Con el establecimiento de la teoría de tectónica de placas a fines de los años 60 y principios de los 70, los sismólogos se pusieron muy contentos porque pensaron que pronto podrían predecir los terremotos. En febrero de 1975 unos científicos chinos midieron cambios en la elevación del terreno, los niveles de los lagos, la sismicidad y hasta el comportamiento de los animales en la provincia de Haicheng. A partir de esas observaciones anunciaron la inminencia de un terremoto. Las autoridades hicieron evacuar la provincia. A los dos días un terremoto de magnitud 7.3 sacudió Haicheng. Las medidas preventivas salvaron muchas vidas.
Pero al año siguiente un terremoto de 7.8 grados que nadie previó asoló la ciudad de Tangshan. El desastre causó 250,000 muertes. La “predicción” de Haicheng había sido coincidencia. Después de todo, si uno predice muchas veces, ocasionalmente acertará aunque sea por casualidad.
Hasta el día de hoy ni en los fenómenos atmosféricos ni en el comportamiento de los animales se han encontrado signos claros y consistentes que permitan predecir temblores. Ni siquiera en el comportamiento de las rocas y los gases subterráneos. Muchos sismólogos, por lo tanto, han perdido la fe. Tan mala fama tiene hoy la predicción de sismos, que en 2004 los participantes en un congreso de sismólogos la mencionaban recatadamente como “esa palabra que empieza con p ”, como si no quisieran decir una grosería. Pese a todo, con los nuevos aparatos y técnicas para recoger datos geológicos, la palabra que empieza con p está volviendo por sus fueros.
El Proyecto Earthscope es una iniciativa estadounidense para estudiar a fondo la estructura continental de Norteamérica usando lo último en instrumentos y técnicas de recolección y análisis de datos geofísicos. El 2 de agosto de 2005 una barrena situada a tres kilómetros de profundidad en la falla de San Andrés, en California, atravesó la frontera entre la placa de Norteamérica y la placa del Pacífico. El objetivo de Earthscope es obtener muestras de roca, gases y fluidos de una zona donde se generan sismos y colocar allí instrumentos para estudiar directamente el estado físico de las rocas, así como sus propiedades mecánicas y el proceso de ruptura antes y durante los terremotos. Con estos datos los científicos del Proyecto Earthscope esperan entender mejor los terremotos, recoger datos para poder simularlos en el laboratorio y la computadora y avanzar hacia la predicción.
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Un tramo de la falla de San Andrés, en California. La falla de San Andrés es la unión de la placa del Pacífico (izquierda) y la placa de Norteamérica (derecha). Estas dos placas se desplazan una junto a la otra. Sus roces provocan los grandes terremotos de California, la región más activa sísmicamente de Estados Unidos.
Torre perforadora del proyecto Earthscope, en la falla de San Andrés. Esta torre perforó un túnel inclinado que atraviesa la zona donde se juntan la placa de Norteamérica y la placa del Pacífico. Colocando instrumentos de medición en el lugar de la acción les permitirá a los geólogos saber más acerca de lo que ocurre cuando se produce un sismo.
Red Escolar, México 2006