Las ondas sísmicas se propagan por el interior de la Tierra. Al rebotar o pasar de una capa a otra se desvían. Los sismólogos captan las ondas de un mismo temblor en muchas estaciones distribuidas por todo el mundo. El orden en el que llegan a distintas estaciones lleva información acerca de las regiones internas que las ondas han atravesado en su camino.
Las ondas sísmicas de un terremoto intenso se pueden detectar en todo el planeta. Algunas pueden atravesar el manto, llegar al núcleo y reflejarse en las fronteras entre las diversas capas, adquiriendo así información acerca de las regiones que atraviesan. Los geofísicos registran las ondas de un sismo por todo el mundo y usan los datos para extraer esa información acerca del interior del planeta. Con este método, llamado sugerentemente tomografía sísmica, se ha hecho un mapa del manto (la capa de 3,000 kilómetros de espesor que va de la corteza hasta el núcleo exterior), se ha descubierto la estructura de la zona limítrofe entre el manto y el núcleo y se ha revelado la causa de que el continente africano se haya elevado 300 metros en los últimos 20 millones de años (se debe a una inmensa burbuja de magma que ha subido desde las capas inferiores y está empujando las superiores).
Sismógrafo moderno.
Pero las técnicas tradicionales de tomografía sísmica son muy toscas; no permiten distinguir estructuras de menos de 2,000 kilómetros. Hace 20 años el geofísico Thorne Lay empezó a desarrollar un método de tomografía sísmica con computadoras que permitiera ver estructuras más finas. Lo malo es que ni el número ni la distribución de los sismos en todo el planeta bastan para obtener una panorámica del interior de la Tierra con esta técnica más fina.
El interior de la Tierra es una región muy activa. Los movimientos del magma interno (roca semifundida) producen movimientos en la corteza terrestre. Estos movimientos son la causa de los temblores y de otros fenómenos geológicos. Por eso es importante conocer el interior de la Tierra.
La corteza de la Tierra está compuesta de placas de unos 30 kilómetros de espesor que se ensamblan como piezas de rompecabezas. Los choques y roces de las placas tectónicas producen los temblores.
Red Escolar, México 2006