En
una noche clara, lejos de las luces y de la contaminación de
la ciudad, las escasas estrellas que vemos los citadinos en nuestro
sucio cielo se convierten en miles de puntos brillantes de tamaños
que van desde simples partículas de polvo azul hasta grandes
y pulposas bolas de luz parecidas a las estrellas del cuadro Noche
estrellada de Vincent Van Gogh.
Una
franja de resplandor blanquecino, en la que parece que las estrellas
se juntan más, le da la vuelta a la bóveda celeste como
un cinturón que ciñera una esfera. Es la Vía Láctea,
y cuando la contemplamos estamos viendo el plano de nuestra galaxia.
Entre
miles de estrellas y uno que otro planeta hay también curiosas
manchitas de luz, como si un gigante hubiera tratado de borrar una estrella
con el dedo. Al telescopio algunas se ven como nubes amorfas, mientras
que otras tienen una forma elíptica bien definida. Se llaman
"nebulosas", término que proviene de una palabra latina
que significa "nubes". ¿Qué pueden ser?
En
el siglo XVIII los astrónomos pensaban que el universo era una
especie de enjambre de estrellas distribuidas al azar por todos lados,
salvo en la franja de la Vía Láctea. ¿Por qué
se veían más estrellas en la Vía Láctea
que en el resto de la esfera celeste? Nadie sabía.
Immanuel
Kant concibió los universos isla luego de leer en un periódico
deHamburgo
una engañosa reseña de un libro escrito por un astrónomo
inglés llamado Thomas Wright. El título del libro era
Teoría original o nueva hipótesis del universo,
y en él Wright proponía que las estrellas (entre ellas
el sol) estaban distribuidas en un cascarón esférico.
En el centro de este universo esférico y hueco se encontraba
el trono de Dios. Desde nuestra perspectiva, en el interior de la nube
esférica, veíamos más estrellas en la dirección
tangencial (hacia los lados) que en la dirección radial (hacia
dentro) y por eso nos parecía que las estrellas se apretaban
más en la franja de la Vía Láctea. Pero el autor
de la reseña entendió mal el libro de Wright y al reseñar
las ideas de éste, las mejoró sin darse cuenta. Kant creyó
que Wright creía que la Vía Láctea era un sistema
de estrellas en forma de disco aplanado.
En
su tratado Teoría de los cielos, escrito en 1755, Kant
decía que si el sol formaba parte de un sistema aislado de estrellas
en forma de disco, las manchas elípticas que se veían
aquí y allí en el cielo nocturno podían ser otros
sistemas del mismo tipo. Y en efecto, las nebulosas elípticas
presentaban formas que iban desde el círculo perfecto hasta la
simple línea, pasando por la elipse, como sería de esperar
si fueran discos vistos desde ángulos distintos.
Remolinos
cósmicos