Los árabes conquistaron territorios de forma muy rápida. La dinastía omeya comenzó en el año 661 d.C. y la capital del califato fue Damasco. Los omeyas tuvieron ejércitos que continuaron aumentando los territorios del mundo islámico. En el año de 750 d.C. los omeyas fueron vencidos por una rebelión que comenzó en el este de Irán y culminó en la sucesión del califato a otra dinastía llamada abásida. Los omeyas fueron muy importantes en la historia musulmana de España. Después de la conquista abásida un príncipe omeya llamado Abd al-Rahman escapó del Medio Oriente y logró establecer un emirato en la Península ibérica. La palabra “emir” quiere decir aquel que da órdenes.
Los abásidas descendían de un tío del profeta Mahoma llamado al- Abbas. Ésta dinastía transfirió la capital de Damasco a Bagdad. El quinto califa de la dinastía abásida se llamaba Harún al-Rashid y gobernó de 786-809 d.C. Harún al-Rashid fue famoso por sus exitosas campañas militares en Asia menor y porque durante su gobierno, Bagdad creció y se volvió una de las ciudades más florecientes de la época. Los palacios que mandó construir eran de gran lujo y también se interesó por el conocimiento, la música y la poesía. Este califa fue inmortalizado en el bellísimo libro de las Mil y una noches. Éste texto contiene historias persas, árabes y egipcias. Los cuentos se transmitieron de manera oral y alrededor del año1400 adquirió su estructura fundamental.
Harún al-Rashid y el cuesco
- He llegado a saber, oh afortunado monarca, que cierto día en que el califa Harún al–Rashid se sentía dominado por el fastidio y se encontraba en idéntico estado de espíritu en el que ahora se encuentra Tu Serenidad, salió a pasear por el camino que va de Bagdad a Basora, en compañía de su visir Giafar al-Barmaki, de su copero favorito Ab-Ishak y del poeta Abu-Novas.
Mientras paseaban y el califa continuaba con mirada torva y labios apretados, pasó por el camino un jeque montado en un burro. Entonces el califa le ordenó al visir:
Averigua a dónde se dirige ese jeque.
Y Giafar, que ya no sabía qué inventar para distraer al califa, decidió distraer a costa del jeque, que iba tranquilamente por su camino, dejando el ronzal suelto sobre el cuello del asno que le conducía. Se acercó al jeque y le preguntó:
¿A dónde te diriges, oh venerable?
El jeque respondió:
A Bagdad, de regreso de Basora, que es mi ciudad.
Y Giafar insistió:
-¿Y a qué obedece un viaje tan largo?
El otro explicó:
A buscar un buen médico que me recete un colirio para este ojo.
Giafar recordó:
¡La suerte y la curación están en manos de Alá, oh jeque!, pero qué vas a darme si, para evitarte pesquisas y gastos, te receto yo un colirio que te cure el ojo en una noche?
El jeque respondió:
Sólo Alá puede remunerarte con arreglo a tus méritos.
Giafar se volvió entonces al califa y a Abu-Novas y les guiñó el ojo. Después dijo al jeque:
Exacto, venerable jeque, y no olvides la receta que voy a darte porque es sencillísima. Escúchala: toma tres onzas de soplo de viento, tres onzas de rayo de sol y tres onzas de luz de linterna; lo mezclas todo cuidadosamente en un mortero sin fondo y lo dejas expuesto al aire libre durante tres meses. Después lo machacas durante otros tres meses y lo viertes en una escudilla agujereada, que expondrás al viento y al sol durante tres meses más. Luego el colirio estará a punto y no tendrás más que espolvorearte el ojo trescientas veces la primera noche, tomando tres dedos grandes en cada ocasión y te duermes. Al día siguiente si Alá lo quiere, despertarás curado.
Ante estas palabras, como prueba de gratitud, el jeque se puso de bruces encima de su burro delante de Giafar y de súbito soltó un descomunal cuesco, seguido de dos follones, y le dijo a Giafar:
-Date prisa en recogerlos antes de que se disipen, oh médico. De momento, ésta es la respuesta de mi gratitud a tu remedio ventoso, pero puedes tener la seguridad de que apenas regrese a mi tierra, si Alá lo permite, te enviaré como regalo a una esclava que te proporcionará tanto placer que expiará tu alma. La esclava sentirá tanto dolor y tanta emoción al llorar sobre tu cadáver que no podrá por menos que orinar en tu cara fría y regar tus barbas secas.
El jeque acarició tranquilamente a su asno y continuó su camino, en tanto que el califa Harún al-Rashid se dejaba caer en el límite de la convulsión y reventaba de risa al verle la cara a su visir, inmóvil y con un gesto de sorpresa, y a Abu-Novas que con un gesto paternal simulaba felicitarle.
Actividades
El califa Harún al-Rashid tuvo supuestamente mil mujeres en su harem por lo que construyó un gran palacio en Bagdad. Harún conoció a una esclava llamada Dananir durante una noche de samar . En las noches de samar el califa escuchaba poesía y música y se enamoró de la voz de Dananir. Sin embargo, la esclava le pertenecía a su visir... Escribe un cuento con este tema.