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Por suerte, el asunto de la antigüedad de nuestro mundo también interesó a los científicos a partir del siglo XVII. Aunque Isaac Newton y Johannes Kepler también emplearon el método bíblico (y llegaron a resultados similares), a mediados del siglo XVIII Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, ideó uno nuevo. Buffon había estudiado fósiles. Sabía que el interior de la Tierra estaba caliente. De esto deducía que la Tierra debía haberse formado como una masa de roca incandescente (quizá salida del Sol). Tras su formación, se había ido enfriando poco a poco. Para Buffon, la cosa estaba clara: había que determinar cuánto tardaría en enfriarse una masa de roca fundida del tamaño de la Tierra. Para eso, el conde de Buffon recogió barro en el campo e hizo varias bolitas. En los bajos de su casa, calentó el barro hasta ponerlo al rojo vivo. Luego lo dejó reposar. Las bolitas de barro fueron perdiendo luminosidad conforme se enfriaban. Buffon midió cuánto tiempo tardaban en llegar a la temperatura ambiente y luego extendió el resultado a una bola de tierra del tamaño del planeta, que para entonces ya se conocía más o menos bien. El conde Buffon obtuvo una antigüedad de 75,000 años.

Los fósiles de criaturas que ya no existen indicaban que la Tierra tenía un pasado más largo de lo imaginado. Para poder dar origen a toda la diversidad biológica de hoy, nuestro planeta tendría que haber existido por muchos millones de años.

El método de Buffon puede parecer bastante primitivo y no muy distinto del de sumar edades de patriarcas bíblicos. Así es, en efecto: la Tierra no es una esfera de barro sólido. Tiene capas de distintas composiciones, entre otras dificultades. Con todo, Buffon fue el primero en adoptar una postura científica ante el problema de determinar la antigüedad de la Tierra.

El sol y los planetas se forman de una nube de gas y polvo, según la teoría de Pierre Simon de Laplace (vigente hoy en día en sus rasgos generales). El calor del sol debía provenir de la energía liberada al caer el material hacia su centro. Quizá eso permitiría calcular la edad del sol, y por lo tanto la de la Tierra.

Por esa época los científicos empezaban a ocuparse de otro problema: el de la diversidad biológica de la Tierra. ¿Por qué había tantas plantas y animales? ¿Cómo habían adquirido las formas que tenían hoy? La respuesta tradicional era que así las había creado Dios. Pero entonces, ¿por qué había fósiles de criaturas que ya no existen y que se parecen a las criaturas de nuestros días? Jean Baptiste Lamarck propuso una nueva respuesta: que las especies de plantas y animales de hoy descendían de especies del pasado, distintas a ellas. La teoría de la evolución de Lamarck no es la que aceptamos hoy, basada en el trabajo que Charles Darwin publicó unos 70 años después. Lamarck pensaba que un organismo podía heredarles a sus descendientes las características que había adquirido a lo largo de su vida (un poco como si quien perdió un brazo en un accidente tuviera hijos mancos, cosa que sabemos imposible). Con todo, la teoría de la evolución de Lamarck requería que la Tierra fuera mucho más antigua incluso de lo que proponía Buffon. Lamarck pensaba que la evolución requería millones de años, no los 75,000 que le daba Buffon.


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Red Escolar, México 2007

 
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