La paradoja del navegante

El 9 de julio de 1522 el primer navío en darle la vuelta al mundo fondeó en la isla Santiago del archipiélago de las Cabo Verde. Era el único barco que quedaba de la flota con que partió Fernando Magallanes del puerto español de San Lúcar de Barrameda en 1519. Magallanes había muerto en las Filipinas; sólo 18 hombres de un total de 270 sobrevivieron al espantoso viaje.

Uno de esos hombres era Antonio Pigafetta, cronista de la expedición. “El miércoles nueve de julio llegamos a una de estas islas, llamada Santiago, y sin demora enviamos un bote a traer provisiones”, escribió Pigafetta en su diario. “Les pedimos a los tripulantes del bote que, al llegar a tierra, indagaran qué día era. Les contestaron que para los portugueses era jueves, lo cual los sorprendió mucho, pues para nosotros era miércoles y no sabíamos cómo habíamos podido equivocarnos. Pues todos los días yo, que nunca perdí la salud, había anotado la fecha sin falta. Luego nos informaron que no había error, pues que habíamos navegado todo el tiempo hacia el oeste y habíamos regresado al mismo punto de partida que el Sol, con lo cual el largo viaje nos había hecho ganar 24 horas”.

Los navegantes que daban la vuelta al mundo se encontraban con la paradoja de haber ganado o perdido un día, según la dirección de su travesía. Quienes viajaban hacia el oeste contaban un día menos que los que habían transcurrido en el puerto de partida, y quienes viajaban hacia el este contaban un día más

La insólita experiencia de perder un día o de ganarlo se repitió muchas veces entre los navegantes que daban la vuelta al mundo, pero ya desde el siglo XIV Nicolás de Oresme, pensador francés, había especulado en su Tratado de la esfera lo que les ocurriría a dos viajeros que salieran a dar la vuelta al mundo en direcciones contrarias. El que sale hacia el oeste va en la dirección en que avanza el Sol durante el día. Por lo tanto para él los días son un poco más largos (va persiguiendo al Sol, digamos) y al completar la circunnavegación ha contado un día menos que los que se quedan en tierra. El que sale hacia el este va en la dirección contraria al sol, de modo que los días para él son más breves. Al final este viajero cuenta un día más que los que permanecen en tierra y dos días más que el otro viajero. Los navegantes pueden tardar el mismo tiempo en completar su periplo, pero sus cuentas de los días diferirán en 48 horas.