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Henri Lebrún es un escritor francés que en el siglo XIX hizo compilaciones de relatos de viajes para jóvenes. Entre sus obras se encuentra la Historia de la conquista del Perú y de Pizarro. En este episodio Lebrún nos cuenta cómo el conquistador Pizarro hizo prisionero Atahualpa, último soberano inca.

1.- Entretanto Atahualpa hallábase acampado en Cajamarca, ciudad situada a unas doce jornadas de marcha de San Miguel. Aunque sabía que el ejército enemigo era muy numeroso, Pizarro avanzó. Poco había andado aún, cuando se presentó a él un enviado del inca con un rico presente de parte de este príncipe, convidándole con su amistad e invitándole a pasar a Cajamarca. Pizarro recibió al enviado con la mayor benevolencia; diose él mismo por embajador de un príncipe poderoso, y declaró que iba con la intención de ofrecer a Atahualpa su auxilio contra los facciosos que le disputaban la corona.


2.-
Esta declaración logró disipar los recelos y temores de los peruanos, los cuales, como los demás pueblos de la América, habían concebido las más vivas inquietudes desde la primera aparición de los extranjeros. ¿Debían considerarlos como seres celestiales o como formidables enemigos? Finalmente permitieron a los extranjeros que marchasen hacia Cajamarca.

3.- Pizarro entró tranquilamente en Cajamarca el 25 de noviembre de 1532. Inmediatamente tomó posesión de un gran patio que fortificó y sabiendo que Atahualpa celebraba una gran fiesta en su campamento a una legua de la ciudad, mandó allí a su hermano Fernando y Fernando de Soto. Llevaban el encargo de confirmar las seguridades dadas por Pizarro acerca de sus intenciones pacíficas y pedir para su jefe una entrevista con el inca, a fin de explicarle las intenciones que habían movido a los españoles a venir a su país.


4.-
Engañado Atahualpa, recibió a los enviados con respeto y amistad, y les hizo comprender que iría él mismo al día siguiente a visitar al caudillo extranjero. El porte noble del monarca, el orden que reinaba en su corte, el respeto con que se acercaban sus súbditos a su persona y ejecutaban sus órdenes, admiraron a los españoles. Mas sus codiciosas miradas fijáronse principalmente en las inmensas riquezas con profusión amontonadas en el campo. Los adornos que llevaban sobre sus personas el inca y los nobles de su séquito, los vasos de oro y plata en que fue servida la comida, la multitud de utensilios de todas clases fabricados con aquellos preciosos metales les ofrecieron un espectáculo que excedía a todas las ideas de riqueza que había podido crearse su imaginación.

5.- Al día siguiente, 16 de noviembre, Atahualpa partió de su campamento para ir a visitar a Pizarro. El padre Valverde se adelantó llevando un crucifijo en una mano y la Biblia en la otra. Llegado cerca del inca, le dijo por medio de su intérprete: “Yo soy un sacerdote de Dios; yo enseño a los cristianos las cosas del Señor, y vengo a enseñároslas a vosotros”.
 
6.- Pizarro, que durante esta conferencia había tenido no poco que hacer para contener a sus soldados, impacientes por lanzarse sobre las riquezas que tenían a la vista, dio la señal del combate. Dejáronse oír al instante los instrumentos guerreros de los españoles, vomitaron fuego los mosquetes y los cañones, embistieron los caballos, y la infantería cayó espada en mano sobre los peruanos. Pizarro a la cabeza de su tropa escogida, lanzose en derechura sobre el inca, y si bien los grandes de su acompañamiento, apiñándose en torno del monarca, le hacían un escudo con sus cuerpos, sacrificándose en su defensa, Pizarro llevó a Atahualpa a su tienda.
 
7.- La prisión del monarca aceleró la derrota de sus tropas. Los españoles las persiguieron por todas partes, y continuaron degollando a sangre fría a los fugitivos que no oponían la menor resistencia. La noche puso fin a la matanza en la que perecieron miles de peruanos.

Para saber más sobre

Pizarro

Atahualpa

 
     
 
..- Caballos y capillas -.. Sesión 2