Si de pronto nos transformáramos en gigantes capaces de sostener al sol con todos sus planetas en la palma de la mano nuestra visión del universo sería más adecuada para entender de inmediato lo que, como minúsculos habitantes de un planeta liliputiense, hemos tardado varios milenios de civilización en entender: que el universo está hecho de galaxias, que son grandes conglomerados de estrellas, gas y polvo, dispersos por el cosmos como islas en el Pacífico sur.

De hecho, antes de llamarse "galaxias" las galaxias se llamaron "universos isla", y el primero en proponer su existencia no fue un científico, sino un filósofo: el alemán Immanuel Kant.