| Este reloj de bolsillo fue fabricado en la década de 1760 por la casa relojera Higgs y Evans de Londres. Pese a la época de su construcción, el reloj Higgs y Evans es una máquina de precisión: no se adelanta ni se atrasa más de un minuto por semana, precisión suficiente para la vida cotidiana. Con este reloj, un caballero inglés del siglo XVIII podía llegar puntual a todos sus compromisos.
Para llegar puntual no basta un reloj. También hay que estar seguros de que el tiempo corre igual para todo el mundo. Si en casa de la condesa el tiempo trasncurre más lentamente que para el caballero inglés, ya no podrán sincronizar sus relojes y el caballero no llegará a tiempo, llegará antes de la hora. Si en cambio la condesa ve pasar el tiempo más rápidamente, el caballero siempre llegará tarde a la casa de ésta.
Por suerte, el tiempo corre al mismo ritmo –un segundo por segundo—sin importar quién lo mida ni desde dónde lo mida. Una hora es una hora aquí, en China, a bordo de un tren en movimiento y de un avión en vuelo. Eso, en pocas palabras, es lo que había dejado establecido Sir Isaac Newton en 1687, cuando afirmó que el tiempo y el espacio son absolutos. Si el tiempo no fuera absoluto nuestros relojes no serían muy útiles. Este bonito reloj, tan amorosamente construido, encarna la idea newtoniana del tiempo duro, que no se puede alterar. |