- ¡Te fijaste en la falda de Mariana!

- Sí, está bien chida.

- Siempre se viste muy bien.

- ¡Claro, sus papás le dan dinero suficiente para comprarse lo que quiera!

Era viernes por la tarde, sentadas en la banca del parque Sofía y Ana comentaban sobre lo que había sucedido durante el convivio en casa de Alejandra.

- Viste qué mal baila Alberto.

- Sí, parece un bulto.

- Alguien le debería decir que esos movimientos ya no se hacen.

- Por supuesto, y ¿quién va a ser el valiente que le diga?

- Ay, pues no sé, pero alguien debería decírselo para que no haga el ridículo.

Pareciera que ningún detalle pasó inadvertido para ellas, y claro, estuvieron toda la tarde sentadas en un rincón criticando a los demás.

- ¿Y qué tal Rosario con su disco?

- No inventes qué pena ajena.

- Se voló la barda diciendo que seguro a todos nos iba a gustar esa música.

- Qué estación de radio escuchará…. “la charrita del cuadrante”

- Pues yo creo que sí, porque a ese grupo ya nadie lo oye.





Sofía y Ana son de esa clase de adolescentes que todos consideran que están “en onda”, se visten como las chavas de la televisión, usan ropa y zapatos de marca, se saben todas las canciones de moda, y por eso, son dignas de “admiración” y “envidia”.

En su grupo, como en la vida, hay de todo: los que se ocupan de estar al día en cuanto a la ropa; los que no les importa; los que aunque quisieran se tienen que conformar con ponerse lo que tienen. Sin embargo, de alguna extraña manera, unas veces clara y otras oculta, parece que a todos les importa mucho cómo los ven los demás.

En su salón también va Adriana, pero no su amiga, acaso porque ella no puede comprarse un pantalón de marca, o quizá —porque por más que se ha esforzado— no ha podido tener el escultural y delgado cuerpo que ellas consideran correcto.

Tampoco Elisa es su amiga, pero esta es una historia diferente, porque ella está dispuesta a todo, con tal de ser de su “grupito”. A Elisa le importa mucho la moda, todo el tiempo piensa en ello, hojea revistas y mira cuidadosamente cómo visten las artistas, mira televisión por las tardes y pone atención en la manera en que habla la gente “de moda”, y no sólo eso, también practica frente al espejo porque quiere sonar natural, que no se note que está copiando.

Pronto será la kermess de la escuela, es un evento importantísimo, porque ese día se puede convivir con los compañeros de manera relajada, porque es la ocasión perfecta para juzgar a los demás, porque con el uniforme no se puede notar claramente qué clase de compañeros se tienen. Ese día hay que ponerse sus mejores ropas, y preparar sus mejores pasos de baile.

Elisa ha estado muy ocupada preparando su atuendo para el día de la kermess, ahorró durante meses para comprar un pantalón azul, de esos que se usan a la cadera, una playera con estampado de brillitos que dice “Bebe”, y claro también ha estado practicando el baile y el peinado.

Y llega el día, Elisa está preparada para conquistar a sus compañeras, entra a la improvisada pista de baile, y Sofía y Ana bailan en el centro, una lleva falda azul y blusa descubierta de los hombros; la otra, pantalón negro a la cadera y playera verde con una famosa marca estampada en el frente. Cuando terminan de bailar, Elisa se acerca con una gran sonrisa.

¡Hola!

Muy sorprendidas Sofía y Ana la miran y la revisan de pies a cabeza, pero no responden al saludo, se vuelven y hablan entre ellas.

- Y a “esta”, ¿qué le pasa?

- No sé, a lo mejor quiere hacer amigas.

- Pues que vaya a hacerlas en otro lado.

- No ves que dizque se vistió como nosotras.

- Ay, no inventes, yo no me visto así de mal, ¿tu si?

- Claro que no, yo sí tengo buen gusto.

   
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