Con su estudio de los cúmulos globulares Shapley pretendía
también determinar el tamaño de la galaxia. Hacía
tiempo había calculado que el diámetro del disco galáctico
era de entre 15 000 y 20 000 años-luz. Pero el cálculo
basado en las distancias de los cúmulos globulares arrojó
un resultado de 300 000 años-luz (en la actualidad se estima
que el diámetro de nuestra galaxia es de entre 70 000 y 100 000
años-luz). Shapley concluyó que la Vía Láctea
debía de ser la única galaxia del universo y que las nebulosas
espirales eran simples satélites de la descomunal Galaxia, con
G mayúscula.
Herbert
Curtis, del observatorio Lick, no estaba de acuerdo. Curtis suscribía
la hipótesis de los universos isla. En una reunión de
científicos que se celebró el 26 de abril de 1920 en Washington,
D. C. Shapley y Curtis expusieron en un debate sus opiniones respectivas,
y aunque se puede decir que Shapley "perdió", la verdad
o falsedad de una hipótesis científica no es cuestión
de retórica, sino de observación experimental. Si las
nebulosas espirales eran otras galaxias debería ser posible detectar
estrellas en su interior con un telescopio suficientemente potente.
Si además se encontraban variables cefeidas en las espirales
también sería posible determinar a qué distancia
se encontraban.
Edwin
Hubble, polifacético astrónomo del observatorio del monte
Wilson y futuro descubridor de la expansión del universo, se
puso a estudiar las nebulosas espirales conocidas como M33 y M31 (la
gran nebulosa espiral de la constelación de Andrómeda)
y encontró "densos enjambres de imágenes que no difieren
en nada de las imágenes de estrellas ordinarias". Con todo,
aún cabía la duda.
Shapley,
que no se llevaba nada bien con Hubble, afirmaba que las supuestas estrellas
extragalácticas de éste no eran más que grumos
en un remolino de gas laplaciano. Pero el 19 de febrero de 1924 (aniversario
número 461 de Nicolás Copérnico, por cierto) Hubble
le escribió a Shapley un escueto mensaje: "Le interesará
saber que he detectado una variable cefeida en la nebulosa de Andrómeda".
Del
periodo de su variable cefeida Hubble dedujo la distancia a la que debía
encontrarse: cerca de 1 millón de años-luz (en realidad
son dos). No había duda de que la espiral de Andrómeda
no formaba parte de la Galaxia. Además, dada su gran extensión
angular --el tamaño del que la vemos en nuestros cielos--, debía
de ser un objeto descomunal, de tamaño similar al que se calculaba
para la propia Vía Láctea. La nebulosa de Andrómeda
podía en adelante llamarse la galaxia de Andrómeda.
El
1 de enero de 1925 Hubble dio a conocer el hallazgo de variables cefeidas
en las nebulosas espirales. Éstas eran, por tanto, universos
isla y no nubes laplacianas en condensación. La Galaxia no era
única, y en consecuencia ya no podía llamarse simplemente
la Galaxia, con G mayúscula; ahora había que referirse
a ella como "nuestra galaxia", con minúscula.
Copérnico
demostró que la tierra no es el centro del universo; Darwin,
que los seres humanos descienden, como cualquier otro bicho, de bichos
más humildes; Shapley, que el sol no está ni remotamente
en el centro de la Vía Láctea, y Hubble (con considerable
ayuda de la relación de Henrietta Swan Leavitt), que la Vía
Láctea es sólo una entre miles de millones de galaxias.
¿Qué nuevas humillaciones nos depara el futuro? ¿Descubriremos
que nuestro universo, del que estamos tan orgullosos, no es único?
Si hubiera otros universos, ¿cómo podríamos saberlo?