Cada
uno de estos mapas da una respuesta distinta a la pregunta de cómo
es el mundo. ¿Cuál es el menos mentiroso?
Cuando
trasladamos los contornos de los continentes de la esfera a un plano
(es decir, cuando hacemos un mapa), siempre los deformamos de alguna
manera. En otras palabras, los mapas mienten.
Los
mapas que te mostramos son distintas proyecciones de la superficie
esférica de la Tierra sobre un plano. Cada proyección
es una forma distinta de mentir, y cada una tiene sus ventajas.
Los
cartógrafos no mienten por maldad, sino por necesidad. Es matemáticamente
imposible hacer un mapa plano sin introducir deformaciones. El cartógrafo
escoge cómo va a mentir según sea el propósito
de su mapa: ¿es una carta de navegación?, ¿es
un mapa para enseñar geografía?, ¿se utilizará
para determinar los caminos más cortos entre ciudades, o para
medir las distancias que median entre ellas? En cada caso se escoge
la proyección que más convenga.