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Los historiadores llamaron al periodo posterior a la caída del Imperio romano: Edad Media. Es importante contemplar lo que ocurrió en Europa en esta época, pero también debemos dar una mirada hacia otras regiones del mundo que dejaron un gran legado a la humanidad. La diversidad religiosa ha sido una fuente de conflictos a lo largo del tiempo, pero desde la antigüedad algunas personas consideraron que distintas religiones respondían a una sola esencia del ser humano.

Decamerón de Boccacio

“Los tres anillos y las tres religiones”

Contaré una historia que quizás les haga ser más cautos a las preguntas que les planteen. Ya saben, queridas compañeros, que así como ciertas bromas y juegos arrastran con frecuencia de un estado feliz a una miseria extrema, así la prudencia libra al sabio de enormes peligros y le conduce a seguro descanso. La verdad de lo primero nos la prueban numerosos ejemplos que no vienen ahora al caso relatar; en cuanto a lo segundo, que la prudencia y el buen juicio son motivo de consuelo y descanso, voy a demostrarlo brevemente como he prometido, por medio de una historieta.

Saladino, cuyo valor fue tan grande que no sólo llegó de la nada a sultán de Babilonia, sino que, además, le hizo alcanzar muchas victorias sobre los reyes árabes y cristianos, agotó todos sus tesoros en diversas guerras y en pródigas magnificencias. Como necesitaba, para nuevas contiendas que había sobrevenido, una crecida suma de dinero y no sabía de dónde obtenerla con la premura que la precisaba, recordó que un acaudalado judío llamado Melquiasedech se dedicaba a la usura en Alejandría. Pensó el sultán que éste tendría el medio de servirle, si quisiera. Ahora bien, el judío era tan interesado y avaro que, por su propia voluntad, jamás lo habría hecho. Saladino no quería usar de la fuerza abiertamente; no obstante, apremiado por la necesidad y previniendo que el judío no daría de buen grado el dinero, se valió de un medio, razonable en apariencia, para incitarle a servirle.
Habiéndole mandado llamar y recibido con familiaridad en su palacio, lo hizo sentar a su lado y le dijo:
-A muchas personas he oído decir que eres un hombre sabio y prudente, y estás muy versado en las cosas divinas, por lo que me gustaría que me explicaras cuál de las tres religiones, en tu opinión, consideras es la mejor y la verdadera: la hebrea, la musulmana o la cristiana.

 



El judío, que efectivamente era prudente y sabio, comprendió en seguida que el sultán trataba de tenderle un lazo con algún secreto propósito, y pensó que no podía alabar a una más que a otra si no quería que Saladino lograra sus propósitos, que él ignoraba. Aguzando el ingenio, con singular presencia de ánimo, respondió:
-Bella es, señor, la pregunta que se digna en hacerme, y de mucha importancia; pero, con el fin de poderos manifestar mi modo de sentir, me veo obligado a contaros un cuento, que sin duda le placerá. Recuerdo haber oído muchas veces que, en otro tiempo, y no sé en qué país, hubo un hombre rico y poderoso, el cual entre diversas joyas, poseía un anillo hermosísimo de gran valor. Dado que quería hacerse venerar con tal singular alhaja, como designio de su opulencia, dispuso en su testamento que aquél de sus hijos varones que tuviese en su poder la sortija a la hora de su muerte, fuera tenido y respetado como heredero. El hijo que la recibió en herencia determinó para sus descendientes lo mismo que con él iniciara su padre. De esta forma, la joya pasó de mano en mano a muchos sucesores, llegando finalmente a las de uno que tenía tres hijos, igualmente amables, virtuosos y obedientes, por quienes sentía igual afecto. Sabedores los jóvenes de las prerrogativas concedidas al poseedor de la sortija, y deseoso cada uno de ellos de ser honrado con la preferencia, halagaban a su padre, anciano ya, para obtenerla. El buen hombre, que lo mismo quería a uno que a otro y no acertaba a decidir sobre cuál de ellos sería el elegido, pensó en dejar a los tres contentos, puesto que a todos se la había prometido. Encargó en secreto a un hábil orífice que hiciera otros dos anillos idénticos al original, los cuales resultaron tan perfectos que a él mismo le era imposible distinguir el auténtico. Cuando sintió que llegaba la hora de su muerte, entregó con gran reserva una sortija a cada uno de sus hijos, los cuales, tras el fallecimiento de su padre, al querer separadamente adueñarse de la herencia y la primogenitura, negándose mutuamente ese derecho, cada uno de los tres mostró su anillo, como prueba de la legitimidad de sus aspiraciones, pero al verlos tan iguales no fue posible discernir cuál era el verdadero heredero, cuestión que no ha sido dilucidada jamás.



Este es el cuento, señor, y lo mismo pasa con las leyes que Dios ha dado a los tres pueblos que son objeto de vuestra pregunta: cada uno de ellos cree ser el verdadero heredero, todos están persuadidos de poseer su legítima ley y observar sus puros mandamientos. Queda por decidir, como en el caso de los anillos, cuál de las tres religiones fundamenta mejor sus pretensiones, cuestión que, según parece, no se decidirá en mucho tiempo.

Por la respuesta del judío comprendió Saladino que el astuto Melquisedesh supo librarse hábilmente del lazo que le había tendido y de la inutilidad de tenderle otro. Resolvió, pues, hablarle claramente. Le expuso la necesidad de dinero en que se hallaba, le pidió que se lo prestara, y le manifestó lo que había pensado hacer en el caso de que su contestación no hubiese sido tan discreta. Facilitóle generosamente el judío la suma que necesitaba, y el sultán, después, no sólo se la reintegró por completo, sino que le hizo valiosos regalos, teniéndole siempre por amigo y consejero.

Actividades

¿Qué piensas del cuento?
Forma 3 equipos
1)Cristianos
2)Judíos
3) Musulmanes
Cada equipo debe explicar a sus compañeros cuáles son los principios y preceptos de la religión que les corresponde.
Elaborar una cronología con los datos históricos más importantes.
Elaborar un calendario de las festividades de cada religión, explicando en qué consiste cada una.
Señalar en un mapa los sitios de importancia religiosa y mencionar ejemplos del patrimonio artístico perteneciente a cada religión.
Dibujar los símbolos que representan a cada religión.

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