completas de indígenas prácticamente
desaparecieron de las franjas costeras a causa de enfermedades tropicales
y por condiciones inhumanas de vida que ahí se daban.
Antes de la conquista
existía todo un abanico social entre la población indígena, pero a
partir de la Colonia esta pluralidad se uniformó en un solo nivel:
todos se convirtieron en tributarios. A pesar de ello, en algunos
casos los españoles reconocieron diferencias entre los indígenas plebeyos
y nobles. Caciques y nobles funcionaron como instrumento de los españoles
para manejar y administrar a las masas indígenas y en ocasiones eran
los representantes de éstas ante los españoles. A cambio, los indios
principales recibían beneficios, como porciones de tierras, se les
permitía montar a caballo, podìan vestirse como los españoles, podían
conservar sus riquezas, etcétera. Algunos de estos indígenas eran
más ricos que muchos españoles aunque en la escala social siempre
estuvieron por debajo de estos.
En teoría, las
leyes españolas protegían a los indígenas de la sobrexplotación del
conquistador español y había leyes diferentes para unos y otros. Esta
legislación concebía al indígena como un menor de edad, sin capacidad
para tomar decisiones por sí mismo, siempre necesitando a un tutor
español que respondiera por él. Además, en un principio, se intentó
aislar a los indígenas en sus propias comunidades -"pueblos de indios"-
en donde estaba prohibido que vivieran los españoles.
La misma situación
de desamparo provocó un alcoholismo crónico entre los indígenas, a
veces fomentado por los mismos españoles para debilitarlos. Como una
medida de supervivencia, muchos indígenas se hispanizaron. Los "indios
ladinos" hablaban español e imitaba a los españoles y a los mestizos
en su forma de vestir y de vida. El ladino abandonó casi todas las
costumbres tradicionales de su raza y por eso se le consideraba un
traidor entre la comunidad indígena.