Ya es tradición que los personajes que se usan para ilustrar la teletransportación cuántica se llamen Alice y Bob. Aquí los llamaremos Alicia y Beto.
Alicia tiene una partícula M (de “mensaje”) en un estado cuántico cualquiera. Para teletransportar M a casa de Beto, Alicia podría simplemente determinar el estado de la partícula y comunicárselo a Beto por teléfono, pero, como vimos, en cuanto Alicia trata de medir el estado de M , éste cambia y Alicia se queda sin la infromación que quería.
Hay otra manera de hacerlo. Según el esquema de Bennett y sus colaboradores, para teletransportar M lo primero que tienen que hacer Alicia y Beto es producir un par de partículas enredadas A y B, que servirán de intermediarias. Cada quien se lleva una partícula a su casa teniendo cuidado de no destruir la fragilísima coherencia (lo cual es muy difícil en la práctica). Una vez allí, Alicia toma sus dos partículas, M y A, y las enreda cuánticamente. Como A también está enredada con B , si se hacen mediciones se encontrará que:
M y A tienen estados contrarios y
A y B tienen estados contrarios
lo cual sólo es posible si B se encuentra en el mismo estado que M.
Hay cuatro maneras distintas de enredar las partículas M y A , cada una con 25 % de probabilidad de producirse, pero Alicia no puede controlar en cuál de estos estados quedarán sus partículas (otra característica de la mecánica cuántica). Luego de la operación, Alicia tiene que informarle a Beto cuál de los cuatro estados enredados posibles obtuvo, y para eso tendrá que usar algún medio de comunicación tradicional. La teletransportación cuántica no es instantánea porque Alicia tiene que enviar información clásica a Beto. Con esta información, Beto aplica a su partícula B el tratamiento adecuado para que adquiera el mismo estado que M . La partícula que otrora fuera B se ha convertido en una réplica exacta de M. La partícula que otrora fuera M pierde su estado original al enredarse con A , de modo que el proceso equivale a una teletransportación y no a una duplicación.
Esta manera de transmitir información tiene características bastante insólitas. Para empezar, ni Beto ni Alicia tienen que saber en qué estado se encontraba M. La distancia que media entre Alicia y Beto no importa (se ha probado experimentalmente que los estados enredados se conservan por lo menos hasta distancias de 10 kilómetros , pero teóricamente se conservan aunque la distancia fuera de miles de millones de años luz). Es más, Alicia ni siquiera tiene que saber dónde se encuentra Beto. El efecto EPR se encarga de llevar la información a su destino.

El fallo del jurado
Sí, muy bien, pero ¿funciona? Las revistas especializadas ya están plagadas de informes de experimentos de teletransportación. La primera realización experimental de proceso ideado por Bennett y sus colaboradores la llevó a cabo un equipo internacional de físicos en la Universidad de Innsbruck, Austria, quienes consiguieron imprimirle el estado de polarización de un fotón (partícula de luz) a otro. Luego, en mayo de este año, el equipo de la Universidad Nacional Australiana teletransportó el rayo láser. En otro frente los físicos están tratando de enredar cuánticamente sistemas de partículas cada vez más numerosos y hacer durar la delicada coherencia lo más posible (el récord son unos cuantos microsegundos).
En resumen, al parecer la teletransportación sí funciona, pero, no está cercano el día en que podamos librarnos del coche, el metro y la combi. Teletransportar personas no está prohibido, pero “sería tan difícil que nadie está pensando seriamente en ponerlo en práctica”, según dice Ping Koy Lam, director del proyecto australiano. Con todo, la teletransportación cuántica tendrá aplicaciones interesantes, por ejemplo, en computación cuántica, disciplina nueva que busca usar las extrañas propiedades de los sistemas cuánticos para construir computadoras inimaginablemente rápidas y potentes.