Antes
del siglo XVII todo el mundo creía que para mantener un objeto
en movimiento a velocidad constante hacía falta una fuerza constante.
¿Tú qué opinas? ¿Qué pasa cuando
dejas de empujar un carrito de juguete, por ejemplo? Se para, ¿no?
La experiencia cotidiana, al parecer, confirma la creencia.
A
principios del siglo XVII Galileo Galilei se puso a hacer experimentos
con pelotas y planos inclinados. Soltó una pelota por un plano
inclinado desde cierta altura. La pelota bajó y luego subió
por otro plano inclinado. Usando bolas y planos muy lisos Galileo observó
que las pelotas subían casi hasta el mismo nivel del que habían
partido.
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La
pelota no llega exactamente al mismo nivel. ¿Por qué?
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Casi, pero no exactamente. ¿Por qué? Galileo se dijo que
el intervalo que les faltaba para llegar hasta el mismo nivel se debía
a que algo perdía la pelota en su camino debido a la fricción.
Pero si pudiera eliminarse la fricción completamente, ¿qué
pasaría? Galileo pensaba que sin fricción las pelotas
llegarían exactamente hasta la misma altura de que partieron.
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Si no hubiera fricción las pelotas llegarían exactamente
hasta el mismo nivel. ¿Estás de acuerdo?
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Entonces a Galileo se le ocurrió la siguiente variación
sobre su experimento: hacer bajar gradualmente el plano inclinado por
el que sube la pelota después de bajar por el plano inclinado
inicial y lanzar pelotas a cada paso. ¿Hasta dónde sube
la pelota cuando el segundo plano inclinado está menos inclinado
que el primero?
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Si
el segundo plano inclinado está menos inclinado que el primero,
la pelota recorre una distancia mayor en ese plano para llegar hasta
el mismo nivel
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Luego Galileo se preguntó: ¿y si el segundo plano no está
inclinado en absoluto? ¿Hasta dónde llega la pelota?
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¿Hasta
dónde llega la pelota si el segundo plano no está inclinado?
¿Tratará de llegar hasta el mismo nivel? ¿Qué
distancia recorrerá?
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Galileo concluyó que, cuando se elimina la fuerza de fricción
que hace perder impulso, los objetos en movimiento siguen en movimiento
sin necesidad de fuerza.
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