Un cuento popular chino
La sombra de un árbol
En una aldea vivía un hombre rico. Su casa estaba en la calle principal. En un patio delantero, crecía una gran morera. En verano, este hombre rico acostumbraba tomar fresco a la sombra de un árbol.
Un día, pasó por ahí un pobre. Como hacía tanto calor, se tendió a la sombra a tomar el fresco. El rico al verlo gritó:
-¡Oye! Ahí no se permite tomar el fresco. Levántate de prisa. Vete. Sigue tu camino.
-¿Por qué? Yo quiero tomar el fresco a la sombra de este árbol. Tú no me puedes exigir que me marche.
-Pues bien, debes saber que yo mismo he plantado este árbol. Con mis propias manos lo he regado y gracias a mi esmerado cuidado ha ido creciendo lozanamente. Como podrás ver la sombra de este árbol me pertenece. Es mía. Sólo mía.
-Si es verdad lo que dices, entonces véndeme la sombra de tu árbol. Te puedo pagar el dinero que pidas.
El rico al escuchar la palabra dinero, se puso muy contento.
-Bien, muy bien. Te venderé la sombre de mi árbol. Y en presencia de tres testigos, cerraron el trato.
A partir de entonces, donde se proyectara la sombra del árbol, el pobre se tendía a tomar el fresco. Cuando la sombra caía en el patio, se tendía en el patio. Cuando la sombra se deslizaba a la cocina, se tendía en la cocina. Cuando la sombra se metía en el salón de visitas, se tendía en el salón de visitas. Y así, llegara donde llegase la sombra del árbol, el pobre se tendía a tomar fresco. A veces, cuando el calor era muy fuerte, invitaba a sus amigos a tomar fresco a la sombra del árbol que había comprado. Otras veces, llevaba burros, cerdos, gallinas, patos, en fin, toda clase de animales, a disfrutar el fresco a la sombre del árbol.
Un día, el rico ya no pudo tolerarlo más y muy indignado le dijo:
-No tienes ningún derecho de estar entrando y saliendo de mi cocina, de mi salón de visitas. Aquí se acabó. Yo no te lo permito.
-¿Pero te has olvidado que me vendiste la sombra de tu árbol? – le dijo el pobre-. En donde se proyecte la sombra, ahí tengo derecho a tenderme a tomar el fresco.
Al rico sólo le quedó tragarse su cólera. Un buen día, el rico invitó a unos amigos. Estaban departiendo muy alegres en el salón de visitas, y el pobre entró. No le importó la presencia de los huéspedes, se tendió en el centro del salón a tomar el fresco. Los invitados extrañadísimos, le preguntaron al dueño de la casa qué era lo que pasaba. El rico no tuvo otro remedio que contarles que le había vendido la sombra de su árbol. Sus huéspedes estallaron el carcajadas.
Al rico se le hizo imposible seguir viviendo un día más en su casa y resolvió trasladarse a otra aldea.
Entonces, el pobre se fue a vivir a esa gran casa. En el sitio en el que el pobre ataba su caballo, el pobre amarró a su burro. De ahí en adelante, todos los pobres de la aldea podían tomar el fresco a la sombra de la gran morera.
¿Qué opinas del cuento?