El I Ching o Yijing es un libro de carácter
adivinatorio y su nombre quiere decir “El libro de los cambios
o las mutaciones”. El I Ching es el más antiguo
de los clásicos chinos. Los gobernantes de esta región
consultaron este texto desde la antigüedad hasta el siglo XIX.
El I Ching fue compuesto en la dinastía Zhou occidental
(1045-771 a.C.) y a lo largo del tiempo varios autores han contribuido
con sus contenidos. Originalmente existían 8 trigramas (grupos
de 3 líneas) que representaban aspectos de la naturaleza.

Cada
línea del trigrama podía ser continua -------------
o partida ------- --------. Las líneas continuas representan
a lo masculino (yang) y las líneas partidas a lo femenino (yin).
Yin y Yang son dos elementos opuestos del universo para los chinos.
Los primeros 8 trigramas eran estos:
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Cielo |
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Montaña |
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Tierra |
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Viento |
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Trueno |
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Fuego |
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Agua |
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Lago |
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Más adelante estos trigramas básicos se combinaron entre
sí para formar un hexagrama (grupo de 6 líneas). Para
el proceso adivinatorio se necesitan dos trigramas o un hexagrama.
Cada hexagrama se puede definir con distintas técnicas. Una
de ellas es lanzar tres monedas al aire. Cada cara de la moneda tiene
un valor asignado de 2 o 3. Si la suma es un número par entonces
la línea es partida, si es un número impar entonces
es continua. En el libro se busca el hexagrama correspondiente y se
lee la información. El I Ching tiene 64 hexagramas
y cada uno de ellos tiene un dictamen, sentencia o frase y después
un comentario explicativo. Los hexagramas representan los movimientos
del cosmos, su constante cambio. Algunos consideran que parte de los
comentarios fueron escritos por el gran filósofo Confucio.
Es un libro de gran importancia porque refleja las creencias de los
chinos.
Un ejemplo
El
hexagrama número cinco.

Arriba lo
abismal, el agua.
Abajo lo creativo, el cielo.
Su nombre es La espera.
El Dictamen o Sentencia:
La espera.
Si eres veraz, tendrás luz y éxito.
La perseverancia trae ventura.
Es propicio atravesar grandes aguas.
La
espera no es una esperanza vacía. Alberga la certidumbre interior
de alcanzar su meta. Sólo tal certidumbre interior confiere
la luz, que es lo único que conduce al logro y finalmente a
la perseverancia que trae ventura y provee la fuerza necesaria para
cruzar las grandes aguas.
Alguien afronta un peligro y debe superarlo. La debilidad y la impaciencia
no logran nada. Únicamente quien posee fortaleza domina su
destino, pues merced a su seguridad interior es capaz de aguardar.
Esta fortaleza se manifiesta a través de una veracidad implacable.
Únicamente cuando uno es capaz de mirar las cosas de frente
y verlas como son, sin ninguna clase de autoengaño e ilusión,
va desarrollándose a partir de los acontecimientos la claridad
que permite reconocer el camino hacia el éxito. Consecuencia
de esta comprensión ha de ser una decidida actuación
perseverante; pues sólo cuando uno va resueltamente al encuentro
de su destino, podrá dominarlo. Podrá entonces atravesar
las grandes aguas, tomar una decisión y triunfar sobre el peligro.

Actividad
Consulta el I Ching.
Lee las instrucciones para que puedas hacer uso de este antiguo libro
adivinatorio