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La palabra cihuateteo “mujer divina” o cihuapipiltin “mujer noble” designaba a las mujeres que morían al dar a luz. Éstas mujeres eran equiparadas a los guerreros, se volvían diosas y acompañaban al Sol en su recorrido diario. Esta escultura mexica representa a una cihuateteo. Los españoles, en especial los frailes, cuentan cómo era la cultura con la que ellos se encontraron al arribar a nuestro país durante la fase de la conquista y en los años posteriores. Escuchemos que dice Fray Bernardino de Sahagún sobre las cihuateteo o cihuapipiltin:


Capítulo X Que trata de unas diosas que llamaban Cihuapipiltin















Estas diosas que llamaban Cihuapipiltin eran las mujeres que morían en el primer parto, a las cuales consideraban diosas. Se hacían ceremonias cuando morían y se canonizaban como diosas. Estas diosas andan juntas por el aire, y aparecen cuando quieren a los que viven en la tierra, y a los niños los molestan con enfermedades, como es dando enfermedad de perlesía (parálisis), y entrando en los cuerpos humanos. Y decían que andaban en las encrucijadas de los caminos, haciendo estos daños, y por eso los padres y las madres prohibían a sus hijos e hijas que en ciertos días del año, en que descendían estas diosas, que saliesen fuera de la casa, porque no topasen con ellos estas diosas, y no les hiciesen algún daño; y cuando a alguno le entraba la perlesía (parálisis), u otra enfermedad repentina, o entraba en él algún demonio, decían que estas diosas lo habían hecho. Y por esto les hacían fiesta y en esta fiesta ofrecían en su templo, o en las encrucijadas de caminos, pan hecho de diversas figuras. Unos, como mariposas, otros de figura del rayo que cae del cielo, que llaman xonecuilli , y también unos tamalejos que se llaman xucuichtlamatzoalli , y maíz tostado que llaman ízquitl . La imagen de estas diosas es la cara blanquecina, como si estuviese teñida con un color muy blanco, lo mismo los brazos y piernas, tenían unas orejeras de oro, los cabellos tocados como señoras con cuernos, el huipil pintado de unas olas de negro, las naguas tenían labrados diversos colores.

Cuando moría una mujer durante su primer parto le recitaba la partera a la Cihuateteo:













¡Oh mujer fuerte y belicosa, mía muy amada! Valiente mujer, hermosa y tierna palomita, señora mía, te has esforzado y has trabajado valiente, has vencido y has hecho como nuestra madre Cihuacóatl o Quilaztli, has peleado valientemente, has usado la rodela y la espada como valiente y esforzada, la cual te puso nuestra madre la señora Cihuacóatl...

Moriste muerte muy honrosa y provechosa. ¿Quién recibe tan gran merced? ¿Quién recibe tan dichosa victoria como tú? Has ganado con tu muerte vida eterna, gozosa y deleitosa con las diosas celestiales llamada Cihuapipiltin. Vete ahora, hija mía muy amada, se una de ellas; vete hija para que te reciban y estés con ellas para siempre y para que regocijen sus voces y alegren a nuestro padre y madre el Sol y acompáñale siempre a donde quiera recrear.



Tomado de Sahagún, Fray Bernardino de
Historia General de las Cosas de la Nueva España , México, Porrúa, Sepan Cuantos no. 300, 1956.

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