
Jonathan Swift (irlandés 1667-1745) es el autor de Los viajes de Gulliver . Esta obra se burla de los relatos de su época, de cómo los viajeros describen sus experiencias al visitar lugar remotos y culturas distintas. Las narraciones fantásticas de Swift están imbuidas de una profunda crítica social. Lemuel Gulliver, protagonista del texto, realizó cuatro viajes. El primero a Liliput (país de la gente pequeña), el segundo a Brobdingnsg (país de los gigantes), el tercero a Laputa, Glubbdubdrib, Luggnagg y Japón y el cuarto al país de los houyhnhnms.
Después de un terrible naufragio cuando la tripulación se dirigía a las Indias Orientales, Lemuel Gulliver nadó para llegar a la costa y se durmió durante muchas horas a la orilla del mar.

Fragmento del viaje a Liliput
Empecé a oír en torno a mi un ruido confuso, pero en la posición en que estaba no me era posible ver más que el cielo. Enseguida sentí que algo vivo se movía sobre mi pierna izquierda y que avanzaba suavemente pecho arriba, hasta llegar casi a mi mentón. Al girar la vista lo más que pude, vi que se trataba de una criatura humana, de un tamaño no superior a media palma, con un arco y unas flechas en las manos. Más abajo, pude sentir que otros cuarenta hombrecitos más (según supuse) seguían al primero. Mi sorpresa fue mayúscula, y grité tan fuerte que todos ellos se echaron a correr presos del pánico; algunos, según me contaron más adelante, quedaron heridos por golpes que se dieron al saltar desde mi cuerpo al suelo. No obstante, volvieron al poco rato, y uno de ellos, arriesgándose a ver toda mi cara, alzó sus manos y sus ojos en señal de admiración, y dio un grito con voz chillona pero clara: Hekinah Degul . Los demás hombrecitos repitieron esas mismas palabras al unísono, sin yo saber en aquel momento qué significaban. Durante todo ese tiempo permanecí echado en la tierra y, como puede fácilmente imaginar el lector, en la peor postura posible. Al cabo de un rato, en mis esfuerzos por desatarme, hallé el modo de romper las pequeñas cuerdas y desclavar las estaquillas que sujetaban mi brazo izquierdo al suelo; en efecto, acercándomelo a mi cara, descubrí el sistema que habían utilizado para atarme; al mismo tiempo, de un violento tirón que me causó un dolor enorme, rompí parte de las cuerdecillas que mantenían mi cabello atado al suelo del lado izquierdo, de suerte que pude volver la cabeza como unos pocos centímetros. Pero en ese preciso instante aquellas criaturas echaron a correr de nuevo antes de que pudiera atraparlas. Entonces se oyó un fuerte alarido ensordecedor y una vez que cesó pude oír como uno de ellos gritaba asustado: Tolgo Phonac . En un instante sentí cómo se clavaban sobre mi mano izquierda unas cien flechas y otras tantas agujas. Además efectuaron otra descarga de disparos al aire, del mismo modo que hacemos nosotros con las bombas en Europa, de los que en gran parte cayeron sobre mi, digo que creo porque no los sentí, y otros sobre mi cara, la que inmediatamente protegí con mi mano izquierda. Cuando cesó la lluvia de flechas, más dura que la primera, mientras algunos de ellos trataban de pincharme con sus diminutas espadas en los costados, pero no lograron herirme. Pensé que lo más prudente era permanecer echado en el suelo, con la intención de permanecer así hasta la noche, momento en que, al estar libre mi mano izquierda, podría soltarme más fácilmente. Y por lo que respecta a los nativos, tenía razones para pensar que yo podría ser un buen contrincante contra el mayor de sus ejércitos, si todos eran de la misma talla del que había visto. Pero la fortuna tenía para mi un destino muy diferente. Cuando ellos vieron que yo me calmaba, dejaron de lanzarme flechas, pero al aumentar el barullo de voces, supe que el número de personitas crecía sin parar. A unos metros de mi, justo frente a mi oreja derecha, oí durante un buen rato unos golpes como de gente que trabajaba; al girar la cabeza de ese lado, alcancé a ver una plataforma que se alzaba a una altura de medio metro más o menos del suelo, con capacidad suficiente para dar cabida a cuatro nativos, y con dos o tres escaleras para subir a ella; desde ahí uno de ellos, con aspecto de ser una persona de prestigio, me lanzó un discurso del que no pude entender ni una sola palabra. Enseguida, unos cincuenta nativos se me acercaron y cortaron las pequeñas cuerdas que me sujetaban la parte izquierda de la cabeza, lo que hizo posible que pudiese volver hacia la derecha y observar la figura y los gestos del hombrecito que iba a hablar. Como buen orador desarrolló todas las partes del discurso, a lo largo del cual pude advertir ciertos ademanes de amenaza y otros de promesas, piedad y bondad. Contesté de forma escueta, aunque con los más sumisos modales, alzando la mano izquierda y la mirada fija al sol, como si lo invocara por testigo. Y estando medio fallecido de hambre por no haber probado bocado desde varias horas antes de abandonar mi barco, me llevé en repetidas ocasiones el dedo a la boca para que entendieran que quería comer. Más tarde adosaron unas escaleras a mis lados, por las que subieron una tropa de nativos que se encaminaron a mi boca cargados con canastas llenas de carne, que habían sido suministradas y enviadas ahí por orden del rey tan pronto recibió noticias del gigantesco forastero. Me alimentaban como podía entre muestras de asombro y admiración ante mi complexión y apetito. Debo reconocer que, mientras iban y venían por encima de mi, tuve la tentación repetidas veces de pillar a unos cuantos que se pusieran a tiro y lanzarlos contra el suelo. Pero el recuerdo de lo ya pasado, que con toda seguridad no se trataba de lo peor que podían hacer, y el pacto de honor que con ellos había convenido me hicieron olvidar dichas cavilaciones.

¿ Los Viajes de Gulliver te recuerdan algún otro texto que hayas leído?
¿Cuáles la actitud de Gulliver frente a los liliputienses?
¿Crees que este texto escrito en el siglo 18 refleje la forma de pensar que los europeos en esa época?